domingo, 24 de agosto de 2008

Otro reto para la seguridad pública

Luis-Fernando Valdés

La situación de la tranquilidad pública de nuestro País lleva largo tiempo desbordada. Se cuentan por centenares los ejecutados, lo secuestrados, los extorsionados, en lo que va de este año. Ya no es una gota la que derrama el vaso, sino un oleaje el que rompe más el muro de contención. Tuvo que ser la muerte del joven Fernando Martí el detonador para que nuestros gobernantes aceptaran que la inseguridad de los ciudadanos es alarmante. Y tuvo que ser un ciudadano –Alejandro Martí– el que pusiera un gran desafío a los políticos: si no pueden hacer nada, mejor renuncien. Pero superar la ineficacia policial no el único reto: queda uno mayor.
Lamentamos mucho la desventura que sufre cada víctima de la violencia, no hay víctimas de segunda categoría. Pero fue necesario –qué duro es decirlo– que el agredido fuera un joven de buena posición, para que la voz de todas los plagiados fuera escuchada por las autoridades. Y sólo así se reunieron el pasado jueves los Tres Poderes de la Unión y los Gobernadores de todas las entidades federativas y del Distrito Federal. En su intervención, con la voz entrecortada, Martí les planteó una demanda: “Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de Gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que eso también es corrupción”. Huelga decir que, rápidamente, todos los políticos aceptaron el desafío.
Pero la clave de la solución no se puede limitar a tomar medidas respecto a los plazos y a los responsables. No se requiere ser profeta para anunciar que difícilmente esto va funcionar, si las resoluciones se quedan sólo en niveles meramente operativos. Para vencer la corrupción no basta con despedir a los agentes que hagan mal uso de su cargo, como no basta extirpar un tumor para curar un cáncer agresivo
Hace falta algo más para vencer la corrupción y la impunidad. Se requieren valores y virtudes. Que no son palabras de uso exclusivo de la religión. Ya Platón y Aristóteles explicaban que, para el recto desarrollo de la polis, era necesario contar con gobernantes sabios y virtuosos. Y el planteamiento es verdadero: sólo una persona con valores y virtudes podrá ser justa, sólo ella podrá encarnar en su vida el ideal de la justicia.
Necesitamos que cada mexicano crea en la justicia y la viva. Sólo un ciudadano con verdaderos y sólidos valores será capaz de resistir la seducción del poder o de la riqueza. Lanzo este reto: una persona sin valores ni virtudes, ¿será capaz de dar su vida para exigir que se cumpla la Ley? Lo dudo, pues se requiere tener y amar un ideal que sea más grande que la propia vida para poder sacrificar la propia existencia, antes que ceder a la corrupción. Por eso, el martirio siempre va ligado a los valores: la Fe, la Patria, la Familia.
Pero para tener estos ideales, se requiere algo más que una orden del jefe policiaco o del gobernante en turno. Hace falta una nueva educación, que fomente y enseñe a vivir los valores. Pero si nuestra educación actual fomenta el relativismo, en el que cada uno tiene su verdad; si se hace burla de la fe religiosa; si a nombre de la tolerancia se sacrifica la verdad; si no se pierden el miedo a reconocer que hay acciones moralmente equivocadas y malas (lo que antes llamábamos pecado), entonces ¿de dónde van a salir los valores que queremos que las Autoridades defiendan? ¿en dónde conseguiremos policías que sacrifiquen su vida antes de corromperse?
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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