domingo, 3 de agosto de 2008

Mons. Mario De Gasperín

Luis-Fernando Valdés

El próximo 4 de agosto, el Obispo de Querétaro cumplirá 25 años de ordenación episcopal. Desde hace un año los fieles de la Diócesis han estado preparando este Jubileo. Y el próximo viernes 8 habrá un festejo solemne en el Estadio Corregidora. ¿Cuáles son la importancia y el significado este evento para nuestra Ciudad?
Celebrar las Bodas de plata episcopales de Mons. De Gasperín tiene gran relevancia, no sólo porque ocupa un cargo importante en la Iglesia, o porque su figura ejerce mucha influencia tanto entre los creyentes como en las personas de buena voluntad. Además de la innegable trascendencia social de este evento, estos festejosnos recuerdan sobre todo el significado espiritual del episcopado en la Iglesia.
Es muy significativo el caso del Obispo queretano, porque pertenece a la nueva generación de jerarcas católicos, cuya función pastoral fue delineada por el reciente Concilio Vaticano II. Este Concilio trató a profundidad el papel de la Iglesia en el mundo contemporáneo, y puso especial atención en la figura de los obispos en el documento “Christus Dominus” (1965), que resalta la función espiritual y humana de los sucesores de los Apóstoles.
A don Mario de Gasperín le tocó recibir el Episcopado por encargo de Juan Pablo II, en un momento histórico en que la Iglesia tenía que aplicar con fidelidad la doctrina del Vaticano II, en medio de situaciones de cierta confusión. El Concilio enseña que “los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las Iglesias particulares que se les han confiado, no sólo con sus proyectos, con sus consejos y con ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada” (Lumen Gentium, 27). Y así lo ha hecho el Obispo de esta Diócesis.
La trayectoria de Mons. De Gasperín ha estado marcada por un esfuerzo grande de poner en práctica las grandes líneas pastorales de la Iglesia Universal. Fruto de esos intentos es el Plan Pastoral de la Diócesis, que tiene como grandes prioridades la Familia y la Espiritualidad de Comunión, que tiende a reforzar la unidad de toda la Iglesia queretana.
Es importante destacar que el Obispo de Querétaro ha tenido la valentía de hablar con claridad a los fieles sobre sus responsabilidades sociales. Es digna de mención su instrucción pastoral sobre la responsabilidad de los católicos para votar en conciencia, conforme a sus creencias. Fue un documento importante, en el que sin tomar ninguna postura partidista, ni intervenir en política, sí habló de la obligación moral de emitir el voto.
El papel de los obispos siempre es sobrenatural, porque “puestos por el Espíritu Santo, ocupan el lugar de los Apóstoles como pastores de las almas, y juntamente con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, son enviados a actualizar perennemente la obra de Cristo, Pastor eterno” (Chistus Dominus, 2b). La presencia del Obispo siempre es una señal de que Cristo está presente en esa Diócesis. Y, por eso, es motivo de esperanza para los creyentes. Resulta lógico que los fieles deseen festejar por todo lo alto este aniversario tan especial. La magnitud de esta celebración no es una manifestación de poder terreno ni de mera influencia humana. Es un signo de que los ciudadanos tienen fe, y que saben reconocer en su Obispo la presencia de Dios, que los guía, los santifica y los instruye mediante el oficio episcopal.
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Nuestra felicitación a Mons. De Gasperín, por su vigésimo quinto aniversario de Ordenación episcopal, y nuestro agradecimiento por su estima y su confianza.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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