lunes, 16 de junio de 2008

Embriones híbridos: ¿salvarán niños?

Luis-Fernando Valdés

Los griegos clásicos explicaban aspectos de la personalidad humana mediante los personajes híbridos, como los centauros, que eran seres salvajes mitad hombre y mitad caballo, que servían para describir a los hombres sin leyes ni hospitalidad. Pero ahora, el Parlamento inglés pretende ir más allá de la metáfora, pues recientemente aprobó la generación de “embriones híbridos”, producidos mediante la introducción de ADN humano en óvulos de animales. Técnicamente es posible conseguirlo, pero ¿es éticamente correcto llevarlo a cabo?
Los diputados británicos aprobaron, el pasado 22 de mayo, la utilización de embriones híbridos, para extraer de ellos células madre embrionarias que permitan avanzar en el estudio de enfermedades como el Alzheimer. Se trata de una ley sin precedentes, a la que se une la aprobación para obtener los llamados “hermanos salvadores”, niños concebidos para que su material genético pueda curar a un hermano enfermo. Según esta nueva ley, los embriones híbridos están reservados para fines exclusivamente científicos y han de ser destruidos como mucho al cabo de 14 días de desarrollo y su implantación en el útero de una mujer está prohibido.
Aunque la finalidad perseguida es buena (solucionar enfermedades incurable y salvar niños), los medios para conseguirla no son lícitos. Y, a pesar de que claramente queda establecido de que esos embriones no pasarán de las primeras fases de desarrollo, de modo que no habría riesgo de que se llegaran a ver fetos deformes, esa medida no termina de hacer justicia al engendrado.
La excusa ética que se maneja para justificar esta técnica es la de ahorrar la utilización de ovocitos humanos. Para entenderlo mejor, recordemos que un “ovocito” es una célula germinal femenina que está en proceso de convertirse en un óvulo maduro, listo para ser fecundado. Además, el ovocito es rico en citoplasma, que contiene gránulos de yema para nutrir a la célula en el comienzo de su desarrollo. La técnica aprobada en Inglaterra propone transferir el núcleo procedente de una célula humana al citoplasma de un ovocito de una especie de mamífero. En otras palabras se transfiere el material genético humano a una célula animal, que sirva como ambiente de cultivo nutritivo. Al producto de esta transferencia se le llama “embrión somático aloplásmico”, es decir, un embrión criado en un plasma diferente al de su especie. Con esto se buscaría emplear óvulos animales, en vez de óvulos humanos.
El especialista español Juan Ramón Lacadena, sostiene que –desde el ángulo de la ciencia– esta técnica no es ética, porque el resultado de las investigaciones será poco sólido desde el inicio. Como el embrión obtenido no es un embrión humano normal, dado que ha sido generado en una situación diversa al resto de los humanos, los resultados que él se obtengan no son aplicables sin más a los humanos. Además, hay una interacción entre el material genético (el núcleo de la célula) y el citoplasma donde se nutre, de modo que el caso de las células híbridas se pueden producir efectos impredecibles (www.bioeticaweb.com).
Además, podemos añadir otro motivo para no aceptar la obtención de embriones híbridos: la dignidad de la persona. Es una agresión contra la dignidad humana que alguien pueda decidir sobre la constitución genética de otro, y además pueda establecer cuántos días ha de vivir. ¿Acaso ya olvidamos que ése fue el crimen contra la humanidad que los investigadores nazis cometieron durante la Segunda Guerra Mundial?
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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