domingo, 17 de febrero de 2008

SIDA, “enfermedad gay”

Luis-Fernando Valdés

“El VIH es una enfermedad homosexual”. Palabras duras, quizá políticamente incorrectas. Si las hubiera dicho un eclesiástico, hubieran dado la vuelta al mundo, anunciado que ha vuelto la Inquisición. Pero fue Matt Foreman, director de una influyente asociación gay de Estados Unidos, el que las pronunció, el pasado viernes 15 de febrero, en Detroit (EUA), ante un numeroso grupo de simpatizantes. Y la noticia pasó muy desapercibida, aunque se trata de una verdadera revolución, pues nunca antes el movimiento gay lo había reconocido. ¿Acaso esta declaración implicará que las organizaciones homosexuales deban reconocer que existe un aspecto ético en la sexualidad?
Foreman, el director ejecutivo saliente de la “National Gay and Lesbian Task Force” (NGLTF), quizá la organización de presión homosexual más influyente y aguerrida de Estados Unidos, reconoció que “siendo homosexual o bisexual el 70 por ciento de las personas en este país que viven con el VIH, no podemos negar que el VIH es una enfermedad homosexual. Tenemos que aceptar y darle la cara a este hecho” (www.cnsnews.com).
Se trata de un verdadero cambio de paradigma en la política de las organizaciones gays del país vecino. Durante décadas, estas asociaciones reaccionaron duramente contra quien se atrevía a afirmar que los homosexuales eran los más afectados por el SIDA. Gary Glenn, presidente de la “American Family Association of Michigan”, comentó que las palabras de Foreman son una cambio dramático en la estrategia y en la retórica usada durante años por la ortodoxia del movimiento por los “derechos” homosexuales.
Al comentar las alarmantes estadísticas del Gobierno norteamericano sobre esta enfermedad, Foreman reconoció que “cuando se publican estos números, la comunidad homosexual establecida parece encogerse de hombros colectivamente, como si éste no fuera nuestro problema”. Es una manera de reconocer que el comportamiento homosexual es causa de este incremento en el número de personas infectadas. Es una muestra más del cambio de rumbo del movimiento gay, pues en 2003 algunas organizaciones homosexuales había criticado a Jerry Thacker, Presidente del Consejo de VIH/SIDA de la Administración de George W. Bush, por haber afirmado que el SIDA “es una enfermedad del comportamiento”. Con bastante razón Matt Barber, directivo del “Concerned Women for America”, al conocer las declaraciones de Foreman, comentó que quién sabe que cuántas vidas se habrían podido salvar si los activistas homosexuales hubieran sido honestos para advertir sobre los peligros de la forma de vida que promueven.
Aunque los factores para adquirir el VIH son variados y no todos están vinculados directamente a la conducta sexual, es verdad que la mayoría han sido infectados por el ejercicio de prácticas homosexuales o bisexuales. De este modo, queda vinculada la conducta personal con un problema de salud pública. Por esta razón, ya no tiene sentido decir que es indiferente promover o no ciertos comportamientos respecto al ejercicio de la sexualidad. Queda en entredicho la política de promover el uso del condón como solución al problema.
Me parece muy loable por parte del Sr. Foreman, que haya dejado de lado los motivos ideológicos y haya aceptado que hay un problema de conducta en el incremento de los enfermos de SIDA. Por fin, se empieza a abrir la puerta para discutir la conducta sexual como un problema ético, cuya solución será un replanteamiento ético de la sexualidad. Castidad o sexo libre, ya no son una mera opción: vuelven a ser una cuestión moral.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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