domingo, 17 de junio de 2007

Siembras de corrupción, cosechas de violencia

Luis-Fernando Valdés

Hace unos días leí un artículo sobre el narcotráfico, que explicaba el crecimiento de la ola de violencia en nuestro País, con una frase muy gráfica: “el narco salió del closet”. Llevaba bastante tiempo existiendo, pero hasta ahora no se había exhibido públicamente. Creció en la penumbra, se fortaleció en la oscuridad. ¿Qué lo alimentó? ¿Cómo se consolidó? La respuesta es compleja, pero un factor determinante es la corrupción. Este domingo les presentó una reflexión sobre este destructivo fenómeno social.
La corrupción siempre ha existido, sin embargo es sólo desde hace pocos años que se ha tomado conciencia de ella a nivel internacional. Se trata de un cambio reciente, originado por la caída del bloque comunista en 1989 y por la globalización de las informaciones. Ambos procesos han contribuido a poner más en evidencia la corrupción y a tomar una conciencia adecuada del fenómeno.
La corrupción priva a los países de la legalidad: respeto de las reglas, funcionamiento correcto de las instituciones económicas y políticas, transparencia. La legalidad es una de las claves para el desarrollo, porque permite establecer relaciones correctas entre sociedad, economía y política, y predispone el marco de confianza en el que se inscribe la actividad económica. Por eso, se debe promoverla adecuadamente por parte de todos. La práctica y la cultura de la corrupción deben ser sustituidas por la práctica y la cultura de la legalidad.
Los comportamientos corruptos pueden ser comprendidos adecuadamente sólo si son vistos como resultado de los atentados contra la naturaleza social del hombre. Si la familia no es capaz de cumplir con su tarea educativa, si leyes contrarias al auténtico bien del hombre —como aquellas contra la vida— deseducan a los ciudadanos sobre el bien, si la justicia procede con lentitud excesiva, si la moralidad se debilita por la trasgresión tolerada, si se degradan las condiciones de vida, si la escuela no forja en virtudes, no es posible garantizar la condición social del ser humano, y entonces se abona el terreno para que el fenómeno de la corrupción eche sus raíces. La corrupción implica un conjunto de relaciones de complicidad, oscurecimiento de las conciencias, extorsiones y amenazas, pactos no escritos y connivencias que destruyen a las personas y a su conciencia moral.
El combate al narcotráfico se debe llevar a cabo en varios niveles. El Ejército mexicano, las diversas corporaciones policiacas, los gobernantes y legisladores tienen un papel directo. Pero el resto de los ciudadanos también tenemos parte en esta lucha. Nos toca atacar una de las principales causas de este fenómeno, que es la corrupción. Si erradicamos la corrupción, frenaremos la violencia.
Nuestras armas son la educación y la formación moral de los ciudadanos, que se concreta en fomentar la veracidad y educar en la honestidad. No es tan difícil, pues se trata de formar a los estudiantes para que sean honrados en sus exámenes y tareas; de enseñar a los padres de familia que el éxito económico para sostener a los suyos no justifica emplear medios ilícitos; de que los comerciantes y prestadores de servicio ofrezcan sólo lo que en verdad van a dar. Y todos, en cuanto consumidores, debemos recordar que lo barato (los artículos piratas) sale muy caro: es una siembra de corrupción, cuyos efectos nosotros mismo no podremos detener. Les aseguro que estas pequeñas acciones son el comienzo de grandes soluciones.

Correo: lfvaldes@prodigy.net.mx
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