domingo, 10 de junio de 2007

Los dilemas de la “bioética laica”

Luis-Fernando Valdés

El pasado día 5 de este mes fue presentado el libro “La construcción de la bioética”, compilado por el Dr. Ruy Pérez Tamayo y sus colegas Rubén Lisker y Ricardo Tapia. Estos autores proponen un modelo de ciencia que no tenga ningún limite en sus investigaciones, incluso hasta experimentar en seres humanos. Para estos médicos, el problema es que las convicciones religiosas bloquean este proceso. Sin embargo, esta “bioética” laica presenta una serie de dilemas éticos.
Según Pérez Tamayo, sus textos buscan impulsar “una visión laica, sustentada en hechos, en conocimiento científico y no en ideologías, creencias religiosas o costumbres heredadas” (Reforma, 5.VI.07, sec. cultura, p. 12). Esta declaración pone de manifiesto que, para este Autor, la ciencia médica y la fe son dos dimensiones opuestas. Más aún, el fundador de El Colegio de Bioética pretende que la biología sea la ciencia rectora del comportamiento ético de los seres humanos.
Pérez Tamayo propone que el concepto definitivo de esta disciplina deberá contener los tres principios que el investigador norteamericano Van Ransselaer Potter señaló en 1971, cuando creó el término “bioética”: ser un conjunto de reglas de comportamiento moral, guardar relación con la naturaleza y promover la persistencia de la vida en la Tierra (cfr. Julieta Espinoza, en: www.uaq.mx).
Según esta postura, para lograr que la vida humana sobreviva, deben emplearse todos los medios técnicos, sin que ninguna consideración moral, religiosa o política los frene. Por eso, Pérez Tamayo afirma que “no aceptamos que nos impongan las convicciones de nadie más. Hay grupos que pasan por alto toda capacidad de persuasión o la presentación que nosotros podemos hacer de hechos científicos e insisten en sus dogmas y sus revelaciones de otras fuentes”.
Aparentemente, la propuesta es muy buena: buscar el bien del ser humano mediante la investigación científica. De entrada, todos estaríamos de acuerdo. Sin embargo, hay un problema importante, y es que esta ciencia se autopropone como superior a todos los demás aspectos del ser humano. De modo que la dignidad de cada persona queda subordinada a las consideraciones de la ciencia. Esta “bioética laica” pretende que se apruebe la experimentación con embriones, la investigación médica en seres humanos, el suicidio asistido y el aborto.
Estos postulados violan el principio más básico de los derechos humanos, que es la dignidad de la persona. Este principio es avalado no sólo por la Iglesia, sino por todo pensador profundo. Cito a un filósofo muy importante, y que no es católico, Emmanuel Kant, que afirmaba que el hombre siempre es un fin en sí mismo, y que nunca puede ser utilizado como medio.
Cuando no se toma en cuenta la dignidad de la persona, cuando se considera que puede ser utilizada a cualquier precio con tal de obtener nuevos conocimientos científicos, se corre el riesgo de repetir la triste historia de Joseph Mengele, el médico nazi, que durante la Segunda Guerra Mundial utilizó a los prisioneros de los Campos de Concentración como “conejos de indias” para sus experimentos.
El cristianismo nunca se opone a la ciencia, sino que defiende los derechos de la razón y sostiene que, si un conocimiento científico es verdadero, nunca se contrapone con la fe, porque la ciencia y la fe buscan la verdad, y verdad en sus distintos niveles (religioso, ético, filosófico, científico) no se contradice, sino se complementa. En realidad, la “bioética laica” necesita que la fe le recuerde que está atropellando al ser humano.

Correo: lfvaldes@prodigy.net.mx
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