domingo, 3 de diciembre de 2006

¡Sí se pudo!

Luis-Fernando Valdés

Tenía varios retos que superar. Un público enardecido en las calles de la Capital. Unas fuertes medidas de seguridad. Unas heridas históricas muy marcadas. Declaraciones mal interpretadas. Y, al final, supero las expectativas de propios y extraños.
Como bien supone Usted, me refiero al reciente viaje de Benedicto XVI a Turquía, que el New York Times calificó como exitoso. El primer obstáculo que el Papa tenía que superar eran los malentendidos que produjo una frase, sacada de contexto, de su discurso en Ratisbona en septiembre pasado, en la que aparentemente atacaba a Mahoma. Sin embargo, la verdad se impuso y, al final de esta viaje apostólico, una editoral del periódico Hurriyet, el mismo que criticó duramente aquel discurso, aseguró que el Pontífice es un personaje simpático a los ojos de la población. De este mismo sentir fue el comentario en diarios de otros países musulmanes.
El Papa mostró sus grandes cualidades humanas y diplomáticas, al emplear con acierto gestos de paz y buena voluntad. El más sonado ocurrió el jueves, cuando Benedicto XVI visitó la Mezquita Azul, uno de los principales lugares de culto musulman en ese país, pues ahí el Romano Pontífice meditó con los ojos cerrados y las manos juntas durante un minuto, mirando hacia la Meca. Esta señal fue tomada como muestra de reconciliación.
Además de este acercamiento con el mundo musulmán, esta gira papal tenía como objetivo central encontrarse con la pequeña comunidad católica de Turquía, y de dar pasos hacia la unidad con la Iglesia ortodoxa, con motivo de la fiesta del apóstol san Andrés, que se celebró el pasado 30 de noviembre. El balance también resultó muy favorable. El Patriarca Ecuménico, Bartolmé I, expresó que está convencido que esta visita pasará a la historia, porque ha sido un gran paso «para superar algunas de las barreras de incomprensión entre los creyentes de diferentes religiones, en particular entre cristianos y musulmanes».
Benedicto XVI habló con valentía de la libertad religiosa y de la paz. Manifestó su «certeza de que la libertad religiosa es una expresión fundamental de la libertad humana». Además, pidió que «las religiones no traten de ejercer directamente un poder político, porque no es su deber, y en particular, que renuncien absolutamente a justificar el recurso a la violencia como expresión legítima de la práctica religiosa".
A pesar de los fuertes dispositivos de seguridad que se desplegaron, y de las molestias que estas medidas causaron a los ciudadanos, al final el saldo fue favorable. El diario Aksam tituló su primera página así: «La temida visita del Papa concluyó con una sorpresa fantástica». Y el rotativo Milliyet tituló «La paz de Estambul». El Pontífice pidió perdón por las incomodidades que acarreó su visita, y declaró: «he pasado unos días muy bonitos aquí. Doy las gracias a toda la nación turca. He dejado una parte de mi corazón aquí». Por otra parte, en esta buena acogida al Santo Padre, hay que destacar la actitud paciente y hospitalaria del pueblo turco.
El balance de este viaje papal es muy favorable. Desde el punto de vista religioso, fomentó la unión entre cristianos y musulmanes, y dejó atrás los malos entendidos recientes. Además, tendió un puente entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Desde el punto de vista diplomático mostró que se puede dialogar, aunque las diferencias ideológicas sean muy grandes. Se confirma con hechos que el catolicismo es la religión del diálogo, de la superación de las diferencias. ¡Sí se pudo! ¡Sí se puede!

Correo: lfvaldes@gmail.com
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