domingo, 17 de abril de 2011

Estrategia incompleta


Año 7, número 311
Luis-Fernando Valdés

La crisis social de nuestro País parece que no ha tocado fondo. Siguen los recuentos de cadáveres en fosas clandestinas. Continúan las inculpaciones mutuas entre el Gobierno Federal y los Gobiernos estatales. Se acusan de que las tácticas para combatir la violencia no han sido eficaces. Quizá sea la hora de cuestionarse si esas estrategias son “completas”.

La batalla contra el narcotráfico tiene muchos frentes: policial, militar, legislativo, económico y mediático, entre otros. Cada uno de estos aspectos es claramente importante, y en este momento sería arriesgado prescindir de alguno de ellos. Sin embargo, es necesario insistir en los aspectos relacionados con la educación de los ciudadanos, porque ahí está la raíz del problema.

Hay un factor clave que se pasea desapercibido en nuestra sociedad y que es un importante responsable de la actual crisis social. Se trata del individualismo. La cultura contemporánea nos ha inculcado que nuestro nuestra vida y nuestras acciones personales no tienen nada que ver con los demás; se nos ha enseñado que podemos vivir de cualquier manera, “siempre y cuando no dañemos a un tercero”.

Sin embargo, la realidad misma nos lleva a darnos cuenta que nuestras vidas están interrelacionadas y que, aunque no lo queramos aceptar, nuestras acciones –incluso las más privadas– sí afectan a los demás. Pongamos de ejemplo el tema que hoy nos atañe: cuando una persona decide consumir drogas, aunque lo haga en su casa y sin dar problemas a nadie, ese acto implica “oferta y demanda” de drogas, y esto a su vez requiere de un mercado, de unos productores y de unos distribuidores: ese “consumo privado” requiere de… unos narcotraficantes.

Pero ese “placer privado” provocado por las drogas tiene más consecuencias. Como hay narcotraficantes, hay personas que sufren extorción, tortura y muerte. Como todo eso es delito, hay que perseguir a los criminales, y esto ha generado miles de policías y militares muertos… y esto ha traído miles de viudas y huérfanos.

De manera que esa “acción privada” tiene bastante de responsabilidad en esta crisis social. Y podemos añadirle más agravantes: el dinero con que se pagó un simple cigarrito de marihuana se convirtió en el financiamiento de la bala que ayer mató a un ser humano.

Hay una virtud humana –de la que el cristianismo ha sabido destacar su importancia– que nos ayuda a salir del encerramiento en nosotros mismos, y que nos enseña que somos responsables de mucho de lo que afecta a los demás. Es la solidaridad.

La solidaridad, aunque las incluye, no se reduce a dar limosnas o a acciones de voluntariado. Se trata de la convicción personal de que –por naturaleza– pertenezco una amplia comunidad (familiar, local, nacional e internacional), y que por eso mi vida personal repercute a favor o en contra de los demás, de los que no me puedo desentender.

Hace falta inculcar en cada ciudadano el hábito de pensar en las repercusiones de sus actos. Desde mantener limpias nuestras ciudades, hasta perdonar para mantener unidas las familias. Si realizamos nuestras acciones –incluso las más privadas– con sentido de la solidaridad, notaremos que sí podemos contribuir al mejoramiento de nuestra sociedad.

La estrategia para combatir el narcotráfico (y cualquier otro problema social) nunca estará completa, mientras no se eduque a cada ciudadano para ser solidario, para saberse responsable de la vida y del bienestar de los demás. Si hemos conseguido establecer una “cultura ecológica”, ¿por qué no podemos edificar una “cultura solidaria”?

lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com
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