Año 13, número 650
Luis-Fernando Valdés
¿Por qué ha sido
tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del
siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio?
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Lenin, líder de la revolución rusa, que dejó un saldo de libertades atropelladas y de vidas arrebatadas. |
1. Las dos revoluciones de 1917. La
primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera
Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas
movilizaciones sociales de protesta.
La segunda y más
conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por
Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno
provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con
el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr.
El País, 11
abr. 2017)
La historia
posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los
contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la
dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del
muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones
de muertos.
2. Un centenario poco celebrado. Un artículo del New York Times explicaba que
este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores
celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin,
historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de
revolución.
“Conocemos bien
las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin
en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación.
“Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones
y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13
mar. 2017)
3. El lado obscuro del Comunismo. La Revolución rusa buscaba implantar las
ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde
los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin
pobres ni ricos.
Sin embargo, la
Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un
dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista
y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió
cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés,
Aleteia, 16
oct. 2017)
La obra titulada “El
libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997), escrita por un grupo
de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de
muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte,
etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21
abr. 2017)
4. La historia atrás de la historia. El biógrafo de Juan Pablo II, George
Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del
muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.
Pregunta Weigel: “¿Qué
fue lo que hizo que "1989" no implicara derramamiento de sangre y
violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un
gran cambio social?” (Aleteia, 30
ene. 2014)
Y responde que esa
revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que
durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen
comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la
conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar
a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald
Reagan, etc.
Epílogo. No se puede celebrar una
ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los
trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de
darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba
cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.
La gran lección de
este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales,
destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se
convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy
consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes
problemas sociales de nuestro tiempo.
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