viernes, 21 de octubre de 2016

Juan Pablo II, ¿un legado ya olvidado?

Año 12, número 598
Luis-Fernando Valdés

A 38 años de la elección del Papa polaco, quien recorrió el mundo entero y se ganó el corazón de creyentes y no creyentes, ¿la gente lo sigue recordando? ¿qué queda del legado de Juan Pablo II?

Hace 38 años fue elegido Karol Wojtyla, que tomó
el nombre de Juan Pablo II y dejó un gran legado
a la Iglesia y al mundo. (Foto: aciprensa.com)
1. Entre el recuerdo y el olvido. Juan Pablo II fue elegido Papa, el 16 de octubre de 1978, y el día 22 de ese mismo mes celebró la Misa de inicio de Pontificado, en la que pronunció aquellas inolvidables palabras: “¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! … ¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. (En: Vatican.va) [video]
El Pontificado de Juan Pablo II duró 27 años, de manera que somos varias las generaciones que crecimos con él. Esta Papa era un personaje habitual de los noticieros y de nuestras conversaciones: emprendía viajes apostólicos cada pocos meses, publicaba encíclicas o exhortaciones prácticamente cada año, escuchábamos frecuentes anécdotas de su cercanía y buen humor… y, al final, seguíamos mucho las noticias sobre sus enfermedades y su agonía.
Pero como es lógico, las nuevas generaciones que no conocieron a Juan Pablo, sólo tienen como punto de referencia el testimonio de sus mayores y lo que han visto en videos. Además, en la Iglesia la figura del Papa ha continuado con personajes extraordinarios como Benedicto XVI y Francisco. Por eso, quizá a algunos les podría parecer que el gran Papa polaco ha caído en el olvido.

2. Un legado doctrinal y pastoral vigente en la Iglesia de hoy. En ocasiones, un personaje de la talla de Juan Pablo II corre el peligro de ser recordado sólo por sus gestos de gran humanidad (su simpatía, el dar voz a los que no la tenían, etc.), pero no tanto por sus grandes aportaciones doctrinales y pastorales.
El legado de san Juan Pablo es muy importante y vigente, pues a él le debemos la edición de la Neovulgata (la versión oficial de la Biblia en latín), el Catecismo de la Iglesia Católica (que es la pauta doctrinal oficial y común para los mil cien millones de católicos del mundo) y el Código de Derecho Canónico y el Código de los cánones de las Iglesias católicas orientales (los cuales recogen las Leyes que regulan la vida de toda la Iglesia).
Además, los numerosos sínodos de obispos que presidió este gran Pontífice dieron lugar a importantes documentos sobre la vida religiosa de los fieles católicos en los cinco continentes (como las exhortaciones “Ecclesia in América”, “Ecclesia in Europa”, etc.).
A estos habría que añadir los textos referentes a los laicos, a la formación de los sacerdotes o a la familia en la sociedad contemporánea, junto con los grandes documentos sobre el ecumenismo y sobre la Doctrina Social de la Iglesia.
Esta pequeña muestra de su magisterio es suficiente, para ver que Juan Pablo II estableció las bases doctrinales y pastorales, que han permitido que la Iglesia de hoy se haya adecuado al modelo establecido por el Concilio Vaticano II.

La vida del Papa polaco es muy inspiradora también hoy, porque fue un hombre de enamorado del Dios hecho hombre, Jesucristo, y de la Virgen María, y porque gastó su vida y su salud por el bien la Iglesia y por todas las causas nobles del ser humano.
Sin embargo, el gran legado por el que debe ser recordado en los siguientes siglos consiste en que, junto con el beato Pablo VI –otra gran figura aún por descubrir–, Juan Pablo II es el gran constructor de la Iglesia Católica contemporánea, abierta a “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” (“Gaudium et spes”, n.1).


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