domingo, 18 de agosto de 2013

El feminismo de Wojtyla


Año 9, número 432
Luis-Fernando Valdés

Se han cumplido 25 años de una Carta de Juan Pablo II sobre la mujer, en la que propone un feminismo amplio en el seno de la Iglesia. Sin embargo, aún continúan algunas voces de protesta que piden que la Iglesia adopte el feminismo radical. ¿El modelo católico de mujer es aún vigente hoy?
Juan Pablo II publicó hace 25 años una Carta
en la propone un feminismo desde la fe.

El Papa Wojtyla publicó la Carta Apostólica “Mulieris dignitatem”, sobre la dignidad y la vocación de la mujer, el 15 de agosto de 1988, con motivo del Año mariano que había convocado antes del Jubileo del 2000.

El Papa Francisco, el pasado jueves 15, hizo una referencia a este aniversario. Manifestó que “este documento es rico de ideas que merecen ser retomadas y desarrolladas”. Pero, ¿hacia dónde debe ir ese desarrollo para que la mujer del mundo de hoy pueda hacer compatible su realización personal con la fe de la Iglesia Católica?

El problema de fondo consiste en que hay algunos sectores eclesiales han hecho suyos los postulados del feminismo radical contemporáneo y piden que la Iglesia se adapte a esos principios, y pretenden echar por tierra el modelo femenino propuesto por la Doctrina católica.

Sirva como muestra la postura de la teóloga, Carmiña Navia, quien sostiene que la Iglesia debe no sólo aceptar el sacerdocio femenino sino también “reconocer la legitimidad de las mujeres para decidir sobre sus embarazos, sobre su sexualidad y su cuerpo, sobre lo que en cada caso y situación concreta su conciencia determine como lo mejor. Reconocer e impulsar pastoralmente, por tanto, los derechos sexuales y reproductivos de la población femenina.” [C. Navia, El País (Colombia), 5 marzo 2013]

En otras palabras, la Dra. Navia pide que la Iglesia deje su visión y sus valores sobre la mujer, y que adopte y promueva los principios del feminismo liberal. Sin embargo, este feminismo radical no ha podido ofrecer una síntesis adecuada a las disyuntivas que aquejan a la mujer de hoy matrimonio-fidelidad, maternidad-profesión, etc.

En cambio, la doctrina sobre la mujer, propuesta por Juan Pablo II para toda la Iglesia, sí busca una respuesta que pueda dar armonía a los diversos roles de la mujer. A diferencia del feminismo que considera la maternidad como un elemento que esclaviza a la mujer, el feminismo católico defiende esta maternidad pero sin afirmar el dominio del varón.

Es poco conocida la postura anti-machista de Juan Pablo, que en la “Mulieris dignitatem” (n. 18) invita al varón a mirar la maternidad para poder entender su propia paternidad. Pues así como la mujer a través la experiencia de la maternidad se dona plenamente a sí misma, de igual manera el varón debe aprender a ser padre donándose totalmente a sí mismo.

El varón debe recordar “que en este ser padres en común, él contrae una deuda especial con la mujer. Ningún programa de ‘igualdad de derechos’ del hombre y de la mujer es válido si no se tiene en cuenta esto de un modo totalmente esencial” (ibídem).

Se trata de un nuevo y profundo paradigma de igualdad. El feminismo radical, para conseguir la igualdad de fémina y varón propone eliminar lo que diferencia a la mujer del hombre, o sea la maternidad.

En cambio, el Papa Wojtyla afirma la maternidad y le dice al varón que necesita de esa maternidad para entenderse a sí mismo; o sea, el punto de referencia debe ser la mujer, en cuanto que es capaz de ser madre.

Es una pena que se conozca poco esta gran Carta de Juan Pablo II, que ilumina con profundidad el problema de la igualdad de la mujer. Pero esta deficiencia es una oportunidad para promover este auténtico feminismo, nacido de los valores más profundos del Evangelio

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