domingo, 2 de enero de 2011

¿Condenados a la mediocridad?


Luis-Fernando Valdés

Dejamos el año viejo atrás y quizá no muchos han reparado que en 2010 fueron cambiadas algunas reglas del castellano, y posiblemente estas modificaciones influirán profundamente en nuestra mentalidad. ¿Será un cambio que nos beneficiará o nos perjudicará?
Las 22 academias de la lengua española aprobaron por unanimidad cambios a la ortografía. Recientemente fue publicada la nueva edición de la Ortografía de la lengua española. En su momento, el presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, José G. Moreno de Alba, aseguró que “en este nuevo tratado no se modifican las reglas ni se añaden nuevas, sino que se detallan con toda exactitud, con el objeto de facilitar la correcta escritura a los hispanohablantes”.
Sin embargo, sí que hubo cambios. Se eliminaron algunas letras del alfabeto: la che y la doble ele fueron suprimidas formalmente de la tabla del alfabeto, por lo que ahora las letras del abecedario son 27.
 También se cambió el nombre a algunas letras. La i griega se llama ahora ye, con lo que la i latina pasó a denominarse i, mientras a otras letras también se les quitó el “apellido”; ahora la b se llama sólo be y la v sólo uve. Ahora la w se nomina sólo doble uve.
Entre otros cambios más, se eliminó también la tilde (acento gráfico) en la palabra “solo” incluso en casos de posible ambigüedad, como “voy solo al cine”. Además “este” y “esta” se emplearán sin acento, aunque se trate de un adjetivo o de un pronombre (Se habrá fijado Ud que yo, al menos por hoy, continúo acentuando el adverbio “sólo”).
Moreno de Alba afirmó que “si éstas propuestas resultan útiles a algún país, que las tome. Si cree que les complica, que no las tome. No tienen importancia pero marcan la tendencia”.
Pero sus palabras más bien reflejan lo contrario: estos cambios sí que tienen importancia, dado que establecen el rumbo de nuestra lengua escrita. Pero no sólo esto, sino que además indican la tendencia ética de quienes hablamos castellano. Como esto no es tan evidente, intentaré explicarlo.
Las reglas de cualquier género –y no sólo las ortográficas– tienen como finalidad establecer un ideal, al que todos deben aspirar. Como es normal, no todos llegan a esa alta meta, pero el hecho de que ésta exista nos obliga a superarnos y a mejorar.
Cuando la meta es que todos los estudiantes conozcan y empleen las reglas de ortografía, aunque éstas sean complicadas, el resultado será un país más culto, como sucede en las naciones más avanzadas de Europa.
Y lo mismo se puede decir sobre la educación cívica. Cuando la meta es que simplemente no nos matemos unos a otros, el resultado será una ciudadanía poco comprometida con su país. Si el idea se pusiera más arriba, en ser ciudadanos justos, honrados, participativos y solidarios, tendríamos otro México.
En cambio, cuando se suprimen las metas altas, cuando las reglas se limitan a reconocer lo que sucede “de facto”, se institucionaliza la comodidad y se reducen las aspiraciones. Y esta situación, lejos de ayudar a las personas a ser mejores, las mantienen en una especie de mediocridad.
Si aspiramos a lo fácil, ¿cuándo México ganará un Mundial de fútbol?, ¿cuándo los académicos mexicanos ganarán de modo habitual los premios Nobel?, ¿cuándo superaremos la corrupción?, ¿cuándo habrá auténticos héroes que sean una real fuente de inspiración para los demás?
Ojalá un propósito para el 2011 sea mejorar nuestro uso del castellano. Y eso seguramente nos ayudará aspirar a las metas más altas en los demás ámbitos de nuestra vida.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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