domingo, 5 de diciembre de 2010

Renta de útero: aunque se vista de seda…


Luis-Fernando Valdés

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) acaba de aprobar la Ley de Gestación Subrogada (30.XI.2010), que prohibirá el cobro por la renta del útero materno y que contempla la firma de un contrato que de no cumplirse tendrá consecuencias civiles y penales. Ésta es una “legislación de avanzada”, pero ¿nos hace más humanos?
Lo que hace esta nueva ley es “regular” lo que era clandestino y encausarlo para que se realice con garantías médicas y jurídicas, para evitar problemas de salud y posibles fraudes. A primera vista, todo esto parece razonable, pues hace que algunas prácticas que se prestaban a malos usos, ahora sean públicas y estén controladas.
Aunque esto parece muy sensato, esta ley no está bien, porque lo que regula es algo que humanamente no es ético. Esta nueva norma jurídica aprueba que un varón y una mujer aporten sus gametos, y le sean implantados a una tercera persona, que lleva los nueve meses de gestación. Dicho en otras palabras, queda aprobado que un niño sea a) engendrado artificialmente, b) gestado sin amor por una persona anónima y c) finalmente adoptado (en el caso de fecundación con gametos donados).
Si analizamos esta situación desde el punto de vista del niño engendrado, veremos que se comenten grandes injusticias hacia él, y que por eso esta nueva ley no es justa. En primer lugar, la concepción artificial implica que “produzcan” muchos embriones de los cuales sólo unos pocos sobrevivirán y quizá uno se pueda anidar. Todos los embriones restantes son ya seres humanos que resultaron muertos en el intento.
Entonces, ese niño al crecer sabrá que está vivo de milagro, y que tuvo varios hermanos que fueron concebidos junto con él, pero que no pudieron sobrevivir; peor aún si todavía tiene un hermano congelado, “esperando ser implantado”.
Además, los gametos pueden ser proporcionados por el varón y la mujer que quieren ser padres, o bien uno de ellos (o los dos) pueden ser comprados, procedentes de donadores anónimos. O sea, ese niño al crecer sabrá que a sus padres biológicos sólo les importó el dinero que recibieron a cambio de “donar” sus gametos, pero nunca pensaron con amor en él.
La mujer que presta su útero posiblemente pueda sentir afecto por el niño que lleva en sus entrañas, pero no tiene un verdadero amor. Ese niño sabrá que en el primer ultrasonido que se vio latir su corazón, su portadora simplemente “reportó” que el embarazo iba bien.
Finalmente es adoptado (en el caso de la fecundación heteróloga). Hace falta entender bien qué es la adopción. Decimos que la adopción es algo bueno, porque remedia algo malo: que un niño ya nacido y que no tiene padres, ahora pueda ser recibido como hijo. Pero este otro caso, no se “remedia” algo malo, sino que se “provoca” algo malo: se produce a un niño para ser adoptado. En lugar de adoptar un niño ya nacido, se genera una especie de huérfano, que posteriormente será adoptado.
Celebramos la vida, y nos alegra cada nacimiento. Pero vemos que hay casos que no son los ideales, como un embarazo no deseado (que termina por abandonar o ceder al hijo) o la muerte de los padres. Nos alegramos con el nuevo ser humano, pero sabemos que sus circunstancias fueron difíciles: no conocer a los propios padres, saberse gestado con poco amor.
Lo que hace esta nueva ley es hacer que esas duras circunstancias ahora puedan ser producidas bajo supervisión médica y legal. Se aplica muy bien el refrán: “aunque la mona se vista de seda, moda se queda”. Aunque se legalice la renta de útero, inhumana se queda.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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