domingo, 1 de febrero de 2009

Juan Pablo II: hace ya 30 años

Luis-Fernando Valdés

Han pasado tan rápido, que quizá esta efemérides pase un poco desapercibida. Pero se han cumplido ya 30 años del primer viaje de Juan Pablo II a nuestro País. Del 26 de enero al 1 de febrero de 1979, ocurrió un increíble intercambio entre el Papa polaco y el Pueblo mexicano.
Aunque fueron en total cinco viajes apostólicos los que realizó a nuestra Patria, aquel primero fue decisivo en el Pontificado de este gran Papa. El mismo afirmaría que en este primer encuentro con los fieles, fuera de Italia, le había hecho comprender su vocación de “Papa Peregrino”. Así surgió esa característica, que se convirtió en parte de nuestra vida: el Santo Padre viajando por todas las naciones del orbe. Fue esto tan habitual, que las noticias de la periodista mexicana Valentina Alazraki, que lo acompañó en todos esos recorridos, también se hicieron parte de nuestra vida cotidiana.
También de México, Juan Pablo II recibió un gran regalo de cariño. En su libro “En nombre del amor”, esta misma corresponsal cuenta que, en ocasiones, cuando estaba muy cansado, el Papa Woityla se ponía a ver los videos de esta primera visita. Y, al recordar el amor del Pueblo mexicano, se volvía a animar mucho.
En este intercambio, también el añorado Papa nos dio mucho. Con generosidad, procuró estar cercano a la gente. A lo largo de los cinco viajes, estuvo en varias ciudades de la República, tuvo audiencias con diversos grupos étnicos, con el mundo del arte y la cultura, además de las ceremonias litúrgicas que ofició. Su compañía nos llenó de esperanza: vimos que el Vicario de Cristo era muy sensible a nuestros problemas, y no ofrecía soluciones (ninguna de ellas fácil, por cierto: señal de que había comprendido a fondo la cuestión).
Fuimos testigos de que su desvelo por los mexicanos no buscaba el aplauso simplón de unas muchedumbres enardecidas. Su objetivo era confirmarnos en la fe, y por eso fue conmovedor su último viaje, en el que cumplió un apretado programa, aunque ya casi no podía hablar ni caminar.
Todos recordamos ese ambiente festivo que traían sus visitas. Pero, ¿cuál es el legado espiritual que Juan Pablo II nos dejó? ¿qué esperaba de los creyentes mexicanos? Ante todo, nos pedía fidelidad: “el Papa quiere hablaros hoy de algo que es, y debe ser más, una esencia vuestra, cristiana y mariana: la fidelidad a la Iglesia” (Homilía, 26.I.1979). Explicaba entonces que “es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación”.
El Papa eslavo espera mucho de nuestro País. “De mi Patria se suele decir: ‘Polonia semper fidelis’. Yo quiero poder decir también: ¡‘Mexicum semper fidele’, siempre fiel!” Y concretó esa lealtad en los siguientes puntos: a) “un generoso y noble esfuerzo por conocer siempre mejor a la Iglesia”, b) “una leal aceptación de la Iglesia”,y c) “la plena coherencia de vuestra vida con vuestra pertenencia a la Iglesia”, es decir, “tener conciencia de la propia identidad de católicos y manifestarla, con total respeto, pero sin vacilaciones ni temores”. Ojalá que este aniversario nos sirva para recordar el afecto de este gran Papa, y también nos lleve a una seria reflexión personal, que nos lleve del entusiasmo a la coherencia, del recuerdo a la lealtad.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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