domingo, 8 de febrero de 2009

General asesinado, México pisoteado

Luis-Fernando Valdés

El pasado 3 de febrero fue salvajemente torturado y asesinado el General en retiro Mauro Enrique Tello Quiñones, en Cancún. El militar había sido apenas contratado como asesor del presidente municipal de Benito Juárez, Quinta Roo, cuando fue secuestrado y ultimado. Este suceso representa una grave afrenta a todo el País.
Sí, este homicidio tiene una relevancia especial. Ciertamente, todo asesinato siempre es una gran tragedia, aunque el occiso no sea un personaje público. Pero tampoco podemos dejar de lado, que el cargo que ocupa una persona representa y simboliza a su institución. De modo que este crimen ha sido un atropello no sólo para el General Tello Quiñones y sus acompañantes, sino también al Ejército mexicano al que su alto rango representaba.
Manifestamos nuestras condolencias a su viuda y a su familia, y también a los parientes de quienes murieron con él. Y con independencia de los méritos y los deméritos de este General, queremos destacar que su muerte nos afecta a todos los mexicanos, porque ha sido ofendida una institución que constituye uno de lo pilares de nuestro País.
Una nación se constituye como tal cuando se consolidan las diversas instituciones que la conforman: parlamento, corte de justicia, etc. Uno de los organismos claves de un país es su ejército, pues representa la garantía de paz, orden y seguridad dentro de sus fronteras. Cuando el ejército es atacado, hay un mensaje muy claro por parte del agresor: está desafiando a toda esa nación.
La violencia contra los militares mexicanos, por parte del crimen organizado, significa una lucha por establecer dos países: el que se ha consolidado legítimamente a lo largo de la historia, y otro nuevo, el que quisieran implantar los criminales, para mirar sólo por sus intereses.
Cuando se ataca a las instituciones que representan a un nuestra Patria, se manda una señal muy nítida: que los agresores no están dispuestos a seguir ni nuestras leyes ni nuestras costumbres. Por eso, ningún ciudadano puede permitir –o soportar pasivamente– que lo que representa a México sea atropellado.
No se trata de fomentar un falso nacionalismo militarista. Más bien, se requiere una reflexión serena, porque el apasionamiento tiende –con frecuencia– a fijarse sólo en la ofensa a la persona, dejando de lado la injuria a la institución y a lo que ella representa. Por eso, sin importar si estamos de acuerdo o no con la actuación del Ejército, del General Tello, o del Gobierno actual, debemos sentirnos ultrajados por este asesinato, porque representa un atentado contra nuestro País.
Cuando hablamos de la unidad de nuestra Nación, nunca se debe entender una “uniformidad” de modos de pensar o de actuar. La unidad tampoco significa que todos los ciudadanos debamos tener un misma preferencia política o apoyemos un mismo sistema económico. En cambio, la unidad nacional se apoya en el respeto y la defensa de lo que nos constituye como País: nuestro territorio y nuestras instituciones. Por eso, este tipo de crímenes, que atentan contra un pilar institucional de la República, son un verdadero peligro contra la unidad de México.
De ahí la importancia de que todos repudiemos estas acciones y presionemos para que se haga justicia –sin pretender una venganza por parte del gremio castrense–, porque está en juego la legitimidad y la permanencia de las instituciones que consolidan a nuestro México.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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