domingo, 21 de octubre de 2007

La “Voluntad Anticipada” y sus sofismas

Luis-Fernando Valdés

El diputados del PRD y del partido Alternativa Socialdemócrata presentaron hace unos días un iniciativa denominada “Ley de Voluntad Anticipada” para el Distrito Federal, que incluye reformas y adiciones al Código Penal. Este proyecto permitiría a enfermos en fase terminal renunciar a todo tratamiento médico, o en caso de no estar en condiciones de decidir, que un pariente en primer grado lo haga por ellos, para evitar una prolongada agonía. Esta voluntad del paciente de someterse o no a algún método de “ortotanasia” quedaría expresada en un documento notariado. Aunque en un primer momento parece que esta ley defendería al enfermo, un estudio más detenido nos indica que la iniciativa maneja una falsa filantropía que, en el fondo, es una tiranía encubierta.
Se propone que sea legal la “muerte asistida” cuando la petición sea formulada por un paciente en estado consciente; además deberá contar con el aval de un Consejo Técnico de Ética, el cual deberá crearse bajo la tutela de la Secretaría de Salud del DF. Incluso, esa muerte sería legal cuando sea autorizada por los familiares, en el caso de pacientes en etapa terminal, pero sin conciencia para tomar una decisión.
Primero aclaremos los términos que intervienen en esta discusión. Según los promotores de esta iniciativa legislativa, “eutanasia activa” significa que al enfermo terminal se le aplican medicamentos que producen directamente su muerte, y “eutanasia pasiva” quiere decir omitir los tratamientos que prolonguen la agonía. En el proyecto sólo se contempla la segunda.
Como respuesta, primero veamos que la ciencia médica, en relación a la muerte, ha progresado de modo que puede tanto alargar la vida más de lo debido, como adelantarla antes del deceso natural. En ambos casos se pueden violar los derechos del enfermo: el derecho a morir con la dignidad que le corresponde y el derecho a vivir el tiempo que Dios haya dispuesto para cada hombre. Para respetar la dignidad de la persona en su momentos finales, se habla de “ortotanasia”, que es cuando los médicos aceptan que un paciente está en fase terminal, y no se le aplican medios “desproporcionados” (es decir, muy caros, muy dañinos, o que dan pocas esperanzas de curación, etc.) para alagar la vida más allá del tiempo debido.
Si la Ley de Voluntad Anticipada se limitara a regular la “ortotanasia” sería una ley buena. Pero el proyecto va más allá de eso. Para apoyar la iniciativa de ley, el diputado priísta, Tonatiuh González señaló que “debe existir una ley que le permita a los enfermos terminales elegir entre la suspensión de los medicamentos y la aceleración de su muerte a través de métodos asistidos”. A esto hay que decir que esa “suspensión de medicamentos” es ética sólo si se refiere a la aplicación de medios desproporcionados, pero es inmoral si incluye el retiro de los medios básicos de atención a un paciente, como son la hidratación, alimentación, sedantes, etc. Además, la “aceleración de la muerte” no es otra cosa que un “suicidio asistido” (si lo pidió el enfermo) o un “homicidio” (si se aplica sin que lo pida el paciente terminal).
Bajo la máscara de la filantropía se oculta una auténtica tiranía. ¿Quién va a decidir quién debe seguir viviendo y quién debe morir? El peligro de abuso por parte de las autoridades es real. La autoridad civil nunca puede decidir la vida de sus ciudadanos. El Estado nunca puede decir que la vida de un ciudadano “no tiene sentido”.
Correo: lfvaldes@prodigy.net.mx
http:// www.columnafeyrazon.blogspot.com
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