domingo, 25 de febrero de 2007

Los otros operativos antidrogas

Luis-Fernando Valdés

Continuan los operativos antinarcóticos: desde refuerzos policiacos en algunos Estados hasta expropiaciones de vecindades en la Capital del País. Pero ¿esta movilización es lo único que hay que hacer? ¿No deberían los particulares también hacer algo desde su posición en la sociedad?
Muchas veces esperamos que la solución a los problemas que afectan a nuestra Nación se solucionen con medidas tomadas por la Autoridad. Ciertamente, en un Estado de Derecho una parte importante de la responsabilidad de los problemas sociales la tiene el Gobierno. Pero esta situación no está en conflicto con la inciativa que los ciudadanos deben tener para colaborar en la superación de situaciones de injusticia. Y, en el caso de la lucha antinarcóticos, también los particulares, como destinatarios finales de la distribución de drogas, tienen su parte de responsabilidad.
La siguiente ané dota ilustra bien que los ciudadanos juegan un papel importante en el combate a las drogas. Un ingeniero hablaba con un colega, que le comentó que de vez en cuando fumaba mariguana. El ingeniero le dijo que con esta actitud le hacía daño a todo México. “Pero si a mí no se me sube, ni me pongo violento. Además, no gasto tanto y, cuando la consumo, lo hago en mi casa”, le contestó un poco molesto su compañero de trabajo. “De acuerdo –le replicó aquél–, pero recuerda que con el dinero que pagaste, los narcos compraron las balas con las que mataron al último policía”.
El consumo personal de drogas, aunque no origine ningún conflicto, como violencia o robos, siempre conlleva una responsabilidad social. Aunque se gaste poco para conseguir la dosis de estupefacientes, ese dinero será empleado para comprar armas, pagar sicarios; esas monedas contribuirán a que muchas familias sean destruidas, decenas de personas asesinadas, y a que toda una nación sea asolada por la corrupción y la violencia.
Se trata de la aplicación de un conocido principio ético, conocido como “cooperación al mal”, que señala que es moralmente mal realizar un acto que de algún modo facilite a otro cumplir una acción inmoral. Y es que la moral no puede limitarse a un punto de vista individual, sino que es necesario que las propias acciones tengan una repercusión positiva en la sociedad.
La cooperación voluntaria al mal siempre es ilícita, porque el bien de la persona humana, que tiene una dimensión social, requiere que cada uno actúe de manera que se den las condiciones favorables para el bien de los demás. La sociabilidad tiene un sentido eminentemente positivo: debe ayudar a toda persona a vivir día a día una vida honesta.
El problema del tráfico de drogas es muy complejo. Sus causas son muy variadas: desde la pobreza extrema y la desintegración familiar hasta las luchas de poder económico y político. Pero sin duda, el consumo por parte de los particulares es un factor clave, porque es el sustento monetario de este grave conflicto social. Y precisamente en este punto está una de las claves para la lucha contra el narcotráfico.
Por eso, ningún ciudadano puede pensar que, por consumir cantidades pequeñas de droga y no hacer daño a nadie, ya está justificado. Pesa una grave responsabilidad ética en cada uso de estupefacientes, porque se trata de una cooperación directa con el narco. Ninguna persona que utilice estos enervantes puede sentirse libre de responsabilidad de la violencia que asola nuestra Patria. Asumir la responsabilidad de no consumir drogas –aunque sea en pequeñas cantidades– es el otro operativo antidrogas que hace falta implementar.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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