domingo, 11 de febrero de 2007

Despedida del Nuncio Apostólico

Luis-Fernando Valdés

El pasado miércoles 7 de febrero, Mons. Giuseppe Bertello, Nuncio Apostólico de Su Santidad, se despidió de nuestro País. Tras su misión de seis años, se ganó la confianza de los católicos y el respeto de los medios de comunicación. Sin embargo, quizá no es tan conocido el papel que los nuncio desempeñan. Aprovecho esta ocasión para contarles un poco de esta figura de los legados pontificios, y presentarles algunos logros del nuncio saliente.
La Santa Sede ha mantenido desde tiempos muy remotos una amplia red diplomática. Los embajadores del Vaticano ante los Estados se cuentan entre los primeros embajadores de la historia moderna. El derecho canónico actual llama “legados” a los representantes de la Santa Sede. En una primera aproximación se pueden definir a los legados pontificios como los representantes del Romano Pontífice ante las Iglesias particulares y ante el Gobierno de un Estado.
Por eso, los legados pontificios tienen ante todo la misión de fomentar los vínculos de unidad entre la Santa Sede y las Iglesias particulares (diócesis). Y esa es actualmente la principal función de los legados pontificios. También tienen la función de representar al Papa ante los diversos Estados.
Los legados pontificios, que se denominan Nuncios, Pro-nuncios y Delegados Apostólicos, son colaboradores del Papa para resolver los graves problemas concernientes a la paz, el desarrollo, la justicia. Esta es una manifestación del interés de la Iglesia por las personas y la comunidad, siguiendo la directriz del Concilio Vaticano II, que enseña que «nada hay de verdaderamente humano que no encuentre un eco en el corazón de la Iglesia, pues ella se siente íntimamente solidaria con el género humano y su historia» (Gaudium et Spes, 1).

Este interés por el hombre se reflejó en su homilía de despedida, en la que Mons. Bertello insistió en el papel que la Iglesia puede desempeñar en servicio de la sociedad mexicana. Recordó que la Iglesia no quiere ser un factor político, pero lo que sí quiere ser y hacer es impregnar el mundo del espíritu cristiano, de modo que contribuya a la construcción de una sociedad justa, de una sociedad pacífica.
Para conseguirlo, expuso, se requiere de un espíritu de fraternidad que “no puede quedarse sólo entre nosotros, es algo que debemos repartir en la sociedad, para crear una sociedad unida, para crear una sociedad que se respete, para crear una sociedad donde los derechos de los unos no vayan en contra de los derechos de los demás sino saber encontrar también lo que significa el deber, y sobre todo, una sociedad que sea solidaria”.
A lo largo de los seis años de Mons. Bertello como Nuncio papal en nuestra Patria, hay algunos hechos destacados, como la beatificación de los mártires cristeros y el Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Guadalajara en 2004. Otro momento importante de su gestión como Legado pontificio fue la erección de nuevas Provincias eclesiásticas, por parte del Papa Benedicto XVI, lo cual permite una mejor organización de la Iglesia en México. Y por lo que toca a Querétaro, durante este periodo, dos sacerdotes de esta diócesis recibieron nombramientos episcopales: Mons. Domingo Díaz, Obispo de Tuxpan (2002) y Mons. Rogelio Cabrera, fue elevado a Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez (2006).
Al marchase, el Nuncio agradeció el gran amor que los mexicanos han demostrado por el Papa y por ser el pueblo de la Virgen de Guadalupe, y también dejó un reto para la Iglesia mexicana: la evangelización en una sociedad que cambia rápidamente.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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