domingo, 15 de enero de 2006

¿Cuánto dura el matrimonio?

Luis-Fernando Valdés

Las cifras de divorcios en nuestro Estado nos invitan a reflexionar. Es un hecho que van en aumento. Y son reflejo de que el «matrimonio para siempre» ya no es un valor universal de nuestra sociedad. Al contrario, es un punto de discusión.
Y estas disputas parecen dejarnos a todos en un dilema: o defender la verdad o ser comprensivos y tolerantes. Y, en realidad, no debe haber oposición entre la exposición clara de la verdad sobre el matrimonio, y la comprensión hacia quienes enfrentan una rotura matrimonial. Hoy hablaremos sobre la verdad de la indisolubilidad del matrimonio, con el sincero deseo de ser muy respetuosos con los que piensen de una manera diferente.
Jesucristo nos enseñó que la verdad nos hace libres (cfr. Juan 8, 32). Aunque la verdad es exigente, y vivir de acuerdo con ella muchas veces requiere heroísmo, es la condición para obtener la paz y la felicidad. Pero la verdad no tiene porque agredir a nadie. San Pablo, al explicar la doctrina de Cristo a los habitantes de Éfeso, les indicaba que debían exponer la verdad con caridad, con comprensión (cfr. Efesios 4, 15).
La enseñanza de la Biblia es muy clara sobre la indisolubilidad del matrimonio (ver Mateo 19, 3-9). Cuando le preguntan si es lícito el divorcio, sorprende que Jesús da un argumento racional, que consiste en aclarar que hay un «diseño original» sobre el matrimonio, y que lo previsto en ese plan es que sea para siempre.
Ese modelo original creado por Dios es el punto de referencia para aceptar o no el divorcio. Y lo más sorprendente es que la Iglesia siempre ha sostenido que este diseño originario es conocible a través de la razón y que, por eso, es válido para todo ser humano. Por eso, tanto la argumentación a favor del matrimonio como las razones para no aceptar el divorcio son racionales, no arbitrarias ni fideístas.
Defender la indisolubilidad del matrimonio no es una postura confesional, propia y exclusiva de los católicos, ni religiosa, como no lo es defender una opción ecológica de defensa del medio ambiente. Lo que está en juego no es la fe, sino el reconocimiento de que existe un modelo natural de matrimonio válido para todos.
Lo que se discute no es si uno cree o no en la indisolubilidad del matrimonio por la fe católica recibida, sino si le parece un bien razonable, necesario y defendible para la sociedad. No se reflexiona sobre un dato religioso, sino sobre un hecho social.
Lo que está en juego no es el dogma católico, sino el «diseño», la naturaleza del matrimonio mismo. En las leyes sobre el divorcio no se discute sobre el divorcio, sino sobre el propio concepto de matrimonio. Si se afirma que ese modelo original del matrimonio consiste en un vínculo disoluble, y que esa unión puede romperse, entonces se está cambiando el contenido mismo del matrimonio.
Esto significa declarar que todo matrimonio es disoluble. También supone admitir que una persona podría divorciarse varias veces, y eso es equivalente a negar que exista vínculo alguno. En el fondo, se aceptaría que el amor «para siempre» no existe.
La naturaleza indisoluble del matrimonio es razonable y lógica. La demostración está en que todos consideramos como amor verdadero el deseo de permanecer «para siempre» con las personas que amamos. Y cuando un novio le dice a su prometida: «te quiero, pero sólo por un tiempo», o «eres casi la única mujer que amo», pensamos que la está engañando. ¿Esto no le parece a Usted que es una prueba de que el divorcio va en contra de la lógica y del amor? El plan original del matrimonio es un amor exclusivo y para siempre... y esto es razonable.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
Se produjo un error en este gadget.