sábado, 23 de julio de 2016

Comunicación y transparencia, reto de la Iglesia

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Año 12, número 585

Luis-Fernando Valdés



El p. Federico Lombardi finaliza su gestión en la Sala de Prensa de la Santa Sede, dejando un gran legado: la figura del Vocero vaticano se ha convertido en un icono de la apertura informativa de la Iglesia.



Una imagen muy conocida: el Papa Francisco y
p. Lombardi en una conferencia de prensa
en pleno vuelo. (Foto: iglesiaendirecto.com)
1. Un personaje familiar. La figura de los voceros de prensa de los pontífices ya es parte de la vida cotidiana de millones de personas y no sólo en el ámbito católico. Ya es habitual escuchar o leer las noticias del Papa mediante las declaraciones de su vocero.

Durante años el Dr. Navarro Vals nos informó de los viajes y la salud de Juan Pablo II y, desde 2006, el p. Federico Lombardi nos mantuvo al día de los pontificados de Benedicto XVI y del Papa Francisco.

Desde el próximo 1º de agosto será el laico norteamericano Greg Burke, quien tome el relevo en esta función informativa. Burke era corresponsal en Roma para la cadena Fox de Estados Unidos y, en 2012, fue llamado por Benedicto XVI como consultor para la Comunicación de la Secretaría de Estado.

Su nombramiento se produjo entonces en medio de la gran crisis y conmoción causadas por la divulgación de casos de pederastia perpetrada por eclesiásticos, y sus buenos oficios pronto empezaron a surtir efectos positivos. (Ecclesia, 12 jul. 2016)



2. ¿Hace falta un vocero para la Santa Sede? Aunque en el imaginario colectivo, sobre todo de Hollywood, la Iglesia se reduce a unos corruptos clérigos que desean mantener a los fieles en la Edad Media para poder manipularlos, la realidad es que esta institución se sabe adaptar a cada época, pues está llamada a iluminar cada momento de la historia humana y no sólo el pasado.

Por eso, la Iglesia Católica desde el siglo XX –y más desde el Concilio Vaticano II, con la Declaración “Inter mirífica” (1964) sobre los medios de comunicación social– ha mostrado un gran esfuerzo para adecuarse a la época contemporánea caracterizada por la comunicación de masas.

Hoy día, todos exigimos que las instituciones –incluida la Iglesia– nos den información de sus actividades en tiempo real, nos aclaren los malentendidos y den cuenta de sus actuaciones. Por eso, la Santa Sede cuenta con un vocero y recientemente ha reestructurado su organización con una Secretaría de Comunicación (y también muchas diócesis ya cuenta con un vocero).



3. Iglesia y transparencia. La Iglesia Católica –como sujeto y objeto de información– resulta muy compleja porque tiene diversas instancias: unas globales, otras nacionales y locales, que agrupan a más de 1,100 millones de fieles.

Sin embargo, como homenaje al padre Lombardi, hay que decir que la Oficina de Prensa vaticana ha sabido informar a la opinión pública sobre la crisis de la pedofilia y los dos casos de filtración de información clasificada llamados “Vatileaks”, junto con la renuncia de Benedicto XVI, la Sede vacante y el cónclave que eligió a Francisco. Y, aunque ha tenido menos resonancia en los medios, el vocero también ha informado sobre la reforma económica del Vaticano, tema importante para combatir la corrupción.



Seguramente, la imagen de una Iglesia oscurantista siempre será parte de novelas y series de TV, pero la transparencia informativa de la Santa Sede cada vez es más eficaz… Ojalá esta realidad se imponga cada vez sobre aquella ficción.




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