domingo, 18 de enero de 2015

Charly Hebdo, ¿mártires de la libertad?

Año 11, número 506
Luis-Fernando Valdés

Esta semana, la escena internacional nos ha puesto en primer plano el tema religioso. Fueron sepultados los dibujantes asesinados en Francia por terroristas islámicos. La sensibilidad religiosa y la libertad de expresión quedaron en dialéctica. ¿Habrá una solución?


Cuando se nos presentan de modo antagónico la libertad de opinión y la violencia para exigir respeto a las creencias religiosas, la solución consiste en volver al fundamento de ambas, que es el respeto a la dignidad de la persona. Cada ser humano es único e irrepetible, porque tiene una naturaleza espiritual.

Sólo después, en función de esta dignidad, se ubican tanto el respeto a las creencias y los valores como el cuidado de la libre manifestación de las ideas. La dignidad personal puede ser atropellada de dos maneras: por una libertad que insulta al otro, y por el que mata por sentirse insultado.

1) Nunca es bueno ni correcto matar a nombre de Dios. Mientras se llevaban a cabo los funerales de los miembros de la revista satírica, el Papa Francisco hizo un viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas.

Antes de partir, el Pontífice aprovechó un encuentro con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede para volver a pedir a los líderes políticos y religiosos mundiales, “especialmente a los musulmanes”, que condenen “cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión que pretenda justificar actos de violencia” como los perpetrados días atrás en París.

El Santo Padre aseguró también que, en el fondo, “el fundamentalismo religioso rechaza a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico”.

2) Los abusos de la libre expresión. Esta semana la Charly Hebdo vendió millones de ejemplares. Sin duda fue una manifestación popular de rechazo a la violencia y de tutela a la libertad de expresión. Pero, quizá sin pretenderlo se puede interpretar también como un mensaje de que esta libertad está por encima de los sentimientos y valores de las personas.

Ante el atentado a la revista satírica hay dos aspectos, que es importante no confundir. No se trató de una masacre contra la libertad de expresión, sino una horrible y nunca justificada respuesta ante el atropello de la sensibilidad religiosa.

Es deplorable el homicidio de cualquier persona con motivo de sus opiniones, pero estos asesinatos no convierten en algo bueno las faltas de respeto cometidas por los dibujantes. El fundamentalismo religioso fue una reacción contra el abuso de la liberta de expresión.

Cuestionado sobre este atentado en París, durante la conferencia de prensa en el avión rumbo a Filipinas, el Papa Francisco condenó la violencia a nombre de la religión y, a la vez, rechazó que sea bueno burlarse de las creencias de los demás.

Afirmó por una parte que, “cada uno tiene el derecho de practicar la propia religión, sin ofender, libremente... no se puede ofender, hacer una guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios”.

Y por otra, habló de “la obligación de decir lo que se piensa para ayudar al bien común... pero sin ofender. (…) no se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás... Hay un limite, y en la libertad de expresión también hay limites”.

Cuando estos límites se traspasan, se convierten en un abuso de esa libertad. Y el abuso nunca debe ser apoyado, sino tolerado. Debe pues quedar claro que condenamos a los terroristas por ser intolerantes, pero que no canonizamos a las víctimas de la revista como mártires de la libertad de expresión, al menos no de aquella libertad que respeta la sensibilidad del otro. 

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