domingo, 28 de diciembre de 2014

Reflexiones de fin de año

Año 10, número 503
Luis-Fernando Valdés

Terminamos el 2014, año rico tanto en acontecimientos hermosos como en tragedias. Y, aunque al final, el año parece sombrío, tenemos la oportunidad de hacer un buen balance personal para buscar que 2015 sea de verdad mejor.

Cuando los medios nos ofrecen una revisión del año que está por terminar, el panorama lo dominan las tragedias: las crisis políticas y militares, como las de Ucrania y Corea del Norte; el fanatismo islámico, con sus decapitaciones y atentados; el narcotráfico y todas sus tristes matanzas y secuestros; la pandemia del ébola en África y un largo etcétera.

Sin embargo, debemos reconocer que, detrás de las situaciones globales de la vida política, económica y social siempre hay historias individuales. Aunque parezca que los destinos de toda una civilización están en manos de unos pocos poderosos, la historia en realidad se mueve también por la actuación de las personas individuales que deciden vivir una vida llena de sentido, de valores y de fe; o bien, esa misma historia se ve afectada por quienes llevan una existencia mediocre, que pacta con los defectos personales, con la corrupción y se justifica para no ser solidario.

Ante las tragedias, pequeñas y grandes, de nuestra sociedad y del mundo, siempre debe haber un espacio para la reflexión personal, y ver si somos personas que, con nuestros valores y nuestras acciones, ayudamos a mejorar nuestro entorno familiar y laboral.

Fue muy llamativo que el Papa Francisco, en la tradicional reunión de fin de año con la Curia romana, pronunciara un discurso en el que invitó a los cardenales, obispos y otros funcionarios a reflexionar sobre sus posibles fallos y defectos, que afectan a los demás.

El Pontífice les habló de un elenco de “enfermedades”, o sea del mal funcionamiento en el servicio a la Iglesia, con una clara finalidad: reconciliarse con Dios. Esa invitación también es válida para el resto de los ciudadanos: hacer un examen personal para luego pedir perdón a Dios y a los demás.

Veamos algunas de ellas. La enfermedad de sentirse “inmortal”, “inmune” o incluso “indispensable” en la propia labor profesional. Quien no se autocrítica, que no se actualiza, que no trata de mejorarse es un cuerpo enfermo. Es la enfermedad de aquellos que se transforman en patrones y se sienten superiores a todos y no al servicio de todos.

También está la enfermedad de la “fosilización” mental y espiritual. Es decir, aquellos que poseen un corazón de piedra. Se trata de los que pierden la sensibilidad humana necesaria para llorar con quienes lloran y alegrarse con aquellos que se alegran

El Santo Padre también destacó el “alzheimer espiritual”, que se observa en “quien ha perdido la memoria de su encuentro con el Señor y depende sólo de sus propias pasiones, caprichos y manías y construye a su alrededor muros y costumbres”.

“Las habladurías y los cotilleos”, son otra de las enfermedades citadas por el Pontífice, así como la de “divinizar a los jefes”, al ser “víctimas del carrerismo y del oportunismo” pensando sólo en lo que se quiere obtener y no en lo que se debe ofrecer.

Si nos examinamos de todo esto, seguramente descubriremos que podemos cambiar nuestro enfoque en el modo de trabajar y de servir a los demás. Y con este nuevo paradigma, al menos nuestra historia personal contribuirá a reducir la corrupción y las fricciones. Y así, en 2015, podremos ser repartidores de paz, constructores de solidaridad.

Les deseo a todos los lectores y a sus familias estupendo Año nuevo, lleno de bendiciones.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Navidad: somos familia de Dios

Año 10, número 502
Luis-Fernando Valdés


En medio de la crisis social por la que atravesamos, la Navidad viene darnos una esperanza de paz verdadera, que nos hace ver que nuestras vidas están llenas de amor y de paz, si creemos que Dios ha nacido.

Se acerca la Navidad y es un buen momento para reflexionar sobre su auténtico sentido. Festejamos un hecho religioso: Dios se hizo un ser humano, y quiso nacer en el seno de una familia. Y por esto Dios ha llenado de luz nuestras vida, porque ilumina lo más profundo de nuestra existencia: el amor.

En la gruta de Belén, hace 2014 años, una joven doncella, María de Nazaret dio a luz al hijo que había concebido virginalmente. Este Niño, que lleva por nombre Jesús, es Dios que entra al mundo como hombre de verdad. Se cumplió así la profecía de Isaías (7,14): este bebé es “Dios-con-nosotros”.

En Jesucristo, Dios quiso vivir nuestra vida humana. Desde entonces todo lo humano quedó elevado al plano divino. Y la puerta por la que Dios quiso asumir nuestra condición humana es la familia.

Los relatos bíblicos del Nacimiento de Jesús tienen como centro a la familia. En ella Jesús nace, y se deja cuidar por María y José, que ponen sus vidas al servicio del Niño. Por eso, la familia es la protagonista de la Navidad.

Y así como Dios entró al mundo mediante una familia, quiso salvar del pecado y de la muerte al hombre, también mediante una familia: es la familia de Dios, la Iglesia, que es la comunidad de los fieles que creemos en Cristo.

Jesús vino a expresarnos su amor viviendo largos años con sus padres y trabajando con sus manos. Y cuando dejó la casa paterna, lo hizo para fundar esta otra familia, la familia de Dios, por la cual ahora somos hijos de Dios-Padre, hermanos de Cristo mediante la acción del Espíritu Santo.

Ésta es la realidad que celebramos en la Navidad. En la Noche Buena nos reunimos en familia, para agradecerle a Dios, que mediante la Sagrada Familia de Jesús, María y José, le ha dado un sentido divino al amor humano que experimentamos padres e hijos.

El amor a nuestra familias se convertido en la manera como nos podemos conectar con el amor de Dios. El calor de nuestra familia es un cauce central para que redescubramos la cercanía de Dios, porque Dios ha querido reflejar su amor en el cariño de los miembros de una familia.

Al experimentar el amor de nuestras familias, todos nos sentimos seguros, amados y llenos de paz. Y entendemos que, cuando estamos cerca de Dios, encontramos el fundamento grande e inconmovible de esa seguridad, ese amor y esa paz.

Y así empieza a brillar de nuevo la esperanza en nuestras vidas. Aunque la situación social, la cuestión económica, la enfermedad son problemas reales, de la mano de Jesús, el Dios-con-nosotros, y en la cercanía de nuestras familias, tenemos la verdadera fuerza interior para no dejarnos vencer por el pesimismo, y para llenar de nuevo al mundo de amor y de esperanza.

Navidad es tiempo de rezar para que las familias permanezcamos unidas, para que los padres y los hijos se reconcilien, para que los hermanos se perdonen y se amen, para que seamos agradecidos unos con otros y siempre nos apoyemos.

Aprovechemos las fiestas navideñas para elevar nuestra súplicas pidiendo que las familias pueden cumplir la misión que Dios les ha confiado: la de reflejar el amor divino y que así vuelva la esperanza a nuestra sociedad.

Les deseo a todos ustedes, queridos lectores, y a sus familias una santa Navidad, en la que brille la esperanza de la paz, y que sintamos la alegría de ser parte de la familia de Dios.

domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Señales de paz?

Año 10, número 501
Luis-Fernando Valdés

En medio de días complicados para nuestro País y para tantas regiones de América Latina y del mundo, el Santo Padre celebra a la Virgen de Guadalupe en la Basílica de San Pedro. Francisco nos envía un mensaje de esperanza, mediante signos. ¿Sabes cuáles son?

Por primera vez en la historia, un Papa latinoamericano celebró la Misa de la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de San Pedro en Roma. La Eucaristía fue celebrada en castellano (en esta basílica ordinariamente las ceremonias son en latín o en italiano) y se utilizaron los cantos de la “Misa criolla”.

La música compuesta en Argentina para festejar a la Virgen aparecida en México, en el corazón de la Iglesia católica, son gestos con un alto significado para mantener la esperanza de paz en todo el mundo.

El acontecimiento guadalupano constituye la apertura del cristianismo más allá de las culturas europeas, y el enraizamiento de la fe en nuevas lenguas, nuevas historias y nuevas sensibilidades, como las de los tlaxcaltecas, mexicas, etc.

La Virgen morena, que habló con Juan Diego en náhuatl y que lleva un códice en su vestido, representa que el cristianismo tiene la capacidad de dar sentido a cada momento de la historia, sin tener que quedarse atado a una época y a un lugar determinados.

La “Misa criolla” fue compuesta por el argentino Ariel Ramírez en los años 60, cuando el Concilio Vaticano II busca una reforma litúrgica que, fiel a la tradición, pudiera ayudar a los cristianos de hoy.

Así surgió esta obra musical que sigue los textos litúrgicos que se utilizan en la Eucaristía, con ritmos musicales folclóricos argentinos. El arte logró interpretar y expresar la profundidad de la búsqueda y el deseo del Concilio.

Sobre estos dos signos, resulta muy acertada la observación del sacerdote bonaerense, Fabian Báez: “La Misa Criolla del extremo sur de América Latina, la fiesta de la Virgen de Guadalupe, de su extremo norte, ambos como polos que unen y contienen a toda la región. Un encuentro de la fe, la historia y el arte de Latinoamérica celebrados en Roma, en el corazón de eso que llamamos Occidente. Como si quisiera decir el Papa a todo el mundo que América Latina, ‘el continente de la esperanza’ empezara a ser para el mundo una luz hacia la cual hay que mirar…”

En su homilía, el Santo Padre afirmó que “América Latina es el continente de la esperanza”, también “porque de ella se esperan nuevos modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora”.

El Pontífice explicó que este desarrollo que armoniza la fe religiosa y progreso humano tiene su fundamento que el hecho de que “la Santa Madre de Dios no sólo visitó a estos pueblos sino que quiso quedarse con ellos… Por eso, nosotros, hoy aquí, podemos continuar alabando a Dios por las maravillas que ha obrado en la vida de los pueblos latinoamericanos.”

Así como en el s. XVI la apertura de todo un pueblo a la fe religiosa cristiana logró pacificar la aún revuelta Tenochtitlan, muchos esperamos que también nuestro continente alcance la paz, mediante el redescubrimiento de un “algo más allá” supere la violencia, la explotación y la pobreza.

Hoy día, América Latina es un continente plural en cuanto a la diversidad de confesiones religiosas y de opciones políticas, pero la respuesta de cada uno a su fe seguirá siendo el motor de cambio para conseguir la paz.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Fundamentalismo islámico: ¡ya basta!

Año 10, número 500
Luis-Fernando Valdés

Las noticias sobre atentados y crueldades por parte de fundamentalistas islámicos en África y Asia cada vez son más frecuentes y más espeluznantes. Hay que ponerles un alto. ¿Qué hacen los líderes religiosos mundiales para detenerlos?

El Papa con el máximo líder musulmán de
Turquía, Prof. Mehmet Gormes.
Las barbaries de estos grupos armados se están multiplicando. Son hecho horribles que no se deben ignorar, porque –junto con las respuestas políticas y militares– la presión de la opinión pública es una pieza clave para detener a estas milicias radicales.
Recientemente, Boko Haram, un movimiento yihadista suní que pelea por revivir un califato islamista en el norte de Nigeria, detonó tres bombas en una mezquita en la ciudad de Kano, con un saldo de 100 personas fallecidas y 135 heridos (29 noviembre 2014).
Este mismo grupo tomó la ciudad de Chibok, en el noreste de Nigeria, donde hace más de seis meses fueron secuestradas 276 adolescentes, de las que 219 siguen desaparecidas. Simultáneamente, el mismo Boko Haram realizó un atentado suicida que mató a seis personas, incluidos tres policías, en una gasolinera de Kano (14 noviembre).
Por su parte, los yihadistas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) continúan realizando matanzas: ejecutaron en público a 36 sunitas de una tribu, incluyendo mujeres y niños, en la aldea Ras al-Maa, al norte de Ramadi (3 noviembre); asesinaron de 322 personas integrantes del clan Albunamr de creencia sunita, en la provincia de Al Anbar (Irak); ejecutaron a 160 soldados en el norte de Siria y decapitaron y crucificaron a miembros de la tribu árabe Al-Sheitaat (29 agosto).
Estos datos son sólo una muestra, pues han ocurrido más atentados que aquí no reseñamos. Ante este panorama, hace falta poner un alto a gran escala. Desde el punto de vista militar, Estados Unidos en coalición con 40 naciones está organizando combates contra el ISIS.
Pero también se echa en falta un esfuerzo de los líderes religiosos para denunciar que las acciones del ISIS no tienen nada que ver con la verdadera práctica religiosa. Y, precisamente, con motivos de su reciente viaje a Turquía, el Papa Francisco ha pedido a las autoridades religiosas islámicas que condenen a los terroristas.
Durante esa visita, el Santo Padre pronunció, ante el dirigente islámico de mayor jerarquía en Turquía, Mehemet Gormez, un discurso en el que condenó el uso de la religión para justificar la violencia.
El Obispo de Roma afirmó: “Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos”. Y aseveró que “la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz” (28 noviembre).
En el vuelo de regreso a Roma, el Pontífice contó a los periodistas que le dijo al presidente de Turquía Erdogan “que sería muy hermoso condenarlos claramente; lo deberían hacer con los líderes académicos, religiosos, intelectuales y políticos. Así lo escucharían de la boca de sus líderes. Necesitamos una condena mundial por parte de los musulmanes; que digan: ‘No; ¡El Corán no es esto!’.”
Es bastante admirable la particular valentía del Papa, que junto con la denuncia y condena de los terroristas trata con delicadeza y finura a los fieles islámicos que son pacifistas. Esta actitud de Francisco es la mejor refutación a algún vaticanista que lo ha tildado de callar ante la violencia islamista. Esperemos que la propuesta del Pontífice dé resultado y los líderes musulmanes condenen a los yihadistas.

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