sábado, 6 de diciembre de 2014

Fundamentalismo islámico: ¡ya basta!

Año 10, número 500
Luis-Fernando Valdés

Las noticias sobre atentados y crueldades por parte de fundamentalistas islámicos en África y Asia cada vez son más frecuentes y más espeluznantes. Hay que ponerles un alto. ¿Qué hacen los líderes religiosos mundiales para detenerlos?

El Papa con el máximo líder musulmán de
Turquía, Prof. Mehmet Gormes.
Las barbaries de estos grupos armados se están multiplicando. Son hecho horribles que no se deben ignorar, porque –junto con las respuestas políticas y militares– la presión de la opinión pública es una pieza clave para detener a estas milicias radicales.
Recientemente, Boko Haram, un movimiento yihadista suní que pelea por revivir un califato islamista en el norte de Nigeria, detonó tres bombas en una mezquita en la ciudad de Kano, con un saldo de 100 personas fallecidas y 135 heridos (29 noviembre 2014).
Este mismo grupo tomó la ciudad de Chibok, en el noreste de Nigeria, donde hace más de seis meses fueron secuestradas 276 adolescentes, de las que 219 siguen desaparecidas. Simultáneamente, el mismo Boko Haram realizó un atentado suicida que mató a seis personas, incluidos tres policías, en una gasolinera de Kano (14 noviembre).
Por su parte, los yihadistas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) continúan realizando matanzas: ejecutaron en público a 36 sunitas de una tribu, incluyendo mujeres y niños, en la aldea Ras al-Maa, al norte de Ramadi (3 noviembre); asesinaron de 322 personas integrantes del clan Albunamr de creencia sunita, en la provincia de Al Anbar (Irak); ejecutaron a 160 soldados en el norte de Siria y decapitaron y crucificaron a miembros de la tribu árabe Al-Sheitaat (29 agosto).
Estos datos son sólo una muestra, pues han ocurrido más atentados que aquí no reseñamos. Ante este panorama, hace falta poner un alto a gran escala. Desde el punto de vista militar, Estados Unidos en coalición con 40 naciones está organizando combates contra el ISIS.
Pero también se echa en falta un esfuerzo de los líderes religiosos para denunciar que las acciones del ISIS no tienen nada que ver con la verdadera práctica religiosa. Y, precisamente, con motivos de su reciente viaje a Turquía, el Papa Francisco ha pedido a las autoridades religiosas islámicas que condenen a los terroristas.
Durante esa visita, el Santo Padre pronunció, ante el dirigente islámico de mayor jerarquía en Turquía, Mehemet Gormez, un discurso en el que condenó el uso de la religión para justificar la violencia.
El Obispo de Roma afirmó: “Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos”. Y aseveró que “la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz” (28 noviembre).
En el vuelo de regreso a Roma, el Pontífice contó a los periodistas que le dijo al presidente de Turquía Erdogan “que sería muy hermoso condenarlos claramente; lo deberían hacer con los líderes académicos, religiosos, intelectuales y políticos. Así lo escucharían de la boca de sus líderes. Necesitamos una condena mundial por parte de los musulmanes; que digan: ‘No; ¡El Corán no es esto!’.”
Es bastante admirable la particular valentía del Papa, que junto con la denuncia y condena de los terroristas trata con delicadeza y finura a los fieles islámicos que son pacifistas. Esta actitud de Francisco es la mejor refutación a algún vaticanista que lo ha tildado de callar ante la violencia islamista. Esperemos que la propuesta del Pontífice dé resultado y los líderes musulmanes condenen a los yihadistas.

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