domingo, 27 de abril de 2014

¿Por qué canonizan juntos a dos Papas?

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Año 10, número 468

Luis-Fernando Valdés



El Papa Francisco declaró santos a Juan XXIII y Juan Pablo II. Es la primera vez que dos Pontífices son canonizados juntos. ¿Qué significado tiene el “Papa bueno” y el “Papa viajero” sean honrados en una misma ceremonia?
 
Los nuevos santos en la fachada de San Pedro (foto editada con photoshop).
Con gran alegría de los católicos del mundo entero, Su Santidad Francisco canonizó este domingo a dos Papas muy queridos en la Iglesia. Ambos tienen en común, que participaron activamente en el Concilio Vaticano II, que es lo que seguramente el Papa quiere destacar.

Para entender la importancia de este Concilio celebrado entre 1962 y 1965, hay que visualizar que en el siglo XX el mundo entero sufrió un profundo cambio cultural, que cambió completamente la visión de la vida a miles de millones de personas.

El mundo venía saliendo de una Guerra de alcance mundial, en la que se empleó alta tecnología para destruir (aviones bombarderos, submarinos, bombas atómicas), que produjo decenas de millones de muertos y de heridos, ciudades arrasadas y la tragedia del Holocausto.

El resultado final de la Guerra fue un mundo totalmente diferente: nueva geopolítica (Guerra Fría), una generación huérfana, un gran nihilismo (la “naúsea” de Sartre), una disminución en la práctica religiosa cristina, el predominio de la tecnología y los inicios de la “aldea global” (Marchal McLuhan).

Entonces, ¿que le podía decir la Iglesia a este nuevo mundo? Elegido en octubre de 1958 como Papa, Angelo Giuseppe Roncalli, convocó la celebración de un concilio ecuménico (con prácticamente todos los obispos católicos del mundo), para renovar la visión que la Iglesia tenía de sí misma y entonces poder responder a los retos de un mundo nuevo.

Por eso, el Concilio Vaticano II es el punto de referencia vigente para entender el papel de la Iglesia en el mundo de hoy. Fue un concilio pastoral, de renovación de planteamientos y métodos para buscar respuestas a los temas centrales de la paz, la familia, la cultura, el ecumenismo, la economía global, etcétera.

Por su parte, cuando Karol Joseph Wojtyla fue elegido como Papa en octubre de 1978, la Iglesia sufría una gran crisis interna tanto doctrinal como disciplinar, y el mundo estaba dividido en dos bloques: Occidental (EUA) y Oriental (Rusia soviética). Recibió un mundo sin esperanza (perdida por el terrorismo, guerras, hambrunas, pobreza, escepticismo).

Y con sus viajes, Juan Pablo II continuó la puesta en marcha del programa trazado por el Vaticano II, que ya Pablo VI había comenzado. Y así el Pontífice llegado de Polonia se convirtió el gran “testigo de esperanza” y en un luchador de la paz mundial. El Papa Wojtyla mostró al mundo que Cristo está cerca, y lo hizo con su propia vida, pues fue un hombre de oración, que aceptó su cruz con alegría.

Pero no sólo eso, Juan Pablo II en sus 27 años de pontificado escribió 14 encíclicas y decenas de documentos importantes que ayudaron a interpretar correctamente el Concilio. Además convocó varios sínodos de obispos para dar orientación pastoral a cada uno de los cinco continentes.

Ambos Papas consolidaron un nuevo estilo del Papado, muy acorde con los nuevos tiempo, pues fueron Pontífices muy cercanos a la gente, con un gran sentido de la misericordia con los que se equivocan y con los que sufren.

Con esta doble canonización, el Papa Francisco nos dice que el mensaje de esperanza del Concilio Vaticano II sigue en marcha, y resalta que ahora mismo la Iglesia debe buscar la cercanía con todas las personas, especialmente las alejadas.


domingo, 20 de abril de 2014

La vida desconocida de Juan Pablo II

Año 10, número 467
Luis-Fernando Valdés

El próximo domingo será canonizado el Papa Wojtyla, quizá el personaje que ha sido conocido por más personas en el mundo contemporáneo. Un Pontífice viajero y un hombre mediático, del que sin embargo, pocos conocen su interior. ¿Cuál es el mundo secreto de Juan Pablo II?
La oración es la clave poco conocida del pontificado de Juan Pablo II.

Este gran Papa realizó una gran labor pastoral, doctrinal y disciplinar durante los 27 años de su pontificado. Fallecido hace 9 años, Karol Wojtyla dejó una enorme herencia de encíclicas y documentos, de sínodos de obispos, de Jornadas mundiales de la juventud, de millares de kilómetros recorridos en sus viajes apostólicos.
Esa enorme capacidad de acción, junto con su gran don de gentes, ha sido quizá una nube involuntaria que cubrió lo más importante del Papa polaco: su vida interior, su vida mística de trato continuo con Dios, que es el gran secreto de su eficacia pastoral.
Desde muy jovencito, Karol tuvo una gran inquietud por el encuentro personal con Dios, mediante la experiencia de la oración y de la meditación. Importante para su crecimiento espiritual fue la persona de un sastre, Jan Tyranowski, quien le dio a leer a San Juan de la Cruz, cuando Karol tenía 20 años.
Cuando tenía 21 años, su padre falleció mientras él estaba cubriendo su turno de trabajo en la cantera Solvay, en Cracovia. Huérfano de madre desde hacía unos años, y habiendo perdido a sus dos hermanos, el joven Karol veló a su padre toda la noche. Fruto de esas largas horas de oración fue la decisión de ser sacerdote.
Esta actitud de unirse a Dios mediante la oración y la Eucaristía la cultivó durante toda su vida. Su amigo Andrzej Maria Descur, que llegó a ser cardenal, le compartió su departamento romano durante el cónclave para elegir al sucesor de Juan Pablo I, en octubre de 1978. Comenta que descubrió que el entonces cardenal de Cracovia se pasaba las noches rezando largas horas en la capilla, tumbado boca abajo.
Esa fue la manera cómo el elector polaco pedía a Dios por el futuro Papa, que resultó ser él mismo. Más que apostar por pactos entre cardenales, Wojtyla estaba convencido que el cónclave sería resultado de la gracia de Dios.
De igual manera, el gran éxito en sus viajes tenía como fundamento su intensa vida de oración diaria. Iniciaba el día temprano y pasaba un largo rato en la capilla, luego celebraba la Misa, aunque más tarde tuviera otra Eucaristía con las multitudes, y durante el día rezaba la Liturgia de las Horas y el Santo Rosario.
Desde su juventud Karol Wojtyla comprendió que la devoción a Santa María conlleva siempre un encuentro con Cristo. Por eso, tomó como lema episcopal “Totus tuus”, que significa “soy todo tuyo”, refiriéndose a la Virgen.
Hay una foto que plasma la síntesis entre oración y acción pastoral de Juan Pablo II. En Manila, durante la JMJ de 1995, el Papa se dirigía en helicóptero a la Misa con cinco millones de personas. El fotógrafo captó al Pontífice mirando a la multitud por la ventanilla, mientras levantaba el Rosario en la mano derecha. Rezar por esas personas era el secreto.
La ya próxima elevación a los altares de Juan Pablo II tendrá una gran variedad de significados, pues son muchas las facetas de la vida que ha iluminado con su vida santa y con su pontificado.
Pero sin duda, un aspecto importante que esta canonización quiere poner de relieve es que la revitalización de la Iglesia, depende siempre de que cada pastor, cada padre de familia y cada hijo un cristiano que esté espiritualmente unido a Jesucristo, mediante la oración y la Eucaristía. Ésta es quizá el legado más valioso –aunque sea poco conocido– que nos ha dejado Juan Pablo II.

domingo, 13 de abril de 2014

La prueba de santidad de Juan Pablo II


Año 10, número 466
Luis-Fernando Valdés

Faltan un par de semanas para que Juan Pablo II sea canonizado por el Papa Francisco. Su fama como hombre de Dios es indiscutible. Pero no todos conocen qué milagro realizó como señal de que es santo. Hoy presentamos esa “prueba de santidad”.
Floribeth Mora, curada por Juan Pablo II.
Para canonizar (declarar a santa) a una persona, la Iglesia primero recoge el testimonio de testigos directos. Después de un estudio detallado de su vida, certifica que el candidato vivió “heroicamente” (plenamente) las virtudes cristianas.
Lo siguiente es que Dios mismo certifique que ese candidato sí está en el Cielo. Y lo hace concediendo un milagro, atribuido a la intercesión de ese siervo de Dios. La Santa Sede recibe los posibles milagros y los somete a un estudio técnico, para certificar que en ese evento no tiene explicación natural ni científica. Sólo entonces se procede a la canonización.
En el caso de Juan Pablo II se han recopilado muchos posibles milagros de diversas partes del mundo. El postulador de la causa de canonización escogió el caso de la costarricense Floribeth Mora Díaz, curada inexplicablemente de un aneurisma cerebral. Valentina Alazraki lo documenta en su más reciente libro, “El santo que conquistó el mundo” (Planeta, 2014, pp. 127ss).
El 8 de abril de 2011, Floribeth tuvo un fortísimo dolor de cabeza, la llevaron al hospital donde diagnosticaron una severa migraña. Los dolores continuaron. Tres días después mediante una tomografía descubrieron que una arteria del cerebro goteaba, pero ésta se encontraba en una zona inaccesible del cerebro. Los médicos le dieron un mes de vida.
Floribeth le pedía a Edwin, su marido, “no me dejes morir”. Los médicos les dijeron que quizá en México o en Cuba la podrían operar, pero que el riesgo de morir o quedar como vegetal era muy alto. Entonces Edwin se sentó en una banca afuera del hospital, llorando. Y empezó a rezar a Juan Pablo II:
“Dios mío, ayúdame. Karol Wojtyla, Juan Pablo II, no me deje solo, no me deje solo, ayúdeme, creo en usted, Santo Papa. Juan Pablo II usted es un santo para mí, ayúdame, ayúdeme”.
El día 1º de mayo, justo el día de la beatificación del Papa polaco, toda la familia acudió a la vigilia de oración en el Estadio de San José, para pedirle el milagro al nuevo beato. Aunque Floribeth no pudo asistir, pensaba: “Juan Pablo II para mí no es santo porque fuera un hombre perfecto, yo lo veo santo porque en su humanidad nos enseñó a sobrellevar el sufrimiento, el dolor y la enfermedad”.
Ella siguió la transmisión completa de la Beatificación por televisión, a las 2:30 de la mañana local. Se durmió y despertó como a las 8.30 de la mañana. “Cuando me levanté … yo estaba observando una revista en cuya portada estaba Juan Pablo II. Me persigné, como todos los días, dándole gracias al Señor por un nuevo día; me quedé viendo la revista … y me quedé admirada, observando, y escuchaba su voz que me decía: ‘Levántate, no tengas miedo’. Vi sus manos que me hacían un gesto, invitándome a levantarme. Me quedé sorprendida, seguía mirando la revista y le dije: ‘Sí, Señor’.”
Seis meses después, le practicaron otra resonancia y ya no estaba el aneurisma. Otros meses más tarde, en otro estudio tampoco encontraron nada y ni siquiera secuelas. La ciencia médica no conoce estudios de que un aneurisma desaparezca espontáneamente.
Juan Pablo II está junto a Dios, por eso es un gran intercesor. Nuestro añorado Papa desde el Cielo continúa realizando la misión que ejerció aquí en la Tierra: hacernos saber y sentir que Dios está muy cercano.

sábado, 5 de abril de 2014

Por fin, una Iglesia creíble


Año 10, número 465
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco inició una gran “revolución” cuando renunció a los Palacios vaticanos y a la limusina papal… y cuando destituyó al “obispo de lujo”. Recientemente, los fieles de Atlanta armaron una “rebelión” pidiendo cuentas a su arzobispo por despilfarrador. ¿Qué hay detrás?

Mons. Gregory, obispo de Atlanta.
El Pontificado de Francisco ha estado marcado desde el inicio por una vuelta a la austeridad evangélica. Además de su ejemplo personal, el Santo Padre también ha exhortado a los obispos a ser desprendidos y ha tomado decisiones importantes, que han dado esta impronta a su gestión como Pastor supremo.
Primero, el Romano Pontífice pidió en Brasil a los obispos que sean “hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida”, que sean “hombres que no tengan ‘psicología de príncipes’.” [ABC.es]
Y con motivo del reciente Consistorio, el Papa les pidió a los nuevos cardenales que recibieran esta designación “con un corazón sencillo y humilde”, y que aunque lo hicieran con alegría y con gozo, intentaran “que este sentimiento se aleje de cualquier expresión mundana, de cualquier celebración ajena al espíritu evangélico de austeridad, sobriedad y pobreza”. [La razón SLP]
Después, el Vaticano tomó como medida para reducir su propio déficit suspender el pago de horas extraordinarias, renovar o realizar nuevos contratos y otorgar promociones al personal (20 febrero 2014). [Excelsior.com]
Además, el pasado 27 de marzo, el Papa finalmente aceptó la dimisión del obispo alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, al que había apartado temporalmente de su cargo tras conocerse sus gastos excesivos en la construcción de la residencia episcopal. [Excelsior.com]
Por otra parte, en días pasados, los fieles de la diócesis de Atlanta, en sintonía con este mensaje de austeridad, protestaron a su arzobispo, Mons. Wilton Gregory, por haber construido una mansión de 2.2 millones de dólares.
El arzobispo Gregory se disculpó ante sus fieles por el mal ejemplo y la falta de solidaridad. Escribió: “no consideré el impacto que tendría para las familias (…), las cuales a pesar de tener dificultades para pagar sus hipotecas, sus servicios públicos, sus matrículas y otras cuentas, responden fielmente año tras año a mi solicitud de ayudar financieramente a nuestros ministerios y servicios”. [The Georgia Bulletin]
Los gestos de austeridad del Papa Bergoglio son impresionantes y están devolviendo credibilidad a la Iglesia. En efecto, nuestra cultura actual es más sensibles a las imágenes que a los discursos, cree más a los hechos que las argumentaciones. Y el Santo Padre ha “traducido” en imagen y hechos el mensaje de Jesús, que promete la bienaventuranza a los pobres de espíritu (cfr. Mateo 5,3).
Pero además, el Pontífice nos ha enviado otra gran señal: que como responsable máximo de la Iglesia no está dispuesto a solapar a los obispos que no vivan conforme al estilo de vida austero de Jesucristo.
Con esa firmeza, los fieles empiezan a recuperar la confianza en el gobierno de la Iglesia. Lo que la gente espera de sus pastores es que vivan con sintonía con los valores cristianos. Por eso, en Georgia no vemos una “rebelión”, sino una protesta válida ante la falta de autenticidad.
Para que esta “revolución de Bergoglio”, como ya la llaman varios periodistas, llegue a fondo hace falta dar otro gran paso. Ahora sigue que cada uno de los fieles católicos –de modo personal– empecemos a adoptar este estilo de vida austero. Sólo así la Iglesia volverá a ser plenamente un signo de credibilidad del mensaje de Jesús.
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