sábado, 5 de abril de 2014

Por fin, una Iglesia creíble


Año 10, número 465
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco inició una gran “revolución” cuando renunció a los Palacios vaticanos y a la limusina papal… y cuando destituyó al “obispo de lujo”. Recientemente, los fieles de Atlanta armaron una “rebelión” pidiendo cuentas a su arzobispo por despilfarrador. ¿Qué hay detrás?

Mons. Gregory, obispo de Atlanta.
El Pontificado de Francisco ha estado marcado desde el inicio por una vuelta a la austeridad evangélica. Además de su ejemplo personal, el Santo Padre también ha exhortado a los obispos a ser desprendidos y ha tomado decisiones importantes, que han dado esta impronta a su gestión como Pastor supremo.
Primero, el Romano Pontífice pidió en Brasil a los obispos que sean “hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida”, que sean “hombres que no tengan ‘psicología de príncipes’.” [ABC.es]
Y con motivo del reciente Consistorio, el Papa les pidió a los nuevos cardenales que recibieran esta designación “con un corazón sencillo y humilde”, y que aunque lo hicieran con alegría y con gozo, intentaran “que este sentimiento se aleje de cualquier expresión mundana, de cualquier celebración ajena al espíritu evangélico de austeridad, sobriedad y pobreza”. [La razón SLP]
Después, el Vaticano tomó como medida para reducir su propio déficit suspender el pago de horas extraordinarias, renovar o realizar nuevos contratos y otorgar promociones al personal (20 febrero 2014). [Excelsior.com]
Además, el pasado 27 de marzo, el Papa finalmente aceptó la dimisión del obispo alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, al que había apartado temporalmente de su cargo tras conocerse sus gastos excesivos en la construcción de la residencia episcopal. [Excelsior.com]
Por otra parte, en días pasados, los fieles de la diócesis de Atlanta, en sintonía con este mensaje de austeridad, protestaron a su arzobispo, Mons. Wilton Gregory, por haber construido una mansión de 2.2 millones de dólares.
El arzobispo Gregory se disculpó ante sus fieles por el mal ejemplo y la falta de solidaridad. Escribió: “no consideré el impacto que tendría para las familias (…), las cuales a pesar de tener dificultades para pagar sus hipotecas, sus servicios públicos, sus matrículas y otras cuentas, responden fielmente año tras año a mi solicitud de ayudar financieramente a nuestros ministerios y servicios”. [The Georgia Bulletin]
Los gestos de austeridad del Papa Bergoglio son impresionantes y están devolviendo credibilidad a la Iglesia. En efecto, nuestra cultura actual es más sensibles a las imágenes que a los discursos, cree más a los hechos que las argumentaciones. Y el Santo Padre ha “traducido” en imagen y hechos el mensaje de Jesús, que promete la bienaventuranza a los pobres de espíritu (cfr. Mateo 5,3).
Pero además, el Pontífice nos ha enviado otra gran señal: que como responsable máximo de la Iglesia no está dispuesto a solapar a los obispos que no vivan conforme al estilo de vida austero de Jesucristo.
Con esa firmeza, los fieles empiezan a recuperar la confianza en el gobierno de la Iglesia. Lo que la gente espera de sus pastores es que vivan con sintonía con los valores cristianos. Por eso, en Georgia no vemos una “rebelión”, sino una protesta válida ante la falta de autenticidad.
Para que esta “revolución de Bergoglio”, como ya la llaman varios periodistas, llegue a fondo hace falta dar otro gran paso. Ahora sigue que cada uno de los fieles católicos –de modo personal– empecemos a adoptar este estilo de vida austero. Sólo así la Iglesia volverá a ser plenamente un signo de credibilidad del mensaje de Jesús.
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