domingo, 16 de noviembre de 2014

Ayotzinapa, la verdad que no queremos ver


Año 10, número 497
Luis-Fernando Valdés

La desaparición de los 43 normalistas sigue siendo tema de conversación y de reflexión. El tejido social de México está herido, y para sanarlo no hay otra opción que la de abrir los ojos a esa dura realidad.
En esta crisis de seguridad en Iguala, hay un dato muy impresionante, que quizá algunos han pasado de largo. Cuando se inició la búsqueda de los 43 desaparecidos, se encontraron varias fosas con cadáveres, que no correspondían a los normalistas.
Ante el “no eran ellos”, la búsqueda continuó. Pero la pregunta obvia es: entonces, ¿quiénes son esas personas? ¿víctimas de la violencia? ¿era un “cementerio” de sicarios? En otras palabras, hay miles de desaparecidos, pero las investigaciones iniciaron sólo hasta que hubo una protesta social, y estas indagatorias son únicamente para el caso de los normalistas de Ayotzinapa.
¿Qué lecciones podemos obtener de este episodio, nosotros los demás ciudadanos?
1) Reconocer nuestra realidad social. Han sido gobiernos y autoridades extranjeras quienes nos han puesto en alerta, porque han llamado a las cosas por su nombre, ya que no sólo se han referido a los normalistas desaparecidos, sino al narcotráfico como causa de la violencia y además han pedio una investigación trasparente.
Por ejemplo, el miércoles pasado (12 de noviembre), el Papa Francisco durante su audiencia se solidarizó con nuestro País, y con claridad se refirió a los ‘estudiantes asesinados’: “Quiero expresar a los mexicanos, a los aquí presentes y a los que están en la patria, mi cercanía en este momento doloroso de la legal desaparición, pero sabemos asesinato, de los estudiantes”. El  Santo Padre habló también sobre la “dramática realidad” y “la criminalidad” que existe detrás del tráfico de drogas. [CNN]
Por su parte, la Casa Blanca en un par de ocasiones, durante el mes pasado, manifestó su preocupación por esta situación. El Departamento de Estado afirmó que “es un crimen que demanda una investigación clara y trasparente” (8 octubre), y la vocera de Barak Obama manifestó la preocupación de la Presidencia por los reportes de la desaparición de los 43 normalistas (29  de octubre). [El Universal]
2) Las protestas violentas son otro modo de cerrar los ojos. El 8 de noviembre pasado, mientras una manifestación en el Zócalo de la Ciudad de México pedía justicia y que encontraran a los desaparecidos, un grupo de violentos quemó la puerta de Palacio Nacional.
En realidad produjeron otro humo, a parte del que salía de la flamas del portón: hay otros intereses de grupos de presión, los cuales aprovechan un movimiento social para hacer sus protestas en paralelo. Pero se presentan ante la opinión pública como parte de las víctimas.
La violencia es extorción. La presencia de grupos violentos lleva un mensaje: “te dejo de golpear si me das lo que te pido”. Las agresiones son una pantalla para que crear confusión, lo cual es una manera de buscar que no se conozca la verdad.
Para salir adelante, es necesario que toda la sociedad rechace la violencia: los saqueos, los bloqueos de parte de grupos que no tienen que ver con las víctimas, los coches incendiados, los edificios públicos destruidos.
Así como para curar una herida profunda en la piel hace falta pasar por el dolor de una curación que toca la carne viva, para curar la herida social necesitamos una nueva cultura de reconocer la realidad y dejar de pensar que no nos afecta la violencia en otros Estados y regiones del País.
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