domingo, 27 de octubre de 2013

Debate: Vaticano y divorciados


Año 9, número 442
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco se ha mostrado lleno de misericordia y desea que todos los fieles con situaciones matrimoniales complicadas vuelvan a la Iglesia. Pero en días pasados, el Prefecto para la Doctrina de la Fe declaró que los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar. Ante esta aparente contradicción, ¿cuál es la postura actual de la Iglesia?
La doctrina de siempre, matrimonio para
siempre; un enfoque nuevo: enfatizar
que los divorciados siguen en la Iglesia.

Con motivo de la entrevista que el jesuita P. Antonio Spadaro realizó al Papa en la revista “La Civiltà Cattolica” (19.IX.2013), algunos medios especularon sobre un cambio en la postura de la Iglesia sobre el acceso a los sacramentos por parte de los divorciados vueltos a casar.

Fue mera especulación, pues el Romano Pontífice dejó claro que la doctrina de la Iglesia sigue siendo la misma, pero pidió un cambio de enfoque pastoral, que consiste en dejar de insistir en los temas polémicos, para dar paso a predicar la misericordia de Dios.

En días pasados, el diario oficial del Vaticano, “L’Osservatore Romano” (23.X.2013), publicó un largo artículo del Prefecto para la Doctrina de la fe, sobre el acompañamiento que se debe dar los católicos divorciados vueltos a casar.

Mons. Müller presenta con mucho equilibrio la postura oficial de la Iglesia. Por una parte, explica las razones bíblicas, patrísticas e históricas, por las cuales estos fieles divorciados no pueden recibir los sacramentos. Y por otra, expone las enseñanzas de los Papas que indican expresamente que estos creyentes pueden y deben seguir unidos a la Iglesia.

Las personas divorciadas que han contraído nuevas nupcias no pueden recibir la comunión porque Jesucristo mismo indicó que “lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Marcos 10,5-9). Explica el Prefecto que “cuando el matrimonio se seculariza o se contempla como una realidad meramente natural, queda impedido el acceso a su sacramentalidad. El matrimonio sacramental pertenece al orden de la gracia”. Por eso, un matrimonio sólo por lo civil no puede acceder a la confesión ni a la comunión.

Sin embargo, Mons. Müller trascribe largos párrafos de los Pontífices anteriores que señalan la importancia de mantener a los fieles divorciados cerca de la Iglesia. Por ejemplo, Juan Pablo II, en la “Familiaris consortio” (22.XI.1981), n. 84, señala que ellos pertenecen a la Iglesia y tienen derecho a la atención pastoral y deben tomar parte en la vida de la Iglesia.

Luego, Benedicto XVI, en la “Sacramentum caritatis” (22.II.2007), exhorta a los pastores a dedicar “una especial atención” a los afectados, “con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participación en la santa Misa, aunque sin comulgar, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística, la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de caridad, de penitencia, y la tarea de educar a los hijos”.

El artículo del Prefecto explica que el fondo del problema consiste en reducir la atención pastoral a los fieles divorciados a que puedan recibir la comunión sacramental, olvidando que “existen otras formas de comunión con Dios. La unión con Dios se alcanza cuando el creyente se dirige a Él con fe, esperanza y amor, en el arrepentimiento y la oración.”

Entonces, la doctrina sigue siendo la misma, aunque ahora el enfoque es diverso. Lo importante es afirmar simultáneamente las dos cuestiones en conflicto: aquellas personas no pueden comulgar, pero siguen dentro de la Iglesia y pueden continuar practicando la fe.

sábado, 19 de octubre de 2013

Políticos socialistas rechazan el aborto


Año 9, número 441
Luis-Fernando Valdés

El Presidente socialista de Ecuador se llevó los espacios informativos internacionales, cuando recientemente anunció que si se despenalizaba el aborto, él renunciaría a su cargo. ¿Por qué muchos piensan que no se pueden defender las causas sociales y a la mujer sin apoyar el aborto?
El Presidente Correa, socialista, se opone a la
despenalización del aborto en Ecuador.

Los legisladores ecuatorianos están elaborando el “Código Orgánico Integral Penal” (COIP). En la sesión del pasado día 10, Paola Pabón y otras legisladoras del partido oficial propusieron la despenalización del aborto en el supuesto de violación.

La reacción del Presidente Rafael Correa fue inmediata y fuerte. Consideró que se trataba de una traición política, pues “por esto (la despenalización del aborto) no votó el pueblo ecuatoriano. Esto ha sido lo más discutido por Alianza PAIS [partido oficial] y quedamos en que no se iba a tocar la parte del aborto desde que se envió (el COIP)”.

Correa explicó que, en realidad, esa modificación a la ley era la puerta para legalizar después el aborto. “¿Permitir el aborto por violación? No se engañen, los que están con eso, están (a favor) de la total liberación del aborto, y esa es la puerta de salida que quieren dejar”.Y, puntualizó el Mandatario, “¿Dónde se habla de despenalizar el aborto? Por el contrario, la Constitución dice defender la vida desde la concepción”. [elcomercio.com, infocatolica.com, incdiario.com]

No hago una apología del Presidente ecuatoriano, que el año pasado aprobó la píldora del día siguiente, a la vez que ni critico ni alabo su ideología política. Sólo quiero destacar que es un político de izquierda, que desde su cargo público abiertamente apoya la vida.

En México se nos ha dicho que la llamada ideología de izquierda apoya a la mujer y, que por eso, en caso de un embarazo no deseado está a favor de que la mujer decida sobre su cuerpo. (Aunque, en realidad, toma una decisión sobre el embrión, que no es parte de su organismo).

Sin embargo, varios Presidentes de países latinoamericanos defienden la vida del nascituro. Así, ex presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, que es médico ginecólogo, en 2008 rechazó la ampliación del aborto, aunque le costo el apoyo de su partido, y a la postre la presidencia en 2010. Ahora que ha anunciado postularse nuevamente para el 2014, volvió a insistir en que ningún científico medianamente sensato puede negar que un cigoto, fruto de la fusión de dos células, es un individuo diferente del padre y de la madre.

Pero más llama la atención que la izquierda más revolucionaria, la de los ex-guerrilleros salvadoreños y nicaragüenses, se opone con toda firmeza al aborto. El Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en diversas ocasiones se ha opuesto a la despenalización del aborto y ha afirmado recientemente no modificará la Constitución que defiende la vida naciente. En Nicaragua, el Mandatario Daniel Ortega, sandinista y ex-guerrillero, rechazó incluso las enmiendas que despenalizaban el aborto terapéutico. [Vatican insider]

Este panorama nos hace ver que favorecer el desarrollo social  y fomentar la emancipación de la mujer no tiene porque estar asociado a aceptar el aborto. También nos hace pensar que en la opinión pública mexicana se ha sembrado la idea que el apoyo a las causas sociales debe incluir el aborto.

Al contrario, quienes estamos a favor de la mujer, sabemos que el punto de partida para favorecerla, se encuentra en la vida y en la familia. ¿Se puede apoyar de verdad a la mujer, si se le inculca que hay una dicotomía entre su cuerpo y su maternidad? Hace falta una nueva ideología social, que sepa integrar todos los aspectos de la mujer.

sábado, 12 de octubre de 2013

Papa Francisco vs antisemitismo


Año 9, número 440
Luis-Fernando Valdés

En un día lleno de significado para los judíos italianos, el Papa declaró al Rabino Jefe de Roma que un cristiano no puede ser antisemita. ¿Fue una frase de compromiso? ¿qué tiene que ver con la vida diaria de los católicos?
El Santo Padre, con motivo de los 70 años de
la deportación de judíos de Roma, repitió
que un cristiano nunca puede ser antisemita.

El Santo Padre recibió a una delegación de la comunidad judía de Roma, presidida por el Rabino Riccardo di Segni, el pasado 10 de octubre, con ocasión del 70 aniversario de la deportación de los judíos de la capital italiana, durante la Segunda Guerra Mundial.

El Santo Padre está bastante familiarizado con el Pueblo judío. En su época de Cardenal de Buenos Aires estuvo en contacto con el Rabino Abraham Skorka, con el que sostuvo una serie de diálogos, que luego se recogieron en un libro. De igual manera, a las pocas horas de ser elegido Sucesor de Pedro, hizo llegar al Rabino Jefe de Roma un saludo y la invitación a la ceremonia de inicio de Pontificado.

El breve discurso que pronunció en la reunión de hace unos días contiene importantes enseñanzas, que afectan a la vida de los católicos, porque estas enseñanzas papales condensan las orientaciones que los fieles deben conocer sobre su relación con los judíos.

a. El Papa reconoció que la historia de la convivencia entre la comunidad judía y cristiana estuvo marcada a menudo “por incomprensiones y también por auténticas injusticias”. Pero, también destacó que ha habido un cambio, ya que es “una historia que, con la ayuda de Dios, ha conocido desde hace muchas décadas el desarrollo de relaciones amigables y fraternas”.

b. El Santo Padre condenó el antisemitismo y exhortó “a no bajar la guardia en contra del antisemitismo y en contra del racismo, provenga de donde provenga”. Expresó que este 70º aniversario de la deportación, “será la ocasión para mantener siempre alerta nuestra atención, para que no vuelvan a la vida, bajo ningún pretexto, formas de intolerancia y de antisemitismo, ni en Roma ni en el resto del mundo.”

Y con fuerza reiteró la postura actual de la Iglesia: “Lo he dicho otras veces y quisiera repetirlo ahora: es una contradicción que un cristiano sea antisemita. Un poco sus raíces son judías. ¡Un cristiano no puede ser antisemita! ¡Que el antisemitismo sea desterrado del corazón y de la vida de todo hombre y de toda mujer!”

c. Es importante destacar la referencia explícita a Pío XII. A finales de los años g0, comenzó una corriente que acusaba a aquel Pontífice de no haber hecho nada por judíos durante la Segunda Guerra. La historia reciente lo ha revindicado y la postura de muchos hebreos ha cambiado.

Francisco, delante del Rabino romano, recordó la acción y la ayuda a los judíos promovida por fieles laicos y clérigos con el beneplácito de Pío XII. Además, dijo, “sabemos que muchos institutos religiosos, monasterios y las mismas basílicas papales, interpretando la voluntad del Papa, abrieron sus puertas para una fraterna acogida, y que muchos cristianos comunes ofrecieron la ayuda que podían dar, por pequeña o grande que fuera”.

Siguiendo los pasos de sus antecesores, el Papa Francisco ha dado una línea clara a los católicos sobre la relación con el Pueblo judío: pasar de la incomprensión a la fraternidad, honrar nuestras raíces comunes en la cuales no cabe el antisemitismo y, a la vez, reconocer e imitar a tantos católicos que tendieron una mano a sus hermanos judíos cuando éstos fueron perseguidos.

Los tiempos han cambiado. Somos testigos que cuando las religiones dialogan, cuando los fieles de una y otra fe se ayudan mutuamente, la religión ya no es motivo de guerra sino de paz.

sábado, 5 de octubre de 2013

Huracanes: solidaridad y algo más


Año 9, número 439
Luis-Fernando Valdés

Los huracanes “Ingrid” y “Manuel” azotaron la República Mexicana. Mientras que las inundaciones destruían ciudades, caminos y puentes, dejando muerte y pobreza, miles de ciudadanos surgieron con mayor fuerza que las aguas exterminadoras e hicieron llegar a la víctimas alimentos, ropa y un gran consuelo. ¿Cuál es la raíz de la extraordinaria solidaridad de los mexicanos?
Gracias al valor de la solidaridad de los mexicanos,
miles de damnificados reciben alimentos y ropa.

Nos impresionaron las duras escenas de la televisión que transmitían la devastación de varios Estados del País, que sufrieron graves daños provocados por la fuerza de los huracanes y por las impresionantes inundaciones que produjeron.

Pero la respuesta de la gente normal ha sido superior a la tragedia. Me conmovió un reportaje de televisión sobre la solidaridad de una señora mayor, la cual antes había perdido a su familia y sus propiedades en las explosiones de las gaseras de San Juanico (1984). La buena mujer, de escasos recursos, con esfuerzo donó a los damnificados 10 kilos de su propia comida.

No pude dejar de relacionar a esta buena señora con aquella mujer pobre de la que habla el Evangelio. Dentro de su pobreza, hace dos mil años, aquella señora dio de limosna las únicas dos moneditas que tenía para sobrevivir y, por eso, recibió la alabanza de Jesucristo mismo (Marcos 12,41-44).

Sin duda la solidaridad es uno de los más grandes valores de nuestra época. Admiramos y apoyamos tanto al que da de su propia comida, como el que dona su tiempo (a veces, durante años) para enseñar o curar a las personas que viven en los lugares poco desarrollados.

Si hoy día nuestra cultura es solidaria, y ayudar al necesitado es un valor común, se debe a que nuestra civilización occidental ha recorrido una larga historia, en la que ha aprendido a considerar a los demás como a un semejante y ha sufrido las grandes tragedias producidas por la intolerancia y la indiferencia.

Sobre el origen de la solidaridad hay dos grandes visiones. La cristiana y la ilustrada. La Iglesia desde hace 21 siglos –y desde el s. XVI también las Iglesias protestantes– sostiene que el mensaje de Jesús –“amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”– es el motor de la ayuda a los necesitados: los cristianos por motivos de fe han abierto escuelas, hospitales, orfanatorios, dispensarios, leprosarios, etc.

Y la Iglesia celebra como santos –como héroes– a quienes han dado su vida en estas instituciones de beneficencia: desde un Luis Gonzaga que murió a los 23 años contagiado de peste por los enfermos que cuidaba, hasta la Madre Teresa, que daba su cariño a los leprosos de Calcuta.

A finales del s. XVIII, con la Revolución francesa, surgió un gran movimiento intelectual que sostenía que los grandes valores religiosos cristianos –que dieron origen a Occidente– se podían vivir sin necesidad de un Dios ni de una Iglesia. Y su lema fue: “libertad, igualdad, fraternidad”.

La Ilustración institucionalizó la solidaridad como un acto civil. Esto ha sido bueno, sino duda. Sin embargo, es injusto ignorar que sin el Cristianismo y su catequesis del amor al prójimo nuestra cultura no hubiera podido tener hoy la solidaridad como un valor.

En la raíz de la solidaridad civil siempre está la praxis cristiana de la caridad. Y cuando se niega o se ignora esta raíz religiosa, la ayuda al próximo pierde impulso. Por eso, si los cristianos retoman los motivos profundos de su solidaridad, encontrarán fuerza interior para ayudar no sólo en tiempos huracanes, sino para hacer de la solidaridad un modo de vida en su propia casa y en su propia familia.
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