domingo, 19 de mayo de 2013

La “dictadura de la economía”


Año 9, número 418
Luis-Fernando Valdés

El entonces Card. Bergoglio viajaba en
el "Subte" (el metro de Buenos Aires),
como solidaridad con los pobres.
El Santo Padre se erigió como defensor de los afectados por la crisis económica mundial. Ante un grupo de diplomáticos, abogó por una economía anclada en la ética, defendió a los pobres y afirmó que “el dinero no debe gobernar”. ¿Será Francisco un Papa de izquierdas?

El pasado jueves 16 de mayo, durante la audiencia de bienvenida a los nuevos embajadores de Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana, el Obispo de Roma pronunció un denso discurso recordando que la crisis ética se debe al rechazo de Dios, ya que la ética lleva hacia Dios, que está fuera de las categorías del mercado. (News.va, 16.V.2013)

Con una gran claridad, el Papa Bergoglio animó a los expertos financieros y a los líderes gubernamentales de sus países a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo (s. V): “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros los bienes que poseemos, sino suyos”.

Respecto a la crisis financiera que afecta a gran parte del mundo, Su Santidad afirmó: “Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”.

Esta “dictadura” se puede percibir donde “los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial”, mientras que “los de la mayoría van disminuyendo”. La causa de este desequilibrio “proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando de este modo el derecho de control de los Estados, aun estando encargados de velar por el bien común”.

Con fuerza, el Pontífice también se refirió al consumismo, que deforma el concepto del ser humano, porque “reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo”; peor aún, “el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar”.

Como resultado de la “dictadura de la economía”, explicó el Papa, “se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone de forma unilateral y sin remedio posible, sus leyes y sus reglas”. A todo ello se añade, “una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta” de dimensiones mundiales”. Y, por eso, “el afán de poder y de poseer se ha vuelto sin límites”.

El Papa jesuita ha hablado con firmeza sobre los abusos de la economía de mercado actual y de sus estragos en los más pobres. Sin embargo, el Papa Francisco no es un portavoz de las ideologías de izquierda, tampoco un teólogo de la liberación.

En cambio, el Pontífice es un defensor de la dignidad del ser humano, que se ve atropellada por un capitalismo salvaje. Las denuncias del Santo Padre siguen más bien la misma línea de su antecesor, por lo que, en realidad, Francisco es un nuevo Benedicto.

En efecto, la denuncia del argentino sobre la “dictadura de la economía”, recuerda la batalla de Benedicto XVI contra la “dictadura del relativismo”. El Papa emérito ya había advertido de los abusos de la economía, mediante un planteamiento académico en la encíclica “Caritas in veritate” (29 junio 2009), y Francisco lo hace ahora con un lenguaje directo, asequible al gran público, resultado de su experiencia pastoral en los barrios marginados de Buenos Aires.

Ambos pontífices han sido valientes para hablar con claridad de los problemas estructurales de nuestra cultura occidental, que atropellan al ser humano. Dos estilos, un mismo mensaje, una misma denuncia.

Se produjo un error en este gadget.