domingo, 13 de enero de 2013

Fanatismo religioso: ¿viene de Dios o del hombre?


Año 9, número 402
Luis-Fernando Valdés


Reunido con todos los embajadores de los países representados ante la Santa Sede, Benedicto XVI pronunció recientemente un importante discurso de exhortación a la paz en el Mundo. El Pontífice lamentó que haya violencia a nombre de Dios, pero ¿no son acaso las religiones las que provoca esos fanatismos?

El Santo Padre glosó una conocidas palabras del Evangelio de San Lucas: “Gloria a Dios en el Cielo y paz en la tierra a los hombres” (Lc 2,14). Y explicó que existe una “estrecha relación entre Dios y el deseo ardiente del hombre de cualquier época de conocer la verdad, de practicar la justicia y vivir en paz” (Discurso, 7.I.2013).

Benedicto XVI lee su discurso
sobre la paz a los embajadores 
ante la Santa Sede (7.I.2013)
Pero con mucho realismo, el Papa aceptó que hoy día, en nuestra cultura occidental, se nos hace creer que la verdad, la justicia y la paz son una utopía y que se excluyen mutuamente. En efecto, para muchos hoy parece imposible conocer la verdad; y, según otros, cuando alguno afirma tenerla, se corre un gran riesgo de desembocar en la violencia.

Por eso, en los países de tradición occidental, para evitar los conflictos a nombre de la verdad o de la fe, el empeño por la paz consistiría en un esfuerzo civil para buscar “compromisos” que garanticen la convivencia entre los pueblos.

Pero el Papa teólogo propone la vigencia de la visión cristiana de la paz, y afirma que Dios debe estar presente en la búsqueda de la paz: “existe un vínculo íntimo entre la glorificación de Dios y la paz de los hombres sobre la tierra”, de modo que la paz no es fruto de un simple esfuerzo humano sino que participa del mismo amor de Dios.

Benedicto XVI explica que es la falta de la referencia a Dios y a la verdad lo que engendra la violencia. En efecto, “¿cómo se puede llevar a cabo un diálogo auténtico cuando ya no hay una referencia a una verdad objetiva y trascendente? En este caso, ¿cómo se puede impedir el que la violencia, explícita u oculta, no se convierta en la norma última de las relaciones humanas?” Y es que sin una apertura a la trascendencia, es fácil caer en el relativismo, que dificulta al hombre actuar con justicia y trabajar por la paz.

El Pontífice luego le da la vuelta al prejuicio que afirma que la violencia proviene de las religiones, ya que se empeñan en sostener que cada una tiene la verdad absoluta. El Papa alemán aclara que la ignorancia del verdadero rostro de Dios es la causa del fanatismo religioso, el cual es “una falsificación de la religión misma, ya que ésta por el contrario busca reconciliar al hombre con Dios, iluminar y purificar las conciencias y dejar claro que todo hombre es imagen del Creador”.

Y bellamente concluye el Santo Padre su mensaje: “Así pues, si la glorificación de Dios y la paz en la tierra están estrechamente relacionadas entre ellas, es evidente que la paz es, al mismo tiempo, don de Dios y tarea del hombre, puesto que exige su respuesta libre y consciente”.

Ciertamente, compete ante todo a las autoridades civiles y políticas la grave responsabilidad de trabajar por la paz, pero esto no excluye la referencia a la verdad y a la fe. Existe una verdad sobre el hombre, que la mente humana puede conocer y comprender: el ser humano tiene dignidad por sí mismo, que nadie tiene derecho a atropellar.

Hay que reconocer que Benedicto XVI sigue poniendo las bases intelectuales para devolver a Dios su puesto en el escenario de las relaciones diplomáticas, al distinguir entre la verdadera fe que lleva a defender al hombre y la falsa fe que empuja al fanatismo religioso.
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