domingo, 13 de enero de 2008

Evangelización ¿expansión de poder?

Luis-Fernando Valdés

Cuando la Iglesia propone a sus fieles que enseñen el Evangelio a nuevas personas, surgen bastantes confusiones tanto en los propios como en los extraños. En el ambiente cultural de hoy, proponer a alguien que haga suyas las convicciones religiosas de otro suena como un atentado contra la libertad. Ante esta situación, que ha desembocado en una actitud pasiva por parte de los católicos para promover su fe, la Iglesia publicó una nota alentando al apostolado. ¿Será un intento de hegemonía religiosa?
El 14 de diciembre pasado, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una “Nota Doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización”. El Cardenal Levada, Prefecto de ese dicasterio, explicó que el tema de este documento, la evangelización, responde “al análisis de una cierta confusión concerniente al interrogante de si los católicos deben dar testimonio de la propia fe en Cristo”. Y más específicamente se trata del examen de “algunos puntos específicos que parecen socavar la realización del mandato misionero de Cristo”.
Un aspecto capital que genera la confusión sobre la misión apostólica de la Iglesia, es la opinión de algunos, que consideran que cualquier intento de convencer a otras personas en cuestiones religiosas sea un límite a la libertad. Además, sugieren también que es suficiente invitar a las personas a actuar según su conciencia, pero sin necesidad de creer en Dios. O bien, señalan que bastaría con ayudar a los seres humanos a ser más humanos o más fieles a la propia religión, para construir comunidades capaces de obrar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad, pero sin apuntar a la conversión a Cristo y a la fe católica.
Esta opinión es tan generalizada, que a muchas personas –creyentes o no– les parece legítima. En su raíz, este modo de pensar tiene una profundas implicaciones antropológicas, que el documento pone de relieve. Se trata de algunas formas de agnosticismo y relativismo que niegan la capacidad humana de conocer la verdad, y que tienen como consecuencia el desvincular la libertad humana de su referencia a la verdad. Si no existiera la verdad, la libertad no podría escoger una religión sin ser violentada.
Luego la Nota doctrinal explica que “no nos podemos dedicar a la búsqueda de la verdad contando sólo con nuestras fuerzas, ya que esa búsqueda implica inevitablemente la ayuda de los demás y la confianza en el conocimiento que han recibido. Así, la enseñanza y el diálogo con que se pide a una persona, en plena libertad, que conozca y ame a Cristo, no es una ‘intromisión indebida’ en la libertad humana, sino una oferta legítima y un servicio que puede hacer más fecundas las relaciones entre los seres humanos”.
El diálogo sobre las propias convicciones religiosas va de la mano de la verdad y del respeto, ajena a cualquier coacción, la cual sería irrespetuosa de la dignidad y de la libertad religiosa. Y, en ese clima de respeto, se entiende que “para la evangelización cristiana “la incorporación de nuevos miembros a la Iglesia no es la extensión de un grupo de poder, sino la entrada en la amistad con Cristo, que une el cielo y la tierra, continentes y épocas diferentes”.
Como se puede observar, la invitación a hablar de Dios y a creer en la fe católica, no es un intento de ganar poder temporal. Los católicos debemos ganar confianza en el mensaje que poseemos, convencidos de que no herimos la libertad de nadie, sino que les ayudamos a perfeccionarla.

Correo: lfvaldes@prodigy.net.mx
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