domingo, 11 de marzo de 2007

Día de la Mujer: reto a la igualdad

Luis-Fernando Valdés

El pasado día 8 de este mes se celebró el Día Internacional de la Mujer. Entre los eventos realizados para promover esta jornada, tuvo especial relieve una mesa redonda organizada por la Organización de las Naciones Unidas titulada “Poner fin a la impunidad de la violencia contra las mujeres y las niñas”, cuyo objetivo era organizar “prácticas idóneas y ejemplos de soluciones concretos para eliminar la violencia y poner fin a la impunidad desde el nivel mundial hasta el local”. La ONU busca “prácticas idóneas”, soluciones realizables a corto plazo, y esto es digno de reconocimiento. Y como no hay nada más práctico que una buena teoría, les ofrezco unas reflexiones sobre el tema de fondo de la violencia hacia la mujer: el reconocimiento de la igualdad fundamental entre varones y mujeres.
El Secretario General de la ONU declaró el año pasado que “la violencia contra la mujer todavía no ha recibido la atención prioritaria y los recursos que se requieren en todos los niveles para abordarla con la seriedad y la visibilidad necesarias”. Esa atención prioritaria es requerida, en gran parte, por las alarmantes cifras de violencia hacia las mujeres.
Pero el punto fundamental no consiste únicamente en bajar esos datos estadísticos, sino en llegar a la raíz del problema. En este sentido, el Papa Benedicto XVI, en la Jornada Mundial de la Paz de este año expresó que “en el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas” como “las persistentes entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales”. El origen de la violencia a las mujeres consiste en la negación teórica y práctica de su igualdad radical respecto a los hombres.
Juan Pablo II escribió una carta apostólica a las mujeres, llamada “Mulieris dignitatem”. Escrito en 1988, este documento sobre la dignidad de la mujer conserva gran actualidad. El planteamiento del añorado Papa sobre la diferencia de la mujer respecto al varón, parte de un concepto muy claro, fundamental, pero hoy en día no es totalmente reconocido o aplicado: el hombre y la mujer tienen absolutamente los mismos derechos y el mismo valor, porque ambos fueron creados a “imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1, 27). De aquí que, debido a esta igualdad fundamental, la mujer no pueda convertirse en objeto de dominio y de posesión masculina.
En su reciente libro “En nombre del amor” (2006), la periodista Valentina Alazraki, testigo privilegiado del largo pontificado de Juan Pablo II, comenta que “el Papa no se cansó de denunciar todas las situaciones en las que la mujer se encuentra en desventaja o es discriminada por el hecho de serlo, pero tampoco ocultó su convicción de que las mujeres, en su afán de liberarse del dominio del hombre, no deberían apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia originalidad femenina” (pp. 163-164).
La reciente jornada sobre la mujer puso nuevamente al descubierto una gran herida en la sociedad: la violencia hacia el sexo femenino. Es muy importante que las medidas, que el gobierno y los legisladores mexicanos han puesto en marcha, den resultados positivos cuanto antes. Pero el número de agresores no disminuirá solamente por el temor al castigo. Se requiere también el esfuerzo de crear una nueva cultura de respeto a la igualdad de los hombres y las mujeres. Además de las leyes penales, necesitamos que las lecciones de civismo estén en sintonía con aquel “varón y mujer los creó”.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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