domingo, 27 de agosto de 2006

Irreverencias a la Guadalupana

Luis-Fernando Valdés

Desde hace más de un par de semanas, hemos visto todos cómo la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido manipulada y usada por los algunos grupos políticos, como parte de sus campañas para impugnar las pasadas elecciones presidenciales. Estas personas, en nombre de la libertad de expresión, están hiriendo la sensibilidad de muchos mexicanos tanto católicos como no católicos. ¿Es correcto lo que están haciendo?
No lo es, en primer lugar, porque están haciendo una irreverente manipulación de su diseño original. Han cambiado la figura original, que está en oración, y la han presentado emitiendo su voto a favor de una opción política. Esta situación nunca había ocurrido, pues tanto en la Independencia y la Revolución de 1910, como en tantas otras causas sociales, la Virgen de Guadalupe fue tomada como protectora, pero jamás fue alterada su imagen original y se respetó su icono tal y como se apareció en el Tepeyac.
No es correcta esa acción, porque la imagen de la Guadalupana siempre ha sido factor de unidad de nuestro País, y el cuadro manipulado por estas personas presenta a una Virgen que excluye de su protección y maternidad a quienes tienen una preferencia política diferente. A lo largo de la Historia de nuestra Patria, los bandos en desacuerdo siempre han acudido a la misma imagen, sin atribuirse exclusividad: españoles, criollos y mestizos; conservadores y liberales; hacendados y campesinos; empresarios y obreros; los de izquierda y los de derecha. No es válido, por tanto, presentar a Santa María de Guadalupe como abogada de una causa partidista.
Esa manipulación tampoco es correcta porque ofende los sentimientos religiosos de millones de católicos. Los seres humanos recurrimos a símbolos materiales para expresar nuestra unión con una realidad transcendente, sobrenatural. Esos objetos –sean pinturas o esculturas– adquieren un respeto especial, porque evocan lo sagrado, y ayudan a que nuestros sentidos y nuestra mente se dirijan a lo divino. Por eso, cuando esos símbolos son empleados para otra finalidad no espiritual, se dice que han sido profanados. En este caso, los creyentes nos sentimos heridos al ver que la Sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe es presentada con la leyenda de “la madre de todos los plantones” .
Un argumento más para mostrar que esas acciones contra la imagen del Tepeyac son incorrectas. Nuestra Historia nos ha mostrado lo conveniente de la separación de la Iglesia y el Estado, en cuanto al ejercicio del poder temporal, y lo importante de que esta relación sea de mutua ayuda y colaboración para conseguir el bien común. Pero estas acciones recientes, lejos de buscar esta recta relación, la rompen porque están utilizando la religión para fines políticos.
Y, para terminar de abundar en el tema, esta manipulación no es correcta, porque el fin no justifica los medios. Para conseguir una víctoria electoral no se pueden poner medios ilícitos: no se puede matar, ni difamar, ni faltar al bien común. Y tampoco se puede abusar de la religión para obtenerla. Estas personas están empleando un ícono de la unidad moral del País para legitimar sus protestas electorales. Profanan lo religioso para conseguir un resultado político.
Todos los mexicanos, sin distinción, podemos acudir a la Virgen de Guadalupe, con sentido religioso, con veneración. Lo que no es correcto es tomar a la Guadalupana con fines ajenos a la religión y, mucho menos, profanar su figura con manipulaciones político-partidistas. Esos manipuladores, lejos de legitimar su causa, están mostrando que desconocen la historia y la sensibilidad del pueblo mexicano.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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