domingo, 9 de julio de 2006

La familia en crisis

Luis-Fernando Valdés

Entre la final del Mundial de Futbol que se juega hoy, y la larga semana post-electoral de nuestro País, hay un evento que quizá va a pasar muy desapercibido. Se trata del V Encuentro Mundial de las Familias, que inició ayer, en Valencia, España, y que hoy será clausurado por el Papa Benedicto XVI.
La primera reunión se celebró en Roma en 1994, con motivo del Año Internacional de la Familia, promovido por las Naciones Unidas. En aquella ocasión, Juan Pablo II escribió una larga y apasionada meditación sobre la familia, que dirigió en forma de «Carta» a las familias de todo el mundo. A ese primer gran encuentro de las familias le siguieron otros: el de Río de Janeiro, en 1997; el de Roma, en 2000 con motivo del Jubileo de las Familias; el de Manila en 2004, donde el Papa polaco no pudo participar personalmente, pero envió un mensaje audiovisual.
¿Por qué la Iglesia elabora este montaje mundial para hablar de la familia? Los últimos Papas han manifestado que la familia está en crisis, y este Encuentro es una respuesta a esta situación conflictiva. A nivel práctico, constatamos cuánto sufrimiento y dolor se dan cita cuando se divide una familia, cuando sus miembros se quedan solos o no se saben comprendidos. Vemos niños huérfanos de padres vivos, somos testigos de hijos maltratados o abandonados.
A nivel teórico, la crisis no es menos fuerte. Observamos en el debate público que hoy se proponen modelos que no pueden ser aceptados como familia, porque no corresponden a la naturaleza del ser humano. Y esta situación a nivel de ideas es muy importante, porque para superar los problemas prácticos, la gente de a pie necesita un punto de referencia teórico, del que pueda obtener orientación cuando vienen situaciones de conflicto.
La clave de esta crisis está en que muchas personas no tienen claro cuál modelo de familia seguir. Y no lo tienen, porque nuestra cultura no acepta que se puede hablar de la verdad. En la práctica, quien sigue un paradigma de familia que no es verdadero, está destinado a fracasar.
Una solución a la crisis de las familias quizá debe iniciar por la búsqueda de una cultura de la verdad. Cuando todos —sin importar nuestra ideología, ni nuestra religión— nos acostumbremos a dialogar con nuestra propia conciencia, y a buscar la verdad en vez de justificar nuestros intereses o debilidades, descubriremos que la verdad nos une y que juntos podemos superar cualquier crisis.
El esfuerzo actual de los pensadores, teólogos, pedagogos y numerosos padres de familia que participan en congresos como este Encuentro Mundial de las Familias consiste en mostrar la validez teórica y práctica del modelo cristiano de familia, que se basa en la unión exclusiva y para siempre de un hombre y una mujer, con el fin de amarse y de procrear y educar a sus hijos.
La verdad sobre la familia se apoya en los más profundos deseos del ser humano. Por eso, el modelo cristiano no está lejos de las aspiraciones de los hombre y mujeres de buena voluntad. Por eso, como afirma el teólogo español Augusto Sarmiento, cuando «se desvincula de su raíz al matrimonio y a la familia, pierden su significado específico y pasan a ser unos términos que se pueden emplear para referirse a cualquier tipo de unión o forma de convivir. Pero en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuena siempre imborrable el eco del plan de Dios: la familia fundada en el matrimonio indisoluble, de un hombre y una mujer».

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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