domingo, 11 de junio de 2006

666, Profecía fallida

Luis-Fernando Valdés

Hoy debuta México en el Mundial de Fútbol. Es tan grande el júbilo nacional, que ya quedó en el pasado la sombra de una Profecía que anunciaba grandes tragedias para el pasado 6 de junio. Y como no sucedió nada de lo predicho, ya nadie se acuerda de ese día. Pero quisiera no dejar pasar la oportunidad para contarles un poco sobre el origen de estas predicciones apocalípticas.
Cada década tiene una día en el que el número seis coincide en la tres cifra del día, del mes y del año. Se trata del 6 de junio de 1906, 1916, 1926, etcétera. Es día se abrevia —como cualquier otro— así: 6,06,06. O sea, 666. ¿Pero que tiene de especial este número?
Sucede que, en el Apocalipsis de Juan, el último libro de la Biblia, el número 666identifica al adversario de Cristo y sus seguidores lo llevan marcado. Esto es lo otorga a esta cifra su carácter misterioso.
Ya desde el principio muchos exegetas han intentado aplicar este número a un personaje concreto de la historia pasada o actual. Los posibles portadores del 666 van desde Nerón o Trajano, pasando por Lutero, Napoleón o Hitler, hasta Ronald Reagan o Bill Gates.
Como en hebreo y griego las letras se usan como números (A = 1; B = 2, etc.), resulta que todos los nombres tienen un número asociado, que se forma sumando las letras. Así, el 666 puede ser el nombre encriptado de un personaje, conocido por los destinatarios del libro, cuyas letras sumaban esa cifra. Hasta ahora ninguna de las identificaciones que se han propuesto resulta satisfactoria. La de “César Nerón” es posible, pero presenta dificultades. La variante 616 que aparece en algunos manuscritos antiguos puede aplicarse al “dios César” o a Calígula.
En el Apocalipsis el 666 es el símbolo de la Bestia, es decir de las fuerzas del mal que defienden, justifican y propagan la deificación del poder, la imposición de un poder que quiere suplantar a Dios. En tiempos del Evangelista San Juan, ese peligro estaba representado en el culto religioso que se rendía al emperador. Luego, ese riesgo se ha repetido adoptando diversos formas lo largo de la historia.
Pero este intento de quitar a Dios no siempre ha sido con violencia física o con guerras. Hoy día, es más frecuente y más peligroso el ataque de la indiferencia religiosa, o la ola aplastante de la ignorancia, o el embate del relativismo.
Por eso, identificar a la ligera el 666 con un supuesto fin del mundo, o con espantos y terrores, es la mejor manera de evadir a la verdadera Bestia actual. Buscar la verdad, encontrar el sentido de la propia vida, actuar en conformidad con el bien moral, son tres importantes tareas de cada hombre y de cada mujer, pero que se ven amenazadas por las «bestias» del vacío existencial, del error y de la mala conducta.
Como sucede siempre, cuando no se conocen los temas de fondo se crean leyendas. Esto ha pasado con el libro del Apocalipsis. Al contrario de lo que muchos piensan, no es un libro tenebroso, sino una alentadora consolación para los cristianos que sufren persecución. El tema central es que Cristo ha vencido. El día de su resurrección es el día de su victoria y los que tenemos fe tenemos la seguridad de su actuación y de su regreso. Aunque las cosas, en tantos momentos de la historia, no sean fáciles, no hay nada que temer. La bestia será derrotada. Lo importante es estar del lado del vencedor.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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