domingo, 10 de julio de 2005

La píldora del día siguiente

Luis-Fernando Valdés

Esta semana ha sido testigo de varios debates sobre la aprobación de la píldora del día siguiente. Lejos de dejar algo en claro, estas polémicas han tendido una cortina de humo. Hay confusión sobre este tema.
Como es lógico, antes de ser objeto de legislación, la píldora del día siguiente es una cuestión científica. Por eso, los representantes del gobierno han dicho que su decisión de aprobarla se basó en datos «técnicos». Es un modo de decir que ellos la aceptaron, porque los científicos sostienen que no es abortiva.
Pero, ¿es verdad que esta píldora no es abortiva? Recordemos primero un poco de biología. Cuando el óvulo es fecundado por un espermatozoide, se forma un embrión humano. Llegado al estadio de blastocito (5 o 6 días después de la fecundación), ése embrión se implanta en la pared uterina: es la llamada «anidación» o «implantación».
Prácticamente todo mundo está de acuerdo que «aborto» es la «interrupción del embarazo». Y entonces viene una primera confusión de tipo terminológico: qué se entiende por embarazo. Los promotores de la píldora del día siguiente sostienen que se trata de un medicamento «anticonceptivo», pero no «abortivo», porque la píldora tiene un efecto «antianidatorio». En otras palabras, nos están diciendo que el «embarazo» inicia en la anidación y no en la fecundación.
Preguntemos con valentía: ¿sí o no? ¿la vida humana comienza en la fecundación o en la anidación? Más aún, ¿sí o no? ¿el óvulo fecundado, antes de la anidación, es un ser humano?
La vida humana comienza en la fecundación. Así lo afirma la mayoría de los especialistas. Uno de ellos, afirma para empezar, que está nueva definición de embarazo no ha sido admitida por los libros de embriología humana, los diccionarios generales o los léxicos médicos. En cambio, esas fuentes «persisten en decir que concepción es fecundación, la reunión del óvulo y el espermatozoide; que embarazo o gravidez es el estado de la mujer durante el tiempo que transcurre entre la fecundación y el parto» (Miguel Ángel Monge, La píldora del día siguiente, n.1, en www. almudi.org. Cfr. también de este Autor, Medicina pastoral, Eunsa, Pamplona 2002, pp. 295-296).
Este mismo Autor señala que el diccionario médico Dorland’s, que aceptó la definición de concepción desde la anidación, paradójicamente afirma: «Embarazo: la condición de tener en el cuerpo un embrión o feto en desarrollo, después de la unión de un oocito y un espermatozoide» (cfr. ibid).
Podemos, pues, afirmar que, desde el punto de vista científico no se puede afirmar categórica y taxativamente que el embarazo inicia en la anidación. Por lo tanto, el argumento que sustenta la aprobación de la píldora del día siguiente como no abortiva, no tiene una base firme donde apoyarse. Más aún, las fuentes médicas afirman lo contrario, que la vida humana inicia en la concepción. Y, por lo tanto, evitar la anidación es interrumpir el embarazo: es realizar un aborto.
Como se puede ver, mediante una confusión terminológica sobre el «embarazo», se ha tendido un velo que impide conocer la verdad sobre los efectos de la píldora del día siguiente. Quisiera resaltar que hasta aquí hemos estado sólo en el plano biológico. Todavía no abordamos el aspecto moral y ni hemos pasado al campo del derecho. Ni muchos menos hemos hablado de política. El primer plano del debate es sobre la verdad del inicio de la vida humana. Si éste no queda claro, todo lo demás son palabras vacías, polémicas estériles, propias de personas con prejuicios.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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