sábado, 27 de febrero de 2016

El Papa y el Patriarca, desafío a la historia


Año 12, número 564
Luis-Fernando Valdés

Aunque pasó un poco desapercibido, por la impresionante acogida que recibió el Papa en México unas horas después, el encuentro entre Francisco y el Patriarca Kirill de Moscú merece un comentario, porque se trata de un acontecimiento religioso histórico, que puede además servir de pauta para la reconciliación social.

Histórico encuentro entre el Patriaca de Moscú, Kirill,
y el Obispo de Roma, Francisco, en Cuba.
(Foto: AP en www.bbc.com)

1. Historia de la separación. En 1054, se dio la separación oficial entre Roma y Constantinopla, mediante la mutua excomunión (o sea, la terminación de la comunión, de la unión común).
Como en 954 había comenzado la evangelización de Rusia por parte del patriarcado de Constantinopla, cuando un siglo después se produjo el cisma, Rusia se separó de Roma y quedó sólo en comunión con los ortodoxos griegos.
Los motivos de la reptura fueron tanto de orden cultural como teológicos. Por una parte, los católicos son de tradición latina y los ortodoxos de lengua griega. En el s. XI, Bizancio (hoy Turquía) era un Imperio, mientras que Roma dependía de los reyes francos y germanos.
Estas diferencias culturales dieron lugar a diferencias en la doctrina, como el primado del Papa, pues mientras que para los católicos el Obispo de Roma tiene jurisdicción sobre el resto los obispos, los ortodoxos consideran que el Papa es un obispo más, cuya primacía sería sólo honorífica, un “primus inter pares” (‘primero entre iguales’).

2. Los intentos de unidad. Después del Concilio Vaticano II (1962), el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, en una declaración conjunta, cancelaron las aquellas excomunión mutuas (7 dic. 1965). 
En 2013, Bartolomé asistió a la toma de posesión de Francisco como obispo de Roma. Por primera vez en la historia, un Patriarca de Constantinopla acudía a un acto de esta naturaleza.

3. El encuentro. El periodista de la BBC, Daniel García Marco, fue muy acertado al comentar que “pocas veces el calificativo ‘histórico’ estuvo tan justificado” (bb.com, 11 feb. 2016). Así, la Isla de Cuba, territorio alejado de Europa y de gobierno laico, se convirtió en el lugar de encuentro entre Roma y Moscú (12 feb. 2016).
 El Papa Francisco iba de camino a México y el Patriarca Kirill comenzaba una visita a comunidades ortodoxas en América Latina. Durante el encuentro de dos horas a puerta cerrada, en el aeropuerto de La Habana, Francisco llamó “hermano” al Patriarca.  Al final, ambos líderes religiosos firmaron un importante acuerdo.

4. ¿Qué nos une ahora? El documento oficial marca una pauta muy novedosa para el diálogo ecuménico. Primero reconoce que sí hubo unidad durante los primeros mil años, luego reconoce los conflictos que dieron lugar a la separación (n. 5), pero después plantea mirar hacia delante: para “superar las diferencias históricas”, ambas Iglesias buscarán una “respuesta común” a los desafíos que el cristianismo enfrenta en este cambio de época (n. 7).
El reto principal –aunque no el único– que abordarán juntos católicos y ortodoxos será la persecución de cristianos en Medio Oriente, por parte de los yihadistas (nn. 8-12). Ambas confesiones orarán “por el regreso de los refugiados a sus casas, por la curación de los heridos y el descanso eterno del alma de las víctimas inocentes” (n. 11).

La reconciliación entre Roma y Moscú nos muestra que las religiones han aprendido a dialogar, y que este diálogo va más allá de las cuestiones teológicas, porque el punto de encuentro es la promoción del hombre, de la paz y de la solidaridad con los que sufren. Ojalá que este modelo sea tomado en cuenta para resolver también conflictos sociales y políticos.

sábado, 20 de febrero de 2016

México, una nueva época entre Iglesia y Estado


Año 12, número 563
Luis-Fernando Valdés

Presenciamos una escena muy contrastante para la historia del México de la Reforma (1857-1910) y post-revolucionario (1917-2000): el Papa Francisco fue recibido por el Presidente del País, primero con música y danzas regionales, y después en un acto oficial en el Palacio Nacional. ¿Qué es lo que ha cambiado este viaje apostólico en la relación entre la Iglesia y el Estado mexicano?

El Presidente de México, Enrique Peña Nieto,
recibió al Papa Francisco en Palacio Nacional.
(Foto: www.noticierosdemexico.com.mx)

 
1. Una historia de separación. Con las Leyes de Reforma (1859), promulgadas durante la presidencia de Benito Juárez, inició la separación de la Iglesia de la vida pública, y tuvo su punto álgido en la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la exclaustración de monjas y frailes.
Después con la nueva Constitución de 1917, desapareció la personalidad jurídica de la Iglesia, lo cual llevó más adelante a la llamada Guerra Cristera (1926-1929), que fue una dura persecución religiosa, denunciada por Pío XI (Enc. Iniquis afflictisque, 1926).

2. El reconocimiento de las asociaciones religiosas. Después esta historia tomó un giro diferente, porque hubo una convivencia “de facto”, en la que las instituciones religiosas no estuvieron reconocidas “de iure”, pero pudieron operar con cierta normalidad.
Fue una época de simulación por parte de ambas instancias. Cuando Juan Pablo II viajó a México, no hubo recepción oficial; y en 1990 fue recibido con gran respeto por el Presidente Salinas, aunque de modo no oficial.
En 1992, la Constitución mexicana fue reformada en la cuestión religiosa. Y surgió así un nuevo paradigma que reconocía el “derecho humano” de cada ciudadano a tener una religión y el derecho a que existieran asociaciones religiosas de cualquier confesión. Este enfoque superó la dialéctica entre el Estado y la Iglesia.

3. Una nueva relación. Los siguientes tres viajes apostólicos de san Juan Pablo II fueron visitas de Estado (1993, 1999 y 2002), y lo mismo el de Benedicto XVI (2012). En estas visitas quedó claro que los pontífices no venían a México con pretensiones políticas, sino a dar aliento y esperanza a los ciudadanos.
Ahora el viaje del Papa Francisco se realizó en un marco social marcado por problemas sociales (violencia, secuestros, narcotráfico, migrantes, desempleo), desintegración familiar, pobreza y marginación de minorías (como los indígenas).
El Papa fue recibido con alegría y con honores, como Jefe del Estado Vaticano y, a la vez, como “Mensajero de misericordia y paz”. Es decir, fue reconocido por todos que el País necesitaba de un líder moral que viniera a sacudir las conciencias y a exhortar a la solidaridad con lo más necesitados.

4. El punto de convergencia. La fórmula de Francisco fue una cercanía llena de gestos (saludar a millones de personas que le hacía valla en los trayectos, acariciar enfermos y hablar con sencillez), pronunciar mensajes religiosos (varios muy guadalupanos), hacer denuncias claras (tomando como base la Sagrada Escritura y aplicándola a las situaciones sociales y económicas actuales) y exhortar a la reconciliación y a la solidaridad con el próximo.
Así Francisco mostró que la problemática social es el punto donde la Iglesia y el Estado convergen, para prestar ayuda a una sociedad convulsionada y necesitada de soluciones. Cada institución en su lugar, pero ambas al servicio de las personas.

Seguramente hemos presenciado el final de una visión dialéctica entre gobernantes y eclesiásticos, y hemos sido testigos de una nueva época de colaboración entre Iglesia y Estado, que ahora convergen no en una lucha de poder, sino en las “periferias” sociales y existenciales.

viernes, 12 de febrero de 2016

¿A qué viene el Papa a México?

Año 12, número 662
Luis-Fernando Valdés

Dos preguntas sobre el viaje del Papa a México: ¿Qué espera el Papa obtener de este país? ¿Qué esperan los mexicanos que el Pontífice le aporte a esta nación? En ambas respuesta radica la clave para entender el viaje apostólico de Francisco.

El Papa Francisco durante el vuelo hacia México,
se puso un sombrero de charro.
1. Los mexicanos le preguntan al Papa. En un interesante ejercicio periodístico, el corresponsal de Notimex, Andrés Beltramo, pidió a un nutrido grupo de mexicanos que grabaran sus propias preguntas para el Obispo de Roma.
Y luego el periodista se las proyectó al Santo Padre y Francisco grabó en video sus respuestas. Este video y su transcripción representan un gran documento sobre los que el Pontífice y los mexicanos esperan de esta visita y, en cierto modo, son como la “clave de lectura” de este acontecimiento.

2. Un cambio de perspectiva. Jorge Armando, de la Ciudad de México, le formula una pregunta que refleja la expectativa de paz y esperanza que los mexicanos tienen de esta visita apostólica: “Su, Santidad, ¿a qué viene a México, qué nos viene a traer a México?”
Pero el Papa Francisco sorprende con su respuesta, porque no ofrece una respuesta directa, sino que anuncia que es él quien llega para aprender. “Yo te quisiera decir –contestó el Pontífice– que lo que más me mueve a mí es: ¿qué voy a buscar a México? Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas… Yo voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo… Voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de esa riqueza de fe.”
Este cambio de perspectiva da el tono del viaje: el Santo Padre no viene a imponer soluciones desde arriba, sino que viene a convivir con la gente, viene a aprender, y desde ese diálogo dará las respuestas a la problemática religiosa y social de México.

3. La paz, buscada desde la fe religiosa. Juan Valderrama, del Estado de Chihuahua, dice con sencillez lo que espera del Papa: “Que nos ayude aquí a bendecir a Juárez, porque está muy peligroso aquí todo Juárez. Que nos dé paz aquí en Juárez”.
El Santo Padre con su acostumbrada claridad responde que México que está viviendo su “su pedacito de ‘guerra’, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado”, y añade que viene “para rezar con ustedes, para que los problemas de violencia, de corrupción y todo lo que ustedes saben que está sucediendo, se solucione”.
Francisco explica que “la paz es algo que hay que trabajarla todos los días… ¡la paz hay que pelearla todos los días!, hay que combatir todos los días por la paz, no por la guerra”. Y dio un consejo para conseguirla: el diálogo.
“La paz nace de la ternura, la paz nace de la comprensión, la paz nace o se hace en el diálogo, no en la ruptura, y ésta es la palabra clave, el dialogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo”, dijo.

Francisco viene a ser un “mensajero de paz y misericordia”, que aprende de la fe de los mexicanos y que habla de esperanza religiosa. Por eso, esta visita marca un parteaguas en la relación entre la religión y la sociedad mexicana, que puede ser un estupendo cambio de paradigma a nivel global para las relaciones entre la Iglesia y los Estados laicos.
El punto de divergencia, que era la intervención de la Iglesia en los problemas sociales (como la paz, migrantes, pobreza, etc.), es ahora el lugar de convergencia, porque va quedando claro que la Iglesia no busca ser una alternativa política, sino una  fuente de aliento y esperanza para los ciudadanos.

lunes, 8 de febrero de 2016

El Papa en las “periferias” de México

Año 12, número 661
Luis-Fernando Valdés

Francisco visitará México y tienen una agenda que lo llevará a los lugares más representativos de algunos serios problemas humanos. Al visitar esas periferias urbanas y existenciales, ¿qué tipo de un mensaje proclamará el Papa: religioso o político?

Papa Francisco visitará las
"periferias existenciales de México".
(Foto: notimerica.com)
1. Un nuevo concepto pastoral. Una de las novedades del pontificado del Papa Francisco fue su frase de invitar a los católicos a atender las “periferias existenciales”. Sin duda, este concepto surge de un fenómeno social, que son las llamadas “villas miseria” ubicadas en las periferias de Buenos Aires.
En esas periferias sociales hay continuos problemas urbanos: falta de agua, explotación laboral, tráfico de personas, etc. Pero de ahí, ya desde su época de cardenal, Francisco nos hizo ver que hay también otras “periferias”, con una problemática grande: las de la existencia humana.
De esta manera, de la realidad vital de las periferias, el Santo Padre acuñó un nuevo concepto pastoral: el de “periferias existenciales”, pero no con un afán académico o meramente indicativo, sino para denunciar un problema profundo y de inmediato buscar su solución.

2. El programa de su pontificado. En vísperas del Cónclave que lo eligió, en una intervención ante el resto del colegio cardenalicio (durante las llamadas “congregaciones generales”), el entonces cardenal bonaerense, expuso cuál era su visión de la misión del nuevo Papa (sin saber que él sería el elegido).
En su breve discurso el card. Bergoglio afirmó: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.”
Y añadió: “Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de ‘la dulce y confortadora alegría de la evangelizar’.”

3. Las repercusiones sociales de una visita pastoral. Con estos antecedentes, es más claro entender que el Pontífice no viaja a México para hablar de política, sino para llevar el Evangelio tanto a los que viven en las periferias sociales, como a los que sufren interiormente el drama de las “periferias existenciales”.
Además, así lo hizo ver Francisco en una entrevista especial del corresponsal de Notimex en Roma, Andrés Beltramo, a quien le confió: “Yo voy a México no como un rey mago cargado de cosas para llevar mensajes, ideas, soluciones a problemas, no sé, pensemos todas las cosas, yo voy a México como un peregrino. (…) Voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes.”
Y añadió qué él no quería “tapar nada”, o sea, no negar nada del “México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los cárteles”, sino que vendrá a “exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas”.

El Santo Padre visitará las periferias existenciales de México, como la de los indígenas en Chiapas; la de la violencia y el narcotráfico, en Morelia; la de los migrantes en Ciudad Juárez (en la línea fronteriza con El Paso, Texas). Sin duda, este viaje representará un gesto de solidaridad con los que sufren estos duros problemas, pero también será para los demás una sacudida a la indiferencia y una llamada a la acción.

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