domingo, 26 de abril de 2015

Cuando un genocidio deja de ser noticia

10º Aniversario. Número 520.
Luis-Fernando Valdés

El genocidio de los armenios por fin fue reconocido a nivel internacional, mientras que otros “genocidios” muy recientes pasaron a segundo plano. Pero, ¿cuál es el interés de hablar de estas masacres: la morbosidad o la solidaridad?

En una semana, hemos recibido noticias del asesinato de 28 cristianos etíopes capturados en Libia por parte del Estado Islámico (19 abril) y de un nuevo naufragio el Mediterráneo, que costó la vida a por lo menos 700 migrantes del norte de África (18 abril).

Además, apenas hemos recibido información sobre una masacre continua de civiles por parte de grupos armados en la región de Mbau (República Democrática del Congo) (10 abril 2015).

En sentido estricto, el “genocidio” es un delito internacional que comprende “cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”. Este es el caso de los cristianos perseguidos por el Estado Islámico.

Sin embargo, hay tragedias que aunque no pretenden expresamente la eliminación de grupos étnicos o religiosos, afectan de tal manera a uno de esos grupos, que su efecto es prácticamente similar.

De ahí que también podamos reclamar la atención a ciertos problemas internacionales y llamarles en sentido análogo “genocidios”, como es la caso de las víctimas de la migración (tanto en América como en Europa) o de los afectados por las guerras olvidadas en África.

La indiferencia ante las tragedias nos deshumaniza. Por eso, es importante tener presentes los genocidios y las masacres. Pero, no hay que confundir el “seguimiento noticioso” de una tragedia de este tipo con la “morbosidad”.

El seguimiento busca estar al día de los hechos para aportar o exigir soluciones, como pedir a las potencias internacionales que intervengan. En cambio, el morbo es la curiosidad malsana, que se enfoca sólo en los datos sangrientos, y desea nuevas noticias sólo para curiosear en las desgracias.

Cuando pedimos que estos genocidios raciales o religiosos y las tragedias de los migrantes sigan presentes en la opinión pública, evidentemente nos referimos al “seguimiento noticioso”. Pero también aquí cabe un matiz, pues no nos referimos a pedirle a las agencias internacionales que nos informen de estas masacres, ya que de hecho sí lo hacen.

Se trata más bien que seamos los ciudadanos quienes realicemos este “seguimiento noticioso”, y de manera activa busquemos una respuesta internacional, que les pueda procurar solidaridad y seguridad a los ciudadanos perseguidos tanto Medio Oriente como en África; y los mismo respecto a los migrantes y otros grupos vulnerables.

Como tenemos acceso a la información inmediata de todo lo que sucede en cualquier lugar del mundo, tenemos también una gran responsabilidad, pues nuestro prójimo ahora es cualquier ciudadano del orbe.

Por tanto, hoy la solidaridad se manifiesta en el afán de cada uno por ser un lector activo, que da seguimiento a estos “genocidios” y que mediante pide soluciones, al menos participando en las redes sociales.

En cambio, cuando la tragedia de un pueblo –no importa de qué latitud, ni de qué raza o religión– deje de ser objeto de nuestro seguimiento, y nos olvidemos de protestar y pedir soluciones, nos habremos convertido en cómplices mudos.

* * *
La columna “Fe y razón” cumple 10 años de publicarse cada domingo de modo ininterrumpido. El Autor agradece profundamente a todos los lectores su constante apoyo.

sábado, 18 de abril de 2015

La tragedia de los genocidios negados

Año 11, número 519
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco llamó “genocidio” al exterminio de armenios ocurrida hace cien años en el imperio otomano, a pesar de que el gobierno turco se niega a reconocerlo. ¿Qué busca el Pontífice: provocar a Turquía o defender a los débiles?

El Presidente turco Erdogan y el Papa en su última reunión.
1) El 24 de abril se celebrará el centenario del genocidio armenio, que fue la deportación forzosa y exterminio de entre un millón y medio y dos millones de católicos armenios, víctimas de masacres y deportaciones masivas –sin medios para subsistir–, por parte del Imperio Otomano desde 1915 hasta 1923.

2) El domingo 12 de abril el Obispo de Roma conmemoró con miles de fieles los cien años del martirio armenio. En su mensaje inicial, el Pontífice se refirió a esta tragedia con las palabras de Juan Pablo II: “el primer genocidio del siglo XX”.
Añadió que este genocidio “afligió a su pueblo armenio –primera nación cristiana–, junto a los sirios católicos y ortodoxos, los asirios, los caldeos y los griegos. Fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, mujeres, hombres, ancianos e incluso niños y enfermos indefensos”.
El Santo Padre también explicó que es muy importante rememorar esta tragedia, “porque donde se pierde la memoria quiere decir que el mal mantiene aún la herida abierta; esconder o negar el mal es como dejar que una herida siga sangrando sin curarla”.

3) Que Papa utilizara la palabra “genocidio” enfadó al gobierno turco, ya que Turquía nunca ha reconocido la masacre, aunque el año pasado el primer ministro y hoy presidente Recep Tayyip Erdogan ofreció condolencias a los descendientes de las víctimas.
Turquía no reconoce estos hechos como “genocidio” sino que los considera “lamentables excesos” cometidos durante una guerra entre las fuerzas del orden y las milicias armenias, aliadas de Rusia en la I Guerra Mundial.
Las declaraciones del presidente Erdogan fueron muy desafortunadas. “Condeno al Papa –dijo– y quiero advertirle. Espero que no vuelva a cometer un error de ese tipo” y añadió que “cuando los políticos y los religiosos asumen el trabajo de historiadores, no dicen verdades, sino estupideces. (abc.es, 14 abril 2015)

4) Sorprendió la positiva reacción del Parlamento europeo, que probó este miércoles una resolución que exige a las autoridades turcas reconocer el genocidio armenio, cometido hace cien años por el entonces Imperio Otomano.
Esta resolución también “elogia el mensaje pronunciado por Su Santidad el Papa Francisco para honrar el centenario del genocidio armenio el 12 de abril de 2015 con un espíritu de paz y reconciliación”.
El eurodiputado Gerolf Annemans criticó que “el Gobierno turco no ha hecho nada hasta ahora para reparar el daño (del genocidio)” e insistió en que se debe reconocer este hecho “para que pueda haber reconciliación”. Y añadió: “Menos mal que el Papa Francisco ha dicho las cosas claramente”. (Religión digital, 16 abril 2015)

5) ¿Qué lección encierra este “diferendo” entre el Vaticano y Turquía? La clave radica no tanto en la gran valentía de llamar “genocidio” a la masacre perpetrada por el entonces imperio otomano, como en denunciar que la humanidad no aprende de las guerras o peor que busca negar esas tragedias, “con la ayuda de algunos y con el silencio cómplice de algunos que permanecen como espectadores”. (Mensaje, 12 abril 2015)
En realidad, el Papa Francisco está enviando un mensaje para que la comunidad internacional no permanezca indiferente ante recientes las matanzas de cristianos. ¿Qué esperan los gobiernos democráticos para llamar por su nombre a los genocidios que realizan Boko Haram y el Estado islámico?

domingo, 12 de abril de 2015

Víctimas del silencio cómplice

Año 11, número 518
Luis-Fernando Valdés

Tragedia en Jueves santo. Una terrible ataque de yihadistas en una universidad keniata, y una débil reacción mundial. ¿Acaso no es un atentado contra toda nuestra civilización? ¿Por qué este silencio?

(Tomado de eldiario.es)
El ataque yihadista en la Universidad de Garissa ocurrió el pasado 2 de abril en Kenia, dejando como saldo 147 personas muertas, incluidos los 4 terroristas que participaron en la masacre.

Los atacantes, militantes de la organización Al Shabaab (que busca establecer un estado islámico en Somalia), irrumpieron en el campus con armas de alto calibre y tomaron como rehenes a múltiples estudiantes y profesores, alegando que la institución estaba en un espacio colonizado por no musulmanes.

Los terroristas liberaron a estudiantes y personal musulmán, pero asesinaron a los cristianos mediante disparos y decapitación. Aún se desconoce el paradero de 535 estudiantes. (Ataque yihadista en la Universidad Garissa)

Una estudiante cristiana de 19 años, Cynthia Cheroitich, sobrevivió a esta masacre porque se escondió en un closet, y cuenta que oyó a los terroristas advertir que solo liberarían a quienes sabían “leer como musulmán”. (Aciprensa, 16 abril 2015)

Ante este claro atentado contra la libertad religiosa, mediante un telegrama de la Secretaría de Estado del Vaticano al cardenal John Njue, arzobispo de Nairobi, el Papa Francisco condenó “este acto de insensata brutalidad y reza por la conversión de los corazones de aquellos que lo han perpetrado”.

Y en ese mismo texto, el Pontífice hizo “un llamado a las autoridades a redoblar esfuerzos con el fin de trabajar con todos los hombres y mujeres de Kenia para poner fin a esta violencia y saludar la luz de una nueva era de fraternidad, justicia y paz”. (News.va, 3 abril 2015)

Durante el Vía Crucis en el Coliseo, el Viernes Santo, el Santo Padre comparó a los mártires de hoy con los cristianos asesinados de los primeros siglos: “vemos hoy a nuestros hermanos todavía perseguidos, decapitados y crucificados por su fe … ante nuestros ojos, o con frecuencia con nuestro silencio cómplice” (News.va, 3 abril 2015)

Y de nuevo, en el tradicional mensaje “Urbi et orbi” del domingo de Pascua, el Obispo de Roma denunció que los fieles cristianos son “perseguidos, exiliados, asesinados, decapitados, por el solo hecho de ser cristianos”.

El Papa añadió un dato para tomar muy en serio, sobre el número de cristianos asesinados a lo largo de estos años. Dijo que “ellos son nuestros  mártires de hoy y son muchos; podemos decir que son más numerosos que en los primeros siglos.”

Y nuevamente, el Pontífice hizo exhortó a la comunidad internacional que “no permanezca muda e inerte frente a tales inaceptables crímenes, que constituyen una preocupante violación de los derechos humanos fundamentales. Pido verdaderamente que la comunidad internacional no mire hacia otro lado.” (News.va, 6 abril 2015)

Es importante que la diplomacia internacional manifieste claramente su repudio a estos actos, y que apoyen a las autoridades keniatas para enfrentar a estos grupos yihadistas, porque están en juego no sólo los valores religiosos, sino los cimientos mismos de la sociedad democrática.

Este terrible atentado afecta no sólo a los católicos, sino a todos: a los ciudadanos de cualquier creencia, a los universitarios, a los gobernantes de cualquier país, a los líderes de las religiones, porque se trata de un atentado contra la libertad religiosa y contra la democracia.

El silencio o la indiferencia de la opinión pública y de los líderes de las naciones se puede convertir en un mensaje de victoria para los yihadistas. Es un tácito “no pasa nada”. ¡Ya no más yihad!
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

sábado, 4 de abril de 2015

Dignidad encarcelada

Año 11, número 517
Luis-Fernando Valdés

Presenciamos otro Jueves Santo en el que el Santo Padre lava los pies a doce encarcelados. ¿Por qué el Papa Francisco tiene ese gesto de humildad con quienes ha cometido crímenes y dañado a inocentes?

El Pontífice argentino realizó el lavatorio de pies a 12 detenidos, hombres y mujeres, de la cárcel de Rebibbia, a las afueras de Roma. Habías dos mujeres nigerianas, una congoleña, dos italianas, una ecuatoriana y al hijo de una de ellas. También a un hombre de nacionalidad brasileña, a otro nigeriano y a cuatro italianos. [noticia aquí]

¿Qué significado tiene esta acción? De entrada, nos puede parecer un signo desproporcionado que el Vicario de Cristo tenga esta deferencia hacia unas personas que han cometido delitos. ¿Los está premiando por sus crímenes?

No. En realidad, el Santo Padre les está “devolviendo” la dignidad a los presos. En efecto, las personas que han cometido un delito se han dañado a sí mismas; en cierto modo, han renunciado a ser plenamente humanas. Y con este gesto, el Papa les dice que esa dignidad sigue en ellos, aunque ahora ellos mismos no la sepan reconocer.

No pocos de los sistemas carcelarios actuales suelen tratar a los delincuentes (y también a los “presuntos” criminales) como a seres sin dignidad. Desafortunadamente, en muchos casos, cuando una persona ingresa en un centro penitenciario, es considerada como si ya fuera un humano inferior, sin dignidad ni derechos; y así se justifican los malos tratos.

Con esta celebración del Jueves Santo en una prisión romana, el Pontífice les envía un mensaje a todos los encarcelados del mundo: que aunque sus crímenes no tienen justificación, su dignidad personal no ha desaparecido.

Francisco lleva el Evangelio a las periferias existenciales, a esos lugares donde la dignidad humana se ve comprometida, como las villas miserias, el desempleo… y también las cárceles. Y, a lavar los pies de los presos, está predicando el Evangelio de la misericordia, que se dirige a todas las personas, empezando por los más necesitados de perdón y de comprensión.

Pero este mensaje del Papa no se dirige sólo a los que trabajan en las cárceles, más bien va dirigido a toda la sociedad, porque nuestra mentalidad contemporánea considera casi siempre a los criminales como seres indeseables que no merecen perdón ni respeto.

Pero esto no es así. Los reos ante todo son personas y tienen dignidad, aunque ellos mismos hayan renunciado a ella, incluso aunque ellos se la hayan despojado a los inocentes. Por eso, los criminales no pueden ser tratados como seres sin derechos fundamentales.

Cuando en la Semana Santa hablamos de “redención”, nos referimos al hecho de que Jesús se somete a la injusticia y se deja tratar con un ser sin dignidad, precisamente para devolver la dignidad a los pecadores, a los delincuentes. Con la Cruz, Jesucristo nos dice que, por los méritos de sus sufrimientos, cada criminal puede volver a vivir de acuerdo a su dignidad original.

Y eso es lo que debe saber todo culpable: que mediante el arrepentimiento puede dejar su antigua vida errada, porque su propia dignidad lo está esperando. Lo que el delincuente necesita es esta redención: la oportunidad de recuperar su estado originario.

Sin esta noción de redención, que devuelve al culpable su dignidad, las cárceles son un infierno; sin esta redención, la sociedad no se vuelve más justa sino injusta, ya que institucionaliza la venganza hacia el criminal. El Papa Francisco lavó los pies de los criminales para que la dignidad humana no quede encarcelada.

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