sábado, 28 de febrero de 2015

El Papa quiere reformas

Año 11, número 512
Luis-Fernando Valdés

Como la “mexicanización” de Argentina fue el foco de las noticias vaticanas, no llamaron la atención las medidas que el Papa ha estado tomando a lo largo de este mes para conseguir la tan mencionada reforma vaticana. Pero, ¿por qué hace falta una reforma?

En el mes de febrero es costumbre que el Santo Padre convoque a los cardenales para celebrar un “consistorio”, reunión para “crear” (=nombrar) nuevos cardenales y para tomar algunas decisiones importantes.

Francisco ha aprovechado estos días de reuniones, para explicar cuál debe de ser el perfil humano y espiritual de los cardenales. Les indicó que sean ejemplo de caridad: “personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados” (Homilía, 14 febrero 2015).

Se trata pues de la reforma interior de las personas que tienen a su cargo un puesto de colaboración con el Papa. Como es lógico, si los cardenales son mejores cristianos, la Iglesia universal y sus respectivas Iglesia locales cumplirán mejor su labor evangelizadora.

Además, el Obispo de Roma, ha aprovechado la concurrencia de purpurados a Roma, para avanzar en la reforma administrativa de la curia. El Consejo de Cardenales, llamado “C9”, presentó el proyecto de la posible fusión de algunos Pontificios Consejos, con el nacimiento de dos grandes dicasterios: uno dedicado a los laicos (que incluiría la familia y la vida); y el otro, dedicado a la caridad y a la justicia. En ambos podrían colaborar laicos y familias. [Vatican Insider, 9 febrero 2015]

¿Por qué estos mensajes y estas decisiones han pasado un poco desapercibidas por los medios, si son fundamentales? Seguramente porque aún no se ha entendido del todo qué es lo que se tiene que cambiar y por qué razones.

El Santo Padre ha dicho expresamente cuál es la razón de fondo de estos cambios: la evangelización. “La reforma de la Curia no es un fin en sí misma, sino un medio para dar un testimonio cristiano fuerte, favorecer una evangelización más eficaz” y “alentar” el espíritu ecuménico y el diálogo con todos. [Vatican Insider, 12 febrero 2015]

Todo los cambios están en función de llevar el mensaje de Cristo a todos los católicos y a todas las personas. Pero esta misión evangelizadora es de toda la Iglesia, no solo del Pontífice; en cada diócesis el responsable es el Obispo, ayudado por sus sacerdotes y fieles. Y para impulsar a todas las diócesis y a todas las instituciones de la Iglesia, el Papa es apoyado por la Curia romana.

Y es ahí donde está el núcleo de lo que el Papa quiere reformar: busca que ese organismo responda a los retos de este tiempo y sea más ágil. Como se puede ver, el Santo Padre no está buscando cambiar a la Iglesia universal, sino al organismo consultor que lo auxilia, que es la Curia.

Sin embargo, con frecuencia se confunde a la Curia con la Iglesia universal, lo cual equivale a reducir una escuela a sus oficinas administrativas y al gobierno de una nación con las ventanillas de sus dependencias.

Quienes buscan una teoría de conspiración contra el Papa, quienes se empeñan en ver una pugna de poderes en los pasillos vaticanos, o quienes desean un modificación radical de los principios de la moral católica, quizá no serán capaces de percibir los verdaderos cambios. Y posiblemente al final de este pontificado dirán: “Francisco también fue un Papa conservador”.

sábado, 21 de febrero de 2015

Ecumenismo de la sangre

Año 11, número 511
Luis-Fernando Valdés

Terroristas del Estado Islámico decapitaron a 21 cristianos coptos. El Papa Francisco, consternado, declaró que estas víctimas son “mártires de todos los cristianos”. ¿El Pontífice nos pide aceptar como santos a estos cristianos no católicos?

Los 21 mártires coptos asesinados por el EI.
El Santo Padre ha impulsado el ecumenismo con gran fuerza. Pero, lo mismo que sucedió con Juan Pablo II, no han faltado quienes malinterpretan los gestos ecuménicos como si fueran una desviación de la ortodoxia católica.

Más que esa supuesta “herejía” de los papas, la realidad es otra. Francisco ha visto que el diálogo teológico –al que no le resta importancia– va muy lento, mientras que la vida misma de los fieles de las diversas confesiones empuja a una búsqueda más inmediata de la unidad. Muestra de ello es la devoción a los mártires, que has traspasado las fronteras de cada confesión.

Entrevistado por el vaticanista Andrea Tornielli, el Santo Padre dio esta explicación fundamental: “Hoy existe el ecumenismo de la sangre. En algunos países matan a los cristianos porque llevan consigo una cruz o tienen una Biblia; y antes de matarlos no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos. La sangre está mezclada. Para los que matan somos cristianos. Unidos en la sangre, aunque entre nosotros no hayamos logrado dar los pasos necesarios hacia la unidad, y tal vez no sea todavía el tiempo.” (Vatican Insider, 14 dic 2013)

Esta visión del ecumenismo no es nueva. Ya la tenía san Juan Pablo II, quien –como preparación para el Jubileo del año 2000– escribió: “En nuestro siglo, el testimonio ofrecido por Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes” (Tertio millennio adveniente, 37).

Durante ese Gran Jubileo, Juan Pablo II celebró una conmemoración ecuménica de los mártires del siglo XX, en la que expresamente se refirió al Metropolita ortodoxo de San Petersburgo, Benjamín, martirizado en 1922, y al Pastor luterano Paul Schneider, asesinado en el campo de concentración de Buchenwold, en 1939), ambos venerados en sus respectivas confesiones.

Y añadió: “la preciosa herencia que estos valientes testigos nos han legado es un patrimonio común de todas las Iglesias y de todas las Comunidades eclesiales. Es una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división. El ecumenismo de los mártires y de los testigos de la fe es el más convincente; indica el camino de la unidad a los cristianos del siglo XXI” (Homilía, 7 mayo 2000).

Lo que Juan Pablo II y Francisco han cambiando no es la doctrina católica, sino la estrategia ecuménica. Antes se pensaba que primero había que llegar a un acuerdo doctrinal, para luego poder rezar juntos. Ahora se reconoce que la oración común y la veneración común a los mártires es previa a los acuerdos teológicos, porque primero se da la realidad carismática, que a veces los teólogos no aciertan a explicar.

Además, la búsqueda de la unidad de las confesiones cristianas pone de relieve que el Pontífice busca obedecer a Cristo, que en el Evangelio indicó que los demás reconocería a los cristianos porque se aman entre sí (cfr. Juan 13,35).

Lejos de un ecumenismo mediático, el Papa Francisco y sus predecesores han mostrado el verdadero rostro de la Iglesia, el de la comprensión y la caridad, que tiene una expresión privilegiada en el reconocimiento y veneración de quienes han derramado su sangre por Cristo, sin importar en que confesión fueron bautizados.

domingo, 15 de febrero de 2015

La última lección de Benedicto XVI

Año 11, número 510
Luis-Fernando Valdés

Ya son dos años que Benedicto XVI salió de la escena pública de la Iglesia católica. Desde entonces han sido pocas sus apariciones, pero su retiro ha hecho brillar más que nunca sus enseñanzas. ¿Cuáles son las más recientes lecciones de Joseph Ratzinger?

El entonces joven profesor Ratzinger. Jubilado,
el Papa emérito nos da sus mejores lecciones.
La vida de Joseph Ratzinger ha sido apasionante. De la mano de su vocación al sacerdocio y a la docencia de la Teología, el hoy Papa emérito ha sido protagonista de los sucesos recientes más importantes de la vida de la Iglesia: el Concilio Vaticano II, el pontificado de Juan Pablo II y luego su elección y renuncia como Papa.

A dos años de su retiro, resulta más fácil comprender que las mejores enseñanzas del Papa emérito no están plasmadas en sus centenares de artículos y decenas de libros, ni tampoco en sus magníficas homilías y catequesis, sino en su propia vida.

El prestigio intelectual del Pontífice emérito ha sido reconocido desde que él era un joven profesor universitario. Y de igual manera, ya desde sus tiempos de colaborador de Juan Pablo II tenía fama de ser un hombre sabio, es decir, lleno de conocimientos que sirven para guiar la propia vida. Pero ahora es su existencia misma la que brilla.

Centremos la atención en el episodio de su renuncia al Pontificado romano, porque ahí se muestra nítidamente una gran lección para la vida, llena de sabiduría, que sólo puede enseñar una persona humilde, convencida de que lo mejor para ella es aceptar la verdad de sus límites.

Aquel 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI anunció su renuncia y explicó que lo hacía “siendo conocedor de la gravedad de este acto, pero también sabiendo que no estoy preparado para desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que este requiere.” [Noticia y video]

En otras palabras, el Papa alemán reconocía así que su incapacidad para atender la problemática eclesial. Y es admirable que dio prioridad al bien de toda la Iglesia que a su prestigio personal.

Esta decisión no era nada fácil, puesto que su predecesor, san Juan Pablo II, expresamente decidió no renunciar, sino permanecer hasta el final; además, habían pasado siete siglos desde el último Pontífice que había renunciado. Pero desafío a la historia para beneficiar a la Iglesia.

Junto con su renuncia al cargo máximo de la Iglesia católica, Benedicto XVI expresamente anunció su retiro de toda actividad pública, para no causar ni confusión ni división en la Iglesia. Y afirmó que su actual misión es apoyar al Papa Francisco: “Hoy veo como mi única y última tarea sostener su Pontificado en la oración”. [Ver]

Ha sido el Papa Francisco, quien lo ha puesto de nuevo ante los reflectores, pues lo ha invitado a diversas ceremonias, para significar la unidad. Además, el Pontífice argentino ha dicho que es estupendo que Benedicto viva en el Vaticano, porque “es como tener un abuelo sabio en casa”. [Ver]

Desde hace un par de años, el Papa emérito no es noticia… ¡y ésa es la gran noticia! Benedicto nos enseña así cómo llevar sabiamente el final de una vida intensa. El Profesor Ratzinger nos da la última gran lección: entender cuándo acaban nuestras fuerzas y cuándo debemos dar paso a quien nos relevará. Esto es un gran legado para nuestra cultura, plagada por la ambición de poder.

Como dijimos en su momento, Benedicto posiblemente pasará a la historia como el “Papa sabio” que supo entender que la Iglesia de hoy necesita un Pontífice con salud física –y no sólo espiritual–; y también como un Papa que, por amor a su grey, no permitió que su vejez perjudicara la dirección del Pueblo de Dios.

domingo, 8 de febrero de 2015

Monseñor Romero y el Opus Dei

Año 11, número 509
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco reconoció como mártir a Monseñor Romero y autorizó su beatificación. Es muy conocida la faceta pastoral y social del nuevo beato, pero pocos conocen su perfil espiritual.

El pasado martes 3 de febrero, el Santo Padre autorizó la promulgación del decreto sobre el martirio del arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la misa.

Óscar Arnulfo Romero Galdámez nació el 15 de agosto de 1917, en Ciudad Barrios (El Salvador). Fue el segundo de ocho hermanos. Fue un niño piadoso e ingresó al seminario a los 13 años, a los 20 inició sus estudios de teología en Roma y fue ordenado sacerdote a los 24. Pablo VI lo nombró obispo auxiliar de San Salvador en 1970, luego obispo de Santiago de María (1974) y después Arzobispo de San Salvador (1977).

Por las polémicas en torno a su asesinato, la opinión pública ha puesto poca atención a la dimensión mística del nuevo beato, que era un hombre de oración. Y muy ligada a su vida espiritual se encuentra su relación con el Opus Dei, institución que conoció cuando era párroco en la ciudad de San Miguel.

El entonces párroco tenía dirección espiritual con un sacerdote del Opus Dei, y ayudó a poner en marcha la primera residencia universitaria de esta institución en El Salvador, en 1960. [ver aquí]

En 1970, con motivo de su nombramiento episcopal, Óscar Romero viajó a Italia, y fue a conocer a san Josemaría a la sede central del Opus Dei en Villa Tevere. El Fundador estuvo conversando con gran afecto con él; y como conocía bien su trabajo y la situación de tensión que se vivía en El Salvador, se preocupó y puso los medios para que le ayudaran a descansar durante aquellos días en la Ciudad Eterna. [ver aquí]

El 12 de julio de 1975, dos semanas después de la muerte Mons. Escrivá de Balaguer, el obispo Romero envió una carta al Papa Pablo VI pidiendo la beatificación y canonización del Fundador del Opus Dei.

En la misiva, Romero afirma que tuvo la dicha de conocerle personalmente “y de recibir de él aliento y fortaleza para ser fiel a la doctrina inalterable de Cristo y para servir con afán apostólico a la Santa Iglesia Romana”.

Y concluye diciendo: “Desde hace muchos años conozco el trabajo de la Obra aquí en el Salvador y puedo testimoniar el sentido sobrenatural que lo anima y la fidelidad al Magisterio que lo caracteriza”. [ver aquí: baje a la mitad de la página]

Con ocasión del 50º aniversario de la Fundación del Opus Dei, Mons. Romero envió una afectuosa carta al sucesor de San Josemaría, Mons. Álvaro del Portillo, recientemente beatificado.

El arzobispo salvadoreño, en una homilía (23 dic 1979), leyó la respuesta de don Álvaro y comentó: “Me alegro mucho de que esa fuerza del Opus Dei no es al margen ni paralela, sino que está en plena línea con nuestra pastoral Arquidiocesana”. (Vatican Insider, 3 oct 2014)

La última actividad del obispo mártir antes de ser asesinado fue participar en una convivencia organizada por sacerdotes del Opus Dei, como solía hacer con frecuencia. Mons. Fernando Sáenz, entonces Vicario del Opus Dei en El Salvador, y luego Arzobispo de San Salvador, narró en 1995, esos últimos momentos. [Ver aquí]

En su escrito, Mons. Sáenz destaca que, aunque muchos sólo conocían sus audaces comentario semanales “sobre los dramáticos hechos que estaban turbando la vida del país, era un obispo bueno y sencillo, y su vida de piedad era patente”.

Y en días recientes, el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, declaró su alegría por la beatificación del arzobispo mártir. Hago mía su afirmación: “Estoy seguro de que monseñor Óscar Romero va a ser un santo muy querido”.

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