domingo, 28 de septiembre de 2014

Fidelidad, ¿también hoy?

Año 10, número 490
Luis-Fernando Valdés, desde Madrid

Fue beatificado Mons. Álvaro del Portillo, a veinte años de su deceso. Se le conoce como un hombre fiel. ¿No es muy pretensioso ensalzar la figura de un sacerdote leal, ante una sociedad en la que el "para siempre" no parece compatible con la libertad?

Me encuentro en Madrid, donde hace algunas horas fui testigo de este gran evento eclesial, presidido por el cardenal Angelo Amato, Prefecto de las Causas de los Santos, quien por indicación del Papa Francisco efectuó la beatificación del primer sucesor de San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.

La vida de don Álvaro, como se le llama cariñosamente, es muy interesante porque conjuga una gran perfil humano e intelectual con un gran servicio a una porción del Pueblo de Dios (el Opus Dei) y a la Iglesia universal, por tanto por su labor en la Curia romana como por el apoyo prestado a no pocas diócesis del mundo durante su gestión como Prelado de la Obra de Dios.

Álvaro del Portillo y Diez de Sollano, nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, hijo de padre español y madre mexicana, el tercero de ocho hermanos. Criado en una familia católica, desde pequeño sobresalió por su piedad y su capacidad intelectual. Estudió Ingeniería de Caminos, que en esa época era de las carreras más exigentes. Obtuvo los doctorados en Historia, Derecho canónico además de Ingeniería.

Conoció al Fundador del Opus Dei en 1935, y pidió su admisión el 7 de julio de ese año. Desde entonces siempre estuvo muy cerca de San Josemaría y se convirtió en su colaborador más cercano, y logró una gran compenetración humana, intelectual y espiritual con él. Precisamente, porque tenía don Álvaro una gran personalidad, supo templarla para ponerlo al servicio de su misión de colaborador del fundador sin desvirtuar ni añadir nada al carisma original del Opus Dei. Cuando fue elegido sucesor de San Josemaría, el 15 de septiembre de 1975, tuvo como programa de gobierno actuar como lo haría el Fundador.

Un aspecto de la vida del nuevo Beato que refleja su fidelidad al carisma del Fundador fue el amor y el servicio abnegado a la Iglesia universal. Encarnó el lema de San Josmaría Escrivá: "Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!", que significa: todos con Pedro a Jesús por María. Por eso, su lealtad al Opus Dei y su lealtad a la Iglesia universal era una sola cosa con su amor y su fidelidad a Jesucristo.

Durante el Concilio Vaticano II desempeñó varios puestos de gran responsabilidad. El más significativo de ellos fue el de Secretario de la Comisión que redactó  el decreto "Presbyterorum Ordinis", sobre la vocación y la misión de los sacerdotes. Mostró ahí su fidelidad tanto a la doctrina bimilenaria sobre el sacerdocio como al deseo del Papa Juan XXIII de dialogar con el mundo de hoy. Para conseguirlo supo escuchar y armonizar a teólogos importantes como Yves Congar o Karl Rahner, respetando sus puntos de vista y mostrando con respeto sus divergencias.

El hoy ya Beato Álvaro fue muy amigo desde 1943 de Mons. Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, que también será beatificado el próximo mes de octubre. Y tuvo una gran amistad y sintonía con Juan Pablo II, a quién conoció desde los años del Concilio, y a quien apoyaría mucho durante su gestión como Prelado del Opus Dei. Fue ordenado obispo por este gran Papa, el 6 de enero de 1991.

Un pasaje sobre esta unión afectiva y efectiva de don Álvaro con el Romano Pontífice, ocurrió en 1979, cuando el Papa polaco le preguntó su parecer sobre la oportunidad de viajar a México, para presidir la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Mons. del Portillo le respondió que pensaba que sería un gran bien para la Iglesia, a pesar de algunas previsiones pesimistas. Y lo mismo hay que decir del apoyo del nuevo Beato a los complicados viajes de San Juan Pablo II al centro y norte de Europa, en los que consiguió que no pocas personas salieran a recibirlo a las calles.

Cuando falleció Mons. del Portillo, el 23 de marzo de 1994, a las pocas horas de volver de una peregrinación a Tierra Santa, Juan Pablo II en persona fue a rezar a su capilla ardiente. Rezo un Padrenuestro y una Salve, ante el cuerpo de su fiel amigo. Afirmó el Papa que era un deber para él haber ido a despedirse de don Álvaro.

Hoy, mientras me encontraba rodeado de más de 150 mil personas, que cantando y rezando dábamos gracias a Dios por este nuevo Beato, pude palpar que la fidelidad es una virtud que todos alabamos, y que todos consideramos muy importante en la vida civil y eclesial. Ahí estábamos aplaudiendo a este hombre fiel a Jesucristo, muchos que somos personas llenas de defectos, otros más que han fallado en sus matrimonios, otros que han tomado decisiones equivocadas o se han alejado de Dios: todos agradeciendo a Dios que nos propone un modelo amable que con su sonrisa y su vida nos mostró que sí podemos -a pesar de todos los errores- buscar ser fieles a Cristo y a la Iglesia.

lfvaldes@gmail.com
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sábado, 20 de septiembre de 2014

Guerra entre cardenales


Año 10, número 489
Luis-Fernando Valdés

El Papa pide soluciones para los cristianos divorciados. El Card. Kasper propone admitirlos y recientemente cinco cardenales “conservadores” publicaron un libro negando toda posibilidad. ¿Se trata de una rebeldía hacia el Pontífice?


En días pasados, “El Comercio” (Perú) tituló así la noticia: “Cinco cardenales conservadores se le rebelan al papa Francisco” (17.IX.2014). Y “El País” (Uruguay) la presentó así: “Cardenales conservadores en contra de la apertura del papa Francisco” (18.IX.2014). ¿De qué “rebelión” se habla?
1) El contexto es el próximo sínodo extraordinario sobre la familia, en el que se reunirán cardenales y obispos de todo el mundo para discutir sobre los temas más controvertidos que suceden en torno al matrimonio y la familia hoy día.
Como ya hemos informado en esta columna, el sínodo plantea todos los temas, pero en la opinión pública sólo está gravitando el tema de admitir a la Comunión sacramental a los divorciados vueltos a casar. Y este reduccionismo ha sido tomado como bandera, en algunos medios, para presionar a la Iglesia para que admita el divorcio.
2) El inicio de la polémica se remonta al pasado Consistorio de cardenales del pasado mes de febrero. Frente al Papa y a todos los cardenales, Mons. Kasper manejó una hipótesis sobre la posibilidad de volver a admitir a los divorciados que se han vuelto a casar a la comunión, pero viendo caso por caso, en determinadas circunstancias y tras un recorrido penitencial. Al día siguiente, Francisco lo elogió, diciendo que consideraba que el Card. Kasper hacía “teología de rodillas” y que en su discurso había encontrado “el amor de la Iglesia”.
Pero el Card. Walter Kasper no pretendía cambiar la doctrina sobre el matrimonio católico. Recientemente declaró a Andrea Tornielli: “La doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental se basa en el mensaje de Jesús; la Iglesia no tiene el poder para cambiarla. Este punto no cambia. Un segundo matrimonio sacramental, mientras la pareja siga con vida, no es posible.” En cambio, admite que su propuesta “no es una solución definitiva”.
3) Como reacción a la propuesta del purpurado alemán, sobre todo por la confusión creada ante la opinión pública, el Card. Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Doctrina de la Fe, publicó en julio el libro “La esperanza de la familia”, en el que no admite ninguna apertura en relación con la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.
 Y en días pasados apareció otro libro que sostiene la misma tesis, titulado “Permanecer en la verdad de Cristo”, firmado por Mons. Müller y cuatro purpurados: Carlo Caffarra, arzobispo de Boloña, Raymond Leo Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, y los eméritos Walter Brandmüller y Velasio De Paolis.
Conclusión. El problema teológico real es la recepción de la Eucaristía por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar; en cambio, no lo es el tema de aceptar las segundas nupcias. Tampoco se puede hablar de rebeldía hacia el Santo Padre por parte de algunos cardenales, porque no están desacatando ninguna indicación pontificia.
La cuestión clave es que los asuntos tan complicados como éste se estén dirimiendo en la arena pública, porque a los fieles nos llegan esas noticias sin matices, con cierto tono de escándalo y con titulares que siempre manejan la falsa clasificación de “conservadores” y “liberales”. No hay una ruptura doctrinal en el seno de la Iglesia, sino un fenómeno de opinión pública que produce una confusión de mensajes.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Tercera Guerra Mundial “por partes”

Año 10, número 488

Luis-Fernando Valdés

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El Papa conmemoró a los caídos de la Primera Guerra Mundial. A cien años del inicio de aquel conflicto bélico, Francisco afirmó que hoy vivimos una Tercera Guerra Mundial, combatida “por partes”, con crímenes, masacres, destrucciones. Pero, ¿qué solución propone el Pontífice?
En el centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial (13 de septiembre de 2014), el Santo Padre celebró una misa en el Monumento Militar de Redipuglia, en la norteña provincia italiana de Gorizia, donde yacen los restos de 100 mil 187 soldados italianos caídos.
Antes, como gesto de fraternidad hacia los muertos de ambos bandos, el Papa estuvo en el cementerio austrohúngaro de Fogliano también en Redipuglia, donde reposan 14 mil 550 soldados invasores caídos en esta zona.
El Papa Jorge Bergoglio conoció estos combates de primera mano, pues su abuelo Giovanni Bergoglio peleó en el ejército italiano contra el imperio austro-húngaro en el campo de batalla, sobre el cual se edificó el actual cementerio.
El abuelo de Francisco sobrevivió a la batalla en las trincheras cerca del río Isonzo (hoy frontera con Eslovenia), sobrevivió y emigró a Argentina, donde nació el actual Papa, quien contó: “Escuché muchas historias de dolor de los labios de mi abuelo”.
El Santo Padre rezó tanto por quienes cayeron en la Gran Guerra que estalló hace 100 años, como por las víctimas de todos los enfrentamientos bélicos. El Obispo de Roma rezó primero entre las hileras de tumbas de los soldados caídos de cinco naciones que fueron sepultados en el cementerio austro-húngaro y después celebró la Misa al aire libre en el monumento a los italianos caídos.
“En este lugar, en este cementerio, sólo puedo decir que la guerra es una locura. La guerra destruye lo más hermoso que Dios ha creado, el ser humano. La guerra trastorna todo, incluso la relación entre los hermanos. La guerra es una locura, es querer desarrollarse, crecer, mediante la destrucción”, afirmó Su Santidad.
Como nos tiene ya acostumbrados, el Papa Francisco fue muy agudo para ir a la causa de las guerras, buscando una explicación que no se limite a la geopolítica. Señaló que la indiferencia es la razón profunda de estos conflictos.
“Sobre la entrada a este cementerio se alza el lema desvergonzado de la guerra: ‘¿A mí qué me importa?’. Todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños... (...) La humanidad dijo: ‘¿A mí qué me importa?’ ”, indicó el Pontífice.
Momentos antes de la Misa, el Papa recorrió solo y en silencio las tumbas de los soldados. Luego en la homilía comentó: “Aquí hay muchas víctimas. Hoy las recordamos. Hay lágrimas, hay dolor. Y desde aquí recordamos a todas las víctimas de todas las guerras”.
Y añadió una valiente amonestación: “También hoy hay muchas víctimas… ¿Cómo es posible? Es posible porque también hoy, en la sombra, hay intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder, y está la industria armamentista, que parece ser tan importante. Y estos planificadores del terror, estos organizadores del desencuentro, así como los fabricantes de armas, llevan escrito en el corazón: ‘¿A mí qué me importa?’.”
Han pasado 100 años desde aquella Gran Guerra, a la que sucedió otra peor, y luego decenas de guerras regionales, de guerrillas, de invasiones de países vecinos, de guerras civiles. Está en nuestras manos rezar por la paz y exigirla a los gobernantes, como señal de que nuestros hermanos no nos son indiferentes. Detengamos esta silenciada “Tercera Guerra Mundial”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

El Papa y Maradona, más allá de la anécdota


Año 10, número 487
Luis-Fernando Valdés

El Pontífice y el astro de fútbol se unieron en un emotivo abrazo. Ambos argentinos, ambos carismáticos. Un suceso mediático, pero con un gran fondo: solidaridad y apoyo a la paz de Medio Oriente.

El Papa "es humano, uno lo puede abrazar".
 El Santo Padre había convocado a grandes futbolistas retirados, para un “partido por la paz” en el que convivieran jugadores de varias religiones. El encuentro, que se llevó a cabo el lunes 1 de septiembre pasado, dejó un mensaje claro: las diferencias religiosas no conllevan violencia.
Los medios se centraron en Maradona. El ex entrenador argentino se mostró emocionado por el saludo que recibió del Papa y declaró: “Tenemos a un gran representante. Esto me llena de orgullo a mí, a vos, a todos los argentinos, porque es humano, uno lo puede tocar, lo puede abrazar”.
El Pontífice aprovechó para pedirle al afamado futbolista que lo apoyara en una iniciativa de caridad para África. Francisco le dijo: “Vamos a tener una comida, Diego, quiero hablar con vos, quiero hacer un proyecto para que los chicos de África dejen de sufrir y que coman”. (El nuevo diario, 1 septiembre 2014)
Diego Armando se sumó también a la causa de la paz, y afirmó a Radio Vaticana que “un balón vale más que mil fusiles”. Y añadió: “Tenemos que buscar la paz como sea, queremos que la gente tenga consciencia de que la paz es lo mejor para todos”. (News.va, 1 septiembre 2014)
Pero el resultado de esta iniciativa del Obispo de Roma tuvo más trascendencia, porque se convirtió en un gran mensaje para los jóvenes. Diego Simeone, actual entrenador del Atlético de Madrid y ex capitán de la Selección argentina expresó que “para los jóvenes del mundo el mensaje que quiero darles es: el respeto”. “Respetar al prójimo es un gran paso para empezar a construir todo lo que uno desea”, manifestó.
Y el portero de la Juventus y de la Selección italiana, Gianluigi Buffon, sostuvo que las religiones pueden convivir. “A mí el deporte ha ayudado a ‘vivir en grupo’, a vivir en la diversidades que hay en un grupo, saber coexistir con cualquier tipo de compañero, de cualquier religión, de cualquier credo, y a respetarse mutuamente”.
Y añadió: “Pienso que todo tipo de fundamentalismo sea de condenar porque no deja espacio a la razón, a la relación, mientras en cambio una fe fuerte pero no demasiado exasperada, hace mucho bien”. (News.va, 2 septiembre 2014)
¿Qué pensar de esto? ¿Un mero golpe mediático?
Hay que reconocer que el Papa Francisco sabe jugar muy bien con los recursos que tiene a la mano para impulsar la paz en Siria y en Irak. Amante del soccer, el Santo Padre envía mediante un partido de fútbol un mensaje visual de convivencia interreligiosa.
En efecto, tanto los saludos del Papa lleno de afecto a todos los jugadores tanto cristianos como no cristianos, como la convivencia en la cancha entre los futbolistas de distintos credos son una señal de que las religiones, cuando son practicadas sin fanatismo conllevan comprensión.
Además, en su mensaje a estos deportistas, el Pontífice afirmó que ese partido interreligioso era un símbolo para hacer entender que “es posible construir la cultura del encuentro y un mundo de paz, donde creyentes de religiones diversas, conservando su identidad (…) pueden convivir en armonía y en el respeto reciproco”.
Concluyó el Papa explicando que la religión y el deporte pueden contribuir a la paz: “Las religiones, en particular, están llamadas a hacerse vehículo de paz y jamás de odio, porque en nombre de Dios se debe llevar siempre y solamente amor.” De esta manera, ahora mediante un balón, el Santo Padre continúa su defensa de la paz en Medio Oriente.
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