domingo, 25 de noviembre de 2012

Polémicas del nuevo libro del Papa


Año 6, número 395
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI acaba de publicar su nuevo volumen de “Jesús de Nazaret”. Y para no variar, de inmediato algunos medios internacionales destacaron las ideas que podían ser “polémicas”: la “nueva fecha” del nacimiento de Cristo, una supernova en Belén, un portal sin mula ni buey, un nacimiento virginal. ¿Qué escribió realmente el Papa?

El pasado 21 de noviembre, el Papa Ratzinger publicó el último volumen de su trilogía sobre Jesucristo, titulado “La infancia de Jesús”. La obra, que consta de 176 páginas y se compone de cuatro capítulos, un epílogo y una breve premisa, es en realidad la “sala de entrada” o la “precuela” de las otras dos. [Ver presentación oficial]

El nuevo libro es una exégesis de los “Evangelios de la infancia” (los capítulos iniciales de Mateo y Lucas). Su contenido presenta un interesante diálogo entre los datos revelados presentados por la Biblia y la razón creyente; busca un equilibrio entre los hechos sobrenaturales y su asimilación por parte de la inteligencia humana, que busca entenderlos.

Por eso, resultaron bastante reduccionistas algunos titulares de prensa, que destacaron los “datos curiosos” en vez de mostrar cómo Benedicto XVI explica racionalmente la vida de Cristo presentada por los Evangelios.

No pocos titulares enfatizaron que el Pontífice había quitado la mula y el buey del nacimiento del portal de Belén. Pero, en realidad, al mencionar la forma tradicional de representar la Navidad en el cristianismo, el Papa alemán se limita a decir que “en el Evangelio no se habla de animales”. [Por ejemplo: Excelsior.com]

Otra “noticia” destacada: la estrella de Belén era una supernova. Resulta contrastante que el Papa dé una explicación desde la astrofísica al episodio de los Reyes Magos. Benedicto XVI primero cita al astrónomo Johannes Kepler, quien calculó que en el año del nacimiento de Jesús, alrededor del 6 a. C., hubo una “conjunción de los planetas Júpiter, Saturno y Marte” que pudo ir acompañada de una supernova. Ésta provocó “una intensa luminosidad” en el cielo “durante semanas y meses”. [LaRazon.es]

Benedicto XVI recibe el primer ejemplar de la 
edición italiana de su libro "La infancia de Jesús".
El problema es que este tipo de encabezados opacan el mensaje espiritual del Papa. Tal fue el caso del tema de la virginidad de María, que fue presentado como si el Papa se negara a aceptarlo como un mito.

Con valentía, el Santo Padre se pregunta si la concepción virginal “¿es una realidad histórica, un suceso histórico verdadero, o por el contrario es una leyenda que, a su manera, quiere expresar e interpretar el misterio de Jesús?”

“¿Es verdad lo que decimos en el Credo, que Jesucristo es el hijo único de Dios, que fue concebido por el Espíritu Santo y que nació de la Virgen María?". Y concluye: “La respuesta, sin reservas, es sí”. [ElMundo.es]

El Pontífice admite que esta verdad de fe es “un escándalo para el espíritu moderno”, porque “a Dios se le permite actuar en las ideas y los pensamientos, en la esfera espiritual, pero no en la materia. Esto nos estorba”.

Y precisamente desde ahí Benedicto ensaya una respuesta razonable: “Pero se trata precisamente de esto, de que Dios es Dios y no se mueve sólo en el mundo de las ideas”. Y luego el Papa lleva la razón a su límite: “Si Dios no tiene poder también sobre la materia, entonces no es Dios”. Es decir, no es válido aceptar que existe Dios y luego negar que puede actuar en nuestro mundo.

Ojalá esta brevísima reseña invite a buscar la verdadera clave de lectura del nuevo best seller (1 millón de copias distribuidas) de Joseph Ratzinger: que la razón puede dialogar a fondo con la fe cristiana, y encontrar que las respuestas vitales que nos propone la Biblia son razonables.

domingo, 18 de noviembre de 2012

La tragedia de los “niños de agua”



Año 8, número 394
Luis-Fernando Valdés

En los templos shintoístas de Japón, hay unas estatuas llamadas “mizuko”, para honrar a los niños abortados tanto natural como intencionalmente. Pero, ¿por qué las mujeres de una cultura no cristiana han quedado con un trauma post-aborto? ¿no se suponía que este trauma era producto de la influencia religiosa católica, que condena el aborto?

Estas estatuillas que honran a los no-natos, toman su nombre de las palabras japonesas “mizu” (agua) y “ko” (niño). “Como el líquido elemento, fueron ‘escurridos’ de la vida por sus padres. Son los no nacidos, para quienes el remordimiento ha creado cementerios en todo Japón”.

“No son cementerios propiamente dichos, pues no hay tumbas ni cadáveres. Solo estatuillas que evocan un doloroso recuerdo. Son lugares de oración, donde se practica la plegaria que se eleva para consolar a un alma en pena (kuyo)” (Semanario “El guijarro blanco”).

Se estima que desde 1948, cuando se aprobó la ley del aborto, en aquel país del sol naciente se han practicado más abortos que el número de habitantes actuales, es decir, 127 millones de casos en medio siglo.

Un "mizuko" vestido como niño,
señal de duelo por un aborto.
Sin embargo, ni la legalización del aborto ni su práctica habitual han logrado frenar la conciencia de las mujeres que lo han realizado. Y la prueba del daño psicológico es patente. Esas madres japonesas pagan entre  80,000 y 150,000 yenes (entre 800 y 1,500 dólares) para “enterrar” a su niño abortado.

En realidad, no es propiamente un entierro, sino la “asignación” de un lugar para que el alma del no nacido pueda “descansar”. En el templo Shiunzan Jizoji de la localidad de Chichibu, una placa conmemorativa explica la finalidad de ese cementerio: que las almas de los niños abortados que vagan “en el país de las tinieblas”, tengan un lugar donde los padres los puedan “enterrar” y descansen.

En realidad, esos niños no vagan o vuelven a molestar a sus padres que los abortaron intencionalmente. Es la conciencia moral de estos padres y madres la que les reclama que han interrumpido una vida.

Así como aquellas madres japonesas “visten” a sus “mizuko” y los adornan, como si fueran niños vivos, de igual manera las mamás occidentales que han decidido abortar se preguntan con frecuencia: “¿cómo sería hoy mi hijo?”

Clínicamente se denomina “Trastorno de estrés postraumático” (TEPT) a este estado psicológico. Este remordimiento no es producto del adoctrinamiento religioso. Aunque hay un claro un factor moral y también un elemento biológico.

La investigadora española Natalia López Moratalla presentó un estudio científico sobre el TEPT. Muestra ahí que toda las emociones dejan una huella en las neuronas. “Naturalmente el embarazo en cuanto proceso biológico es evaluado positivamente, mientras que su terminación, espontánea o violenta, antes de que el hijo llegue a término es evaluada biológicamente como negativo. Y guardado, por tanto, en el cerebro, como recuerdo positivo en el primer caso y negativo y traumático en el segundo”. [Ver estudio completo]

De manera que, tanto la experiencia moral atestiguada por presencia de cementerios llenos de estatuillas “mizuko”, como estudios neurológicos que explican el “trauma post-aborto”, nos explican que un aborto, lejos de favorecer a la mujer, siempre termina por dañarla.

Mujer profundamente afectadas: ésta es la tragedia de los “niños de agua”, que se escurrieron del vientre de sus madres, dejándoles un trauma muy difícil de superar. Quisiéramos gritar fuerte: “ya no más mujeres dañadas”. Apoyar el aborto no significa ya más estar a favor de la mujer.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La caída de los dioses


Año 8, número 393
Luis-Fernando Valdés

Un Papa anciano ante un mundo que se aleja de Dios. Frente al creciente abandono de la Iglesia en muchos países occidentales, el Pontífice empuña un arma forjada hace 50 años, que parece no haber funcionado: los documentos del Vaticano II. ¿Hacia dónde va ahora el Pontificado de Benedicto XVI?

Los nuevos dioses: el capital anónimo, la violencia,
la droga, el modo de vida dirigido por la propaganda.
(Foto: gárgola de Notre Dame de París).
El pasado 11 de octubre, Benedicto XVI inauguró el “Año de la fe”, con la finalidad de invitar al hombre de hoy a creer en Dios. El Papa Ratzinger, que participó como perito conciliar cuando era un joven teólogo, propone como su gran estrategia la lectura y la comprensión del Concilio, que Juan XXIII convocó para hablar del papel de la Iglesia “en el mundo de hoy”.

El Vaticano II fue inaugurado con gran júbilo: por fin la Iglesia se pondría al día. El objetivo era claro: explicar al hombre de hoy la fe católica de siempre, y hacerle ver que ahí estaban las respuestas a las cuestiones suscitadas por la posguerra mundial.

Pero la historia tomó otro rumbo, que muchos llamaron el “posconcilio”. A nombre del Concilio, muchos sembraron confusión, que dio un resultado inverso al buscado: el hombre de hoy ya no tenía la fe católica de siempre, sino “novedades” doctrinales totalmente diferentes.

El vaticanista Sandro Magister compara la crisis actual de la Iglesia con aquella otra que ocurrió en el siglo IV.  Después del Concilio de Nicea la situación del catolicismo era como el de “una batalla naval en medio de la oscuridad de la tempestad”. (S. Magister, 1.XI.2012)

La respuesta de Nicea a la crisis fue la proposición del Credo, en la versión que seguimos recitando en la Misa dominical. Y la Iglesia salió adelante. Por eso, Benedicto XVI ha propuesto como respuesta “la fe de siempre”, el Credo, con la confianza de que así se pasará la crisis eclesial actual.

El hombre está hecho para creer. Si no cree en el Dios de la religión, entonces hace actos de fe en dioses de este mundo, fabricados por los humanos. Y el Papa alemán les ha puesto nombres a las “divinidades” contemporáneas, que son “las grandes potencias de la historia de hoy” (Meditación, 11.XI.2010).

 1) “Los capitales anónimos que esclavizan al hombre”, que son “un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que los hombres son atormentados e incluso asesinados”. 2) “Las ideologías terroristas”: son la violencia cometida “en nombre de Dios, pero no es Dios: son falsas divinidades a las que es preciso desenmascarar”.

3) “La droga”, “una bestia feroz extiende sus manos sobre todos los lugares de la tierra y destruye”, es “una divinidad falsa, que debe caer”. Y 4) “La forma de vivir propagada por la opinión pública”, que dicta “hoy se hace así: el matrimonio ya no cuenta, la castidad ya no es una virtud, etcétera”.

El Papa explica la entera Historia bíblica como una gran batalla para ser liberados del politeísmo, de los dioses de este mundo, como un proceso que “no ha terminado nunca”, ya que se “realiza en los diversos períodos de la historia con formas siempre nuevas”.

Sin embargo, es la fe auténtica –la que cree en Dios, la que tiene sentido sobrenatural, la que busca algo más que dioses creados por intereses humanos– la va a destronar a los potencias que dominan y destruyen al hombre de hoy.

Por eso, Benedicto como sabio guía de la Iglesia ha empuñado una espada forjada hace dos mil años: el Credo, la fe de siempre. Morirá seguramente sin ver los resultados; pero la estocada que ha infligido a los dioses de hoy es mortal. “Los que parecían dioses no son dioses y pierden el carácter divino, caen a tierra”.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Derecho a no emigrar


Año 8, número 392.
Luis-Fernando Valdés

El fenómeno de la migración es noticia continua. Recientemente, hemos visto llegar la caravana de madres centroamericanas que han venido a buscar sus hijos migrantes desaparecidos [ver]. Esta tragedia exige nuevas soluciones.

Las conmovedoras imágenes de estas madres de familia depositando ofrendas florales invitan a la reflexión. Hasta ahora al estudiar la migración se suele hablar de derechos, tanto de la nación receptora como de los hombres y mujeres que dejan su país.

El dolor de las madres centroamericanas que perdieron a sus hijos
exige una solución a fondo: la oportunidad de poder vivir  en su nación.
(www.fotover.com.mx)
En el primer caso, se suele afirmar que cada Estado tiene el derecho de regular los flujos migratorios para garantizar del bien común de sus ciudadanos, siempre y cuando tales medidas garanticen el respeto de la dignidad de los migrantes.

En el caso de los migrantes, también se habla de que el derecho de la persona a emigrar es uno de los derechos humanos fundamentales, de manera que cada quien pueda establecerse en el lugar que considere más oportuno para desarrollar sus capacidades y cumplir sus aspiraciones y sus proyectos.

Sin embargo, se hace poco énfasis en que la situación de abandonar la propia nación y dejar a la familia para buscar un futuro mejor no es algo deseable. Es doloroso tener que dejar a los padres o a los hijos para buscar un empleo.

Esta situación ha sido visualizada con claridad por Benedicto XVI, quien en un mensaje reciente ha explicado que, “en el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, hay que reafirmar el derecho a no emigrar”. [Mensaje Jornada del Migrante, 12.X.2012]

Se trata de que una persona tenga primero la posibilidad de permanecer en su tierra, antes de que no le quede más remedio que abandonar a los suyos. Seguramente, las madres centroamericanas que hoy buscan a sus hijos que perdieron en México desearon mil veces que ellos no hubieran tenido que dejarlas.

Sin embargo, este derecho a “no emigrar” requiere unas medidas a gran escala, para establecer las condiciones que permitan permanecer en la propia tierra. Ya Juan Pablo II hacía ver que “es un derecho primario del hombre vivir en su propia patria” y que “este derecho es efectivo sólo si se tienen constantemente bajo control los factores que impulsan a la emigración”. [Discurso, 9.X.1998, n. 2]

Como es sabido, entre esos factores se encuentran las guerras, el sistema de gobierno, la desigual distribución de los recursos económicos, la política agrícola incoherente, la industrialización irracional y la corrupción difundida.

Ante este panorama, resulta casi de risa pensar que la solución para detener la migración consistirá en poner un muro fronterizo, o en intentar disuadir a los posibles migrantes mediante campañas informativas. El hambre y a la pobreza son motores más fuertes que el miedo.

Se requieren macro-soluciones, pues afectan a las políticas económicas, financieras y sociales de cada país involucrado, además es necesario un escrupuloso respeto a la persona humana y a su dignidad. En definitiva, hace falta un mejor funcionamiento de la democracia.

Sin embargo, en nosotros los ciudadanos de pie está el primer paso para esas grandes soluciones: no ser insensibles ante el fenómeno migratorio, seguir las noticias de los migrantes, protestar ante los casos de discriminación y fomentar un clima de opinión pública que exija a las naciones que acepten sus responsabilidades.

Las lágrimas de las madres de familia, que desde Centroamérica han venido a nuestro País, están exigiendo que cambien las condiciones políticas y económicas para que sea una realidad el derecho a “no emigrar”.

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