domingo, 25 de marzo de 2012

México descubre al verdadero Benedicto XVI


Año 8, número 360.
Luis-Fernando Valdés

Un Papa de grandes sentimientos,
Benedicto XVI conectó con los mexicanos.
El impresionante recibimiento al Papa, con miles de personas cantando y festejando a lo largo del recorrido del aeropuerto de internacional de Silao al Colegio Miraflores, tiene un gran significado: por fin hemos contemplado al Benedicto XVI real, no al de los clichés.

A lo largo de este Pontificado hemos documentado cómo Joseph Ratzinger es agredido continuamente por ciertos medios de comunicación. Los ataques se basan en algunos juicios a priori –prejuicios– de los cuales hay dos muy recurrentes: el primero dice que como es alemán, es un hombre frío y duro; el segundo consiste en interpretar el papel del Papa desde una óptica política y no religiosa.

Sin embargo, la llegada del Pontífice a nuestra Patria y los pocos eventos públicos que ha tenido nos muestran lo contrario. Hemos visto que Joseph Ratzinger es un Papa muy humano, y que su mensaje es verdaderamente religioso, no político.

El corazón del Papa alemán nos mostró sus sentimientos durante la ceremonia de bienvenida. Tuvo un discurso lleno de afecto hacia nuestro Pueblo, en el que manifestó que se sentía “muy feliz de estar aquí”, y que daba gracias a Dios “por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo” de viajar a nuestro País (Discurso, 23.III.2012).

También el Santo Padre dijo: “Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón”.

Además, vimos con cuánto afecto saludó y abrazó a los niños y a los enfermos. Durante el recorrido del Papa móvil, no dejó de saludar y bendecir a los fieles que esperaron durante horas solamente para verlo pasar.

También fuimos testigos que el Papa aborda los temas sociales más complicados desde una óptica meramente religiosa. Los temas del narcotráfico y la violencia, junto con la reciente discusión en las cámaras legislativas sobre el Estado laico, han dado pie a que algunos comentaristas políticos se hayan adelantado a exigir que el Santo Padre no se meta en la política mexicana.

Pero el Romano Pontífice no lo ha hecho. En su discurso de llegada, Benedicto XVI se expresó en términos meramente religiosos: “Vengo –afirmó– como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida” (ibid.).

Y sólo desde esa óptica espiritual abordó aquellos grandes problemas sociales, pues pidió a los católicos que su vida de fe y esperanza los lleve a “ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar” (ibid.).

También espiritual ha sido el tono de la visita, según lo anunció el mismo Benedicto XVI, al manifestar que en estos días rezaría “especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia” (ibid.).

Qué importante era que el Papa visitara México, porque al verlo directamente, al ser testigos minuto a minuto de su estancia gracias a los medios electrónicos, hemos podido descubrir al verdadero Papa Ratzinger: un hombre que expresa sus sentimientos, que se emociona con el cariño de la gente; un Pastor que aborda los grandes problemas sociales desde el Evangelio.

viernes, 23 de marzo de 2012

Un Papa cercano a México


Conoce al Papa, n. 23.
Luis-Fernando Valdés


Hoy Benedicto XVI llega a nuestro País. Pero no será la primera vez que Joseph Ratzinger esté en México. Al revisar los diversos encuentros con México y los mexicanos, podemos ver que el Santo Padre siempre se ha mostrado cercano a los sentimientos y a los problemas de nuestro Pueblo.

El Card. Joseph Ratzinger realizó su primer viaje a nuestra Nación, cuando era Prefecto de la Doctrina de la Fe. Vino a presidir el Encuentro de Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe en América Latina, organizado en Guadalajara, en 1996.

En esa ocasión, el Cardenal decidió visitar la Basílica de Guadalupe. Allí, concelebró la Eucaristía con el Card. Norberto Rivera Carrera. En su homilía, el Prefecto se sintió identificado con los fieles que habían acudido a la Villa y les dijo: “Queridos hermanos, como ustedes, también nosotros hemos venido en peregrinación a este santuario de nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México y de toda la América latina” (Cfr. Noticieros Televisa).

El Card. Ratzinger fue elegido Papa en 2005. Ese mismo año, entre agosto y septiembre, recibió a los obispos mexicanos que fueron a Roma en visita ad limina, que es el viaje que los obispos realizan a “los umbrales de San Pedro y San Pablo”, para visitar la tumba de estos Apóstoles e informar al Papa el estado de la diócesis que gobiernan.
En Guadalajara, frente al Teatro Degollado,
en mayo de 1996.

Benedicto XVI recibió a los 115 obispos mexicanos en cuatro grupos distintos, según las distintas regiones del país. El Santo Padre pronunció un discurso en cada uno de esos cuatro encuentros. El tema general de esos cuatro mensajes versó sobre los desafíos que enfrenta la Iglesia mexicana, como la crisis de la familia, las problemas de los jóvenes, la inmigración, el descenso de las vocaciones, el intenso proselitismo de las sectas religiosas y el narcotráfico (cfr. Zenit.org, 13.IX.2005).

Otro momento en el que Benedicto XVI estuvo muy cercano a la Iglesia mexicana fue en el año de 2008, cuando falleció el Card. Corripio. En un  telegrama dirigido al arzobispo de México, el Papa se manifestó “profundamente entristecido por la muerte del querido cardenal Ernesto Corripio Ahumada”, y expreso también sus condolencias al Card. Rivera, a los familiares del difunto y “a todo ese querido pueblo mexicano” (cfr. Telegrama, 11.IV.2008).

Más tarde, en enero de 2009, se celebró en la Ciudad de México el VI encuentro Mundial de las Familias. Aunque se esperaba que viniera a nuestra Patria, por motivos de salud, el Santo Padre no pudo estar presente. Sin embargo, el Papa envió un videomensaje para los asistentes a este evento.

En este mensaje, Benedicto XVI habló de la importancia de la familia para la iglesia y para la sociedad: “Con la fuerza que brota de la oración, la familia se transforma en una comunidad de discípulos y misioneros de Cristo. En ella se acoge, se transmite y se irradia el Evangelio” (cfr. Videomensaje, 19.I.2009, n. 4).

Además, el Pontífice explicó, una vez más, que “la familia es también célula vital de la sociedad, el primer y decisivo recurso para su desarrollo, y tantas veces el último amparo de las personas a las que las estructuras establecidas no llegan a cubrir satisfactoriamente en sus necesidades” (cfr. ibid., n. 5).

De esta manera, podemos ver que el Papa Benedicto tiene a México en la cabeza y que comprende nuestra realidad. Por eso, estamos seguros que el Santo Padre, en esta visita, nos dará un mensaje de esperanza, porque iluminará los problemas de nuestro País desde la luz del Evangelio.

jueves, 22 de marzo de 2012

Al combate de la pederastia


Conoce al Papa, n. 22
Luis-Fernando Valdés

La Iglesia católica ha tenido que enfrentar en la últimas décadas una dura crisis, provocada por la conducta de algunos clérigos que abusaron de menores y que fueron encubiertos por las autoridades eclesiásticas y –en ocasiones– también por las civiles. El Papa Benedicto ha tenido la valentía de enfrentar este grave problema, sin ocultar la verdad.

Benedicto XVI reunió a todos lo obispos de Irlanda,
para poner remedio al encubrimiento de abusos.
La crisis de los sacerdotes pederastas requiere de un enfoque ponderado, porque los eclesiásticos que han cometido este grave delito son una pequeña parte del clero mundial, y porque la Iglesia sí ha tomado muchas medidas tanto para buscar la erradicación de este problema, como para atender a la víctimas. [Ver dossier del Vaticano: “La respuesta de la Iglesia”]

La actual normativa de la Iglesia sobre el tema de los abusos sexuales a menores por parte de clérigos es muy estricta y está diseñada para ayudar a las víctimas. Pero es poco conocido que en la elaboración de estas normas el Card. Ratzinger tuvo un papel muy relevante.

El primer paso consistió en que el entonces Prefecto para la Doctrina de la Fe envió una carta, fechada el 19 de febrero de 1988, en la que alertaba que el sistema penal establecido apenas cinco años antes, en 1983, –debido a la complejidad de procedimientos requeridos– no facilitaba expulsar a los sacerdotes que fueran “culpables de graves y escandalosos comportamientos”.

A esta carta siguió una reforma en la Curia romana, el 28 de junio de 1988, en la que  establece claramente la jurisdicción penal exclusiva de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), respecto de los “delitos más graves cometidos contra la moral”, procediendo “a declarar o imponer sanciones canónicas a tenor del derecho”.

Luego el Card. Ratzinger tuvo otras dos intervenciones importantes. Una fue la preparación, hacia finales de los años noventa, de las Normas sobre los denominados “delicta graviora”, que tipificaron cuáles son los delitos contra la moral “particularmente graves”, y así se estableció que los casos de abusos a menores por parte de sacerdotes fueran de la exclusiva competencia de la CDF.

Y la segunda iniciativa del entonces Prefecto modificó el modo de la aplicación del derecho penal en la Iglesia, ya que solicitó del Papa facultades especiales que le permitieran intervenir por vía administrativa en este situaciones penales, ahorrándose así los largos procesos. [Ver: Juan Carlos Arrieta, Un papel determinante, 2.XII.2010]

Y ya como Pontífice, el Papa Ratzinger siguió esta misma línea de enfrentar directamente los abusos cometidos. Son muy significativas la suspensión del Padre Maciel, y la petición de la renuncia a varios obispos irlandeses, que se habían limitado a cambiar de parroquia a los clérigos pederastas, sin suspenderlos de sus funciones. [Ver mi dossier sobre la cobertura mediática del Papa y la pederastia]

Benedicto XVI ha tenido el valor de reconocer que esta crisis “no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia” (11.V.2010).

Ante esta claridad, las reacciones no se hicieron esperar y confirmaron la gran valentía del Papa. El vaticanista español, Miguel Mora, conocido por anticlerical, escribió que “cuando el escándalo de la ocultación de la pederastia clerical ha generado la peor crisis de la Iglesia católica en décadas, Ratzinger ha dado lo mejor de sí mismo y ha liderado, con un coraje y una ferocidad de gladiador solitario, impropios en un hombre de 83 años” (“El gladiador solitario”, 12.V.2010).

miércoles, 21 de marzo de 2012

Benedicto XVI y China: entre la persecución y el cisma


Conoce al Papa, n. 21.
Luis-Fernando Valdés


Benedicto XVI con algunos fieles chinos
en la plaza de San Pedro (5.V.2005).
China ha sido quizá el problema más duro para el Papa Benedicto. Perseguida desde 1952 por el régimen comunista, la Iglesia en China ha sufrido ataques continuos hasta el día de hoy. Esta cuestión ha sido una dura corona de espinas para el Santo Padre, porque la situación de los católicos chinos se mueve entre la represión a los católicos fieles a Roma y la formación de una Iglesia cismática.

Esta problemática es muy compleja, pero podría resumirse en que la Iglesia en China están dividida: por un lado, hay unas comunidades unidas al Papa, que son duramente perseguidas e incluso martirizadas hasta hoy; y, por otro, está la llamada “Iglesia Patriótica China”, promovida por el Gobierno chino.

En los años 50, fueron expulsado los Obispos y misioneros extranjeros, encarcelados casi todos los eclesiásticos chinos y muchos laicos, y cerradas las iglesias. Se creó la “Oficina para los Asuntos Religiosos y la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos”, con el fin de controlar todas las actividades religiosas. En 1958, tuvieron lugar las dos primeras ordenaciones episcopales sin el mandato papal, dando lugar a un cisma “de facto”.

En el decenio 1966-1976, la Revolución Cultural, afectó violentamente a la comunidad católica. En los años 80, con Deng Xiaoping, comenzó un periodo de tolerancia religiosa con algunas posibilidades de movimiento y de diálogo, que permitieron la reapertura de algunas iglesias, de seminarios y de casas religiosas. [Ver: Nota explicativa de la Santa Sede, 27.V.2007].

A esto hay que añadir un complicada relación diplomática, pues el Vaticano no reconoce oficialmente a China desde 1951 y, en cambio, sí reconoce a Taiwán. El Partido comunista ha querido que se piense que el gran obstáculo entre China y el Vaticano es el reconocimiento de Taiwán; sin embargo, el gran problema es la ordenación de obispos sin el consentimiento de la Santa Sede. [Ver: Inma Álvarez, en “Alfa y Omega”, 6.I.2000].

El Papa Benedicto XVI envío una Carta a los católicos de China, el 27 de mayo de 2007. La misiva buscaba resolver el complejísimo problema la unidad entre los católicos clandestinos y los obispos patrióticos que recibieron la ordenación episcopal sin mandato pontificio y luego han buscado la comunión con Roma (n. 8). El Santo Padre les pedía a los primeros aceptar a estos segundos, lo cual no estuvo exento de incomprensiones.

Además, en ella Benedicto XVI manifestó su deseo sincero de diálogo entre la Santa Sede y el Gobierno chino para llegar a un acuerdo sobre el nombramiento de Obispos, el respeto de una auténtica libertad religiosa, y la normalización de las relaciones entre la Santa Sede y China. [Cfr. Nota explicativa, C].

En diciembre de 2010, la gubernamental Asociación Patriótica Católica China, se reunió para elegir sus representantes, y varios obispos fieles a Roma fueron forzados a asistir. Este episodio generó un nuevo distanciamiento entre el Vaticano y China.

La reacción del Papa fue muy pastoral, pues expresó su cercanía tanto a los obispos, a los sacerdotes y a todos los católicos “que experimentan dificultades en la libre profesión de su fe”, y les recordó a todos los católicos del mundo que “los fieles de allí tienen derecho a nuestras oraciones, necesitan nuestras oraciones” (Audiencia, 18.V.2011).

La cuestión Iglesia en China nos permite conocer la caridad pastoral del Papa, que busca –en medio de una batalla diplomática– tanto el reconocimiento de los católicos perseguidos, como la incorporación a la comunión eclesial de los obispos cismáticos que piden la reconciliación.

lfvaldes@gmail.com
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