domingo, 31 de octubre de 2010

Adolescentes sicarios: ¿asesinos o víctimas?

Luis-Fernando Valdés


Triste semana: el parte de guerra reporta tres masacres, en Juárez, Tijuana y Tepic respectivamente. Cada matanza es impactante, pero ahora nos quedamos atónitos: los testigos relatan que los gatilleros eran jóvenes entre 15 y 21 años. Si queremos detener esta barbarie, debemos atender a este reciente fenómeno de los “adolescentes sicarios” y buscar soluciones.
En esta casa, en Ciudad Juárez, Chih, se celebraba la fiesta en la que fueron asesinados 15 jóvenes y otros 14 resultaron heridos. Descansen en paz.


El viernes 22 de octubre, en Ciudad Juárez un grupo de sicarios (varios de ellos presumiblemente menores de edad) asesinó a una quincena de jóvenes que asistían a una fiesta y dejó heridos a 14 más. 
Tres días después, el lunes 25, en Tijuana, 13 internos de un centro de rehabilitación de adictos llamado “El Camino”, fueron asesinados por un grupo de sicarios fuertemente armado. Al día siguiente, el martes 26, en Tepic, un comando armado ejecutó a 15 hombres e hirió a tres más en un autolavado; 11 de las víctimas eran drogadictos en rehabilitación.
Este duro fenómeno de menores sicarios, ya había sido denunciado en enero de este año por el diputado panista Eduardo de la Torre Jaramillo, de la Comisión de Defensa Nacional. En su momento, explicó que jóvenes y menores de entre 12 y 16 años son reclutados por el narcotráfico para adiestrarlos como sicarios. 
El diputado señaló algunas causas, como la agudización de la pobreza en el campo y una eficaz estrategia mediática del crimen organizado. Esto ha provocado que menores de edad, jóvenes, mujeres y campesinos, en vez de migrar a Estados Unidos, ahora se enrolen con pandillas financiadas por el narcotráfico y el secuestro.
Todo esto es señal de un panorama difícil y desesperanzador en la juventud que vive en zonas marginadas. El narco parece una buena opción porque no tienen muchas oportunidades, y en parte no las tienen porque son un sector desatendido de la sociedad y el Estado: no hay educación, ni trabajos bien remunerados, ni buenos servicios de salud, etc. 
¿No será tiempo de que los empresarios implementen estrategias para dar generar empleos en esos lugares? ¿No será el momento de una crítica a fondo del sistema educativo? ¿No será más económico invertir millones en el desarrollo del campo, que en la compra de armas para combatir al narco?
No es fácil explicar porqué los traficantes de droga ahora reclutan a menores. Pero esta situación parece seguir el mismo patrón que el caso de los “niños soldados” de África, donde después de décadas de guerra, se han acabado los combatientes adultos y se ha hecho una leva de infantes.
Podría suceder lo mismo en nuestro País. Como en los últimos años de combate intenso entre cárteles y fuerzas federales se ha mermado el número de asesinos adultos, quizá ahora el narco busca sicarios jóvenes para formar una segunda fila de matones.
Los resultados no son difíciles de prever. Algunos tienen ganas de aventuras, otros tienen “rencor social”, pero todos son inmaduros y están armados. Por eso, sus crímenes están impregnados de impericia y de torpeza. Quizá estas masacres son el triste resultado de su inexperiencia.
Actualmente hay organizaciones internacionales dedicadas a denunciar el reclutamiento de “niños soldados” y ayudar a las víctimas, como la fundación “Todos son inocentes” (www.tsi-es.org). En México también hace falta también denunciar la leva de “adolescentes sicarios”, la cual también es un crimen contra la humanidad y contra el futuro de nuestra Patria, porque como afirmó Juan Pablo II, “la guerra es una derrota de la humanidad” (Discurso, 13.I.2003, n. 4).


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domingo, 24 de octubre de 2010

Linchamientos: corrupción al descubierto

Luis-Fernando Valdés


En días recientes, dos intentos de linchamiento en los Estados de México y de Morelos mantuvieron atenta a la opinión pública del País. Faltan pocas semanas para celebrar el Centenario de la Revolución y suceden estos episodios que recuerdan al México descrito en los “Bandidos de Río Frío” (1891). ¿Por qué sucede esto en pleno siglo XXI?
En Tetela de Volcán, Morelos, cinco presuntos secuestradores fueron retenidos por pobladores de esta comunidad, quienes los desnudaron, golpearon, y amagaron con lincharlos, luego de obligarlos a declarar sus intenciones de secuestrar a un empresario de la comunidad, y de reconocer su participación en otros plagios (18. X. 2010).
En Tlalnepantla, Edo. Mex., agentes de la policía evitaron que un grupo de 150 vecinos lincharan a dos delincuentes, que supuestamente habían intentado asaltar y secuestrar a una maestra y su familia, dentro de la Unidad Habitacional “el Medio”(20.X.10).
Los linchamientos son acciones emprendidas por los habitantes de una comunidad en contra de criminales atrapados “in fraganti”. Los golpean o incluso los asesinan, porque saben que la autoridades los dejarán ir impunemente. Es una manera de evitar que esos delincuentes vuelvan a poner en peligro a sus familias y sus posesiones.
Este tipo de justicia por la propia mano conlleva más injusticias que las busca evitar. Por ejemplo, el delincuente no puede defenderse, y si se tratara un inocente (lo cual es fácil cuando la multitud se abalanza sobre un grupo de personas), éste será maltratado injustamente. Además, la desproporción entre el delito y el castigo suele ser lo habitual, como quitarle la vida al criminal.
Pero hay otra consecuencia más dañina. Cada linchamiento es una manifestación del fracaso del Estado de Derecho. En un país civilizado, la procuración de justicia está a cargo del Estado, que se guía por unas leyes elaboradas democráticamente, válidas para todos los ciudadanos. Pero cuando esta procuración no es eficaz, surgen esos métodos populares de “justicia”.
¿Por qué sucede esto? En un País con siglos de historia como el nuestro, la causa es conocida: la corrupción de los cuerpos policíacos y judiciales. Estos trágicos eventos ponen de manifiesto el descontento popular, provocado por la ineficacia de las acciones legales en contra de los maleantes.
Esta situación, análoga a la producida por los cárteles de la droga que compran a las autoridades (las “narco-nóminas”), necesita ser reflexionada por los ciudadanos de a pie, pues ellos son la base de la democracia. Entre los puntos de análisis están los siguientes:
a) La corrupción política es una de las más graves deformaciones del sistema democrático, porque traiciona tanto los principios de la ética como las normas de la justicia social; b) pone en riesgo el correcto funcionamiento del Estado, porque influye negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; y c) introduce una creciente desconfianza hacia  las instituciones públicas, lo cual causa un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes.
Para combatir la corrupción, veneno de la sociedad democrática, se requiere que cada ciudadano se comprometa a volver a las verdaderas raíces, a los valores éticos y religiosos que son más fuertes que la tentación del dinero o los favores y que el miedo. Pero, ¿cuánto tiempo tendrá que pasar para que los ciudadanos que viven los valores asuman que son los verdaderos artífices de la democracia y del cambio social?

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domingo, 17 de octubre de 2010

Una mina de solidaridad


Luis-Fernando Valdés

Luego de dos meses y una semana, los 33 mineros chilenos atrapados en la mina San José fueron sacados sanos y salvos. Se estima que más de un mil millones de espectadores siguieron la noticia. ¿Por qué causó tanta expectativa este rescate? ¿fue mera curiosidad o hay algo verdaderamente profundo?

 Foto del momento en que Mario Gómez, de 63 años y líder de los 33 mineros atrapados, salió de la mina, el 13 de octubre a las 7:59 hrs.
El derrumbe de la mina ocurrió el pasado 5 de agosto, y dejó atrapados a 33 mineros a 624 metros de profundidad, en el yacimiento ubicado 30 km al noroeste de la ciudad chilena de Copiapó.
17 días después, los mineros fueron encontrados con vida, y se iniciaron las labores de rescate, que tuvieron un costo superior a los 10 millones de dólares; una tercera parte de esa cantidad fue financiada por donativo de particulares y el resto por el Gobierno de Chile.
El seguimiento de la noticia por parte de los medios, durante estos dos meses, ha producido un sano efecto, que podemos calificar como una “oleada de solidaridad”, la cual es una verdadera y propia virtud moral, que no se reduce a un “un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (Juan Pablo II, Encíclica “Sollicitudo Rei Socialis”, 38).
Entre otras muestras de apoyo solidarios a los mineros, grandes personalidades enviaron mensajes de apoyo, como el Papa y el Secretario General de la ONU; un filántropo donó 10 mil dólares a cada familia de las víctimas; futbolistas y artistas enviaron regalos y autógrafos.
Benedicto XVI expresó su cercanía espiritual y sus continuas oraciones, para que los atrapados “mantengan la serenidad en la espera de una feliz conclusión de los trabajos que se están llevando a cabo para su rescate”. Unos días después entregó 33 rosarios al arzobispo de Santiago, el cardenal Francisco Javier Errázuriz para que se los llevase personalmente.
Para agradecer esta preocupación del Papa, los mineros le enviaron una bandera de Chile firmada por todos. El Santo Padre la recibió emocionado y expresó su deseo de que fueran rescatados lo antes posible.

  Esta fue la nota escrita en una hoja de papel con lápiz color rojo,  que los mineros enviaron desde el interior de la mina para indicar que estaban vivos.
 
Lo opuesto a la solidaridad son las llamadas “estructuras de pecado”, que son las situaciones que encierran a una sociedad en un estado de injusticia. A lo largo del mundo, hay centenares de miles de empleados son abandonados a su suerte: salarios bajos, condiciones no higiénicas y de inseguridad, horas extra no pagadas, carencia de seguros médicos. Parecería que es imposible revertir este mal, pero Chile nos ha mostrado que sí posible superarlo.
El rescate de los mineros chilenos ha sacado de las profundidades el espíritu solidario. La salida del último trabajador atrapado ha hecho rezar y llorar de emoción a millones de telespectadores en el mundo entero, y esas lágrimas nos dicen que somos una gran multitud los que creemos que una vida humana, y la felicidad de una familia que se vuelve a reunir, valen más que los millones de dólares que costó el rescate.
La expectativa de la salida de los mineros nos ha enseñado que hay una “sed de solidaridad” en el mundo entero. Más allá de la curiosidad, se ha puesto de manifiesto que los seres humanos estamos diseñados para ocuparnos unos de los otros, y que la virtud social que los cristianos llamamos “solidaridad” responde a uno de los anhelos más profundos del corazón.
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domingo, 10 de octubre de 2010

Paternidad a cualquier costo

 Luis-Fernando Valdés

Robert G. Edwards, “inventor” de la fecundación “in vitro”, ha sido galardonado con el  Premio Nobel en ciencias. Es un premio científico con grandes repercusiones éticas. ¿Es moralmente bueno manipular la paternidad y la maternidad? ¿Es ético todo lo que la ciencia es capaz de conseguir?

El científico británico, Robert G. Edwards (25.IX.1925), "inventor" de la Fecundación "in vitro", fue galardonado con el Premio Nobel de medicina 2010.
El pasado 5 de octubre Göran K. Hansson, secretario del Comité de Fisiología y Medicina del Nobel, afirmó que el método creado por Edwards, junto con su colega Patrick Steptoe (fallecido en 1988), es una esperanza para las mujeres con infertilidad. Según Hansson, “la visión de Edwards representó una revolución en ciencia y una oportunidad para muchas mujeres en el mundo”.
Edwards descubrió los principios básicos de la fertilización humana y su método dio resultado el 25 de julio de 1978, cuando nació Lucy Brown, el primer “bebé de probeta”. Se estima que, a la fecha, al menos 4 millones de bebés han nacido mediante este proceso.
Sin embargo, desde el punto de vista ético hay mucho que decir. Sin duda, cada una de las personas que haya sido engendrada por este método posee plena dignidad humana y es hija de Dios. Pero esto no le quita importancia a los atropellos a que fueron sometidos otros seres humanos, fallecidos en la fase embrionaria, utilizados en este método.
La fecundación “in vitro” (FIVET) puede ser vista desde dos aspectos: subjetivo y objetivo. El primero hace referencia a los deseos de paternidad y maternidad de un matrimonio que no ha podido engendrar. Es un deseo legítimo, pero que no puede llegar al punto en que se presupone que el embrión no merece pleno respeto, cuando sus padres tienen un deseo que satisfacer. En tal caso, el hijo no es un fin en sí mismo, sino un medio utilizado por sus padres.

 Actualmente, hay varios cientos de miles de embriones –seres humanos– congelados en refrigeradores especiales como éste.

El aspecto objetivo radica en que el método mismo atropella a seres humanos verdaderos. El proceso de la FIVET consiste en producir una importante cantidad de óvulos, extraerlos de la madre, y fecundarlos en una probeta. De los óvulos fecundados –que ya son un ser humano vivo, distinto de sus padres–, unos son implantados en el útero y otros conservados en refrigeración, por si hacen falta más adelante.
Muchos de esos embriones mueren durante el proceso. En declaración del Dr. Marco Antonio Cruz Téllez, especialista del Centro Médico Nacional La Raza, “el principal reto es que cada intento de fertilización su porcentaje de éxito no rebasa el 20 por ciento, y se debe tener un mayor porcentaje de posibilidades, porque no con el primer procedimiento se consigue un embarazo”.
En otras palabras, cada vez que se intenta un proceso de FIVET, mueren 8 de cada 10 seres humanos en estado de embrión. Además, también es muy trágico e inhumano que actualmente hay varios centenares de miles de embriones congelados: son personas que han sido privadas de nacer, en espera de ser implantados… o destruidos.
Desde el punto de vista de la deontología médica, sería poco sensato aprobar un tratamiento contra la enfermedad que fuera, en la que murieran 8 de cada 10 pacientes. Sin embargo, en el caso de la FIVET, se ve como algo normal que mueran el 80 por ciento de los embriones, los cuales ya son seres humanos.
¿Qué implicaciones éticas tiene este Nobel de medicina? El presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Mons. Ignacio Carrasco de Paula, lo explica: “sin Edwards no habría el mercado de óvulos”, ni habría “congeladores llenos de embriones en espera de ser transferidos a un útero” pese a que “probablemente terminarán por ser abandonados o morir”.

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domingo, 3 de octubre de 2010

Hawking: ¿nuevo “caso Galileo”?

Luis-Fernando Valdés

En los primeros días de septiembre, poco antes de la visita papal a Gran Bretaña, el famoso físico inglés, Stephen Hawking, publicó “The Grand Desing”, en el que afirmó que Dios no creó el universo. ¿Es un descubrimiento científico o un golpe mediático?

Portada del "The Times": "Hawking: Dios no creó el universo"
El diario londinense “The Times” publicó algunos pasajes del libro (3.IX.2010), una semana antes de que éste fuera presentado en las librerías. En esos textos, el Catedrático de Cambridge sostiene que no es necesario afirmar la existencia de Dios para explicar el universo.
Según este Autor, el “Bing Bang”, la gran explosión inicial que habría dado origen al universo, es “una consecuencia inevitable” de las leyes de la física, por lo cual el cosmos “se creó de la nada”, sin la intervención de un Creador.
Más aún, Hawking rechaza la hipótesis de Isaac Newton según la cual las leyes de la naturaleza no son suficientes para explicar que el universo no surgió del caos, sino que Dios tuvo que haber intervenido en su creación. El Autor del recién publicado libro se basa en la observación, realizada en 1992, de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol.
“Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema –la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar– sean mucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada (por Dios) para solaz de los humanos”, escribe Hawking.

 Stephen Hawking con Benedicto XVI, durante un Congreso organizado por el Vaticano sobre la evolución y el Big Bang (noviembre 2008).

Aunque hubo respuestas serias de varios líderes religiosos, una de las primeras figuras en objetar estas hipótesis ha sido el astrofísico David Wilkinson, director del St. John’s College de Dirham, que sostiene que “la ciencia y la lógica pueden apuntar a un Creador. ¿De dónde vienen las leyes de la física? ¿Qué propósito tiene el universo? ¿Por qué es inteligible, comprensible?”.
En efecto, las teorías del Hawking dejan de lado la ciencia, y entran en otro terreno: el de la filosofía. Y, desde ahí, podemos ver que, aun si se acepta la hipótesis de que el universo se autocreara, no queda excluida la referencia a un Creador, como plantea WIlkinson. ¿Por qué?
Porque es gracias a unas leyes físicas que el universo tiene un origen –no importa cómo haya sido– y una estructura. Si el universo se creara a sí mismo, sería porque existirían unas leyes físicas que lo habrían programado para autocrearse.
Ahora bien, ¿cuál sería el origen de esas leyes físicas? No podrían originarse con el universo, puesto que deberían ser anteriores al cosmos para poder crearlo. Y sin son anteriores al universo tampoco podrían originarse a sí mismas, porque ¿cómo pueden existir leyes naturales antes de que exista la Naturaleza?
Por eso, incluso si se acepta la hipótesis de que el universo se hubiera creado a sí mismo, admitir la existencia de un Creador no es irracional, sino una auténtica necesidad de la razón.
Han quedado en la historia los tiempos de la confrontación entre la fe y la ciencia, cuando Galileo postuló que la Tierra no es el centro del universo. En ese caso, la Teología invadió el terreno de la astronomía. Ahora, en cambio, Hawking ha intentado suplir la fe en Dios creador, por medio de una teoría cosmológica.
Este nuevo libro no pasa de ser un golpe mediático. La razón científica y la razón creyente no tienen porque excluirse. De hecho, hay nuevos y bien fundamentados intentos de hacer ciencia en diálogo con la religión: pero esos no se llevan las primeras planas.
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