domingo, 27 de junio de 2010

¿Quedan santos todavía?


Luis-Fernando Valdés

El santoral pertenece a nuestra cultura. Ya sea por devoción, ya sea por costumbre, nos referimos a los santos y les pedimos milagros. Pero quizá pocos son los que saben quiénes son y qué hacen los santos.
Los santos de la Iglesia Católica no son dioses ni seres mitológicos. Son seres humanos que recibieron el bautismo, y fueron ejemplares en el seguimiento espiritual de Jesús, de modo que lograron que sus propias vidas se configuraran con la vida y las enseñanzas de Jesucristo, porque la santidad consiste en parecerse espiritualmente a Cristo.
Tan humanos como los demás, los santos lograron reflejar lo sobrenatural en su vida, pues cultivaron un perfil ético muy específico: vivieron del amor a Dios y al prójimo, tuvieron comprensión con todos, se preocuparon de las necesidades de los demás, y fueron austeros, limpios de corazón y, sobre todo, transmitieron alegría y paz a su alrededor.
Hoy me referiré a uno de ellos, cuya fiesta a penas celebramos ayer (26 de junio). Se trata de San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), el Fundador del Opus Dei, canonizado por Juan Pablo II (6.X.2002). Este hombre de Dios ha sido “maestro de santos”.
El 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá recibió una iluminación intelectual, mediante la cual “vio” que Dios le pedía ayudar a todo hombre y mujer a encontrar a Dios en la vida ordinaria. Así, este Fundador vino a “popularizar” la búsqueda de la santidad, trajo al ciudadano de a pie la posibilidad de vivir a fondo la santidad, a través de las actividades de la vida cotidiana.
Así lo predicó con claridad y realismo: “Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día”.
Primero, él vivió con gran alegría su vocación cristina, como “un enamorado de Dios”. Y, luego, mediante el influjo de su ejemplo y enseñanzas, un buen número de personas han podido configurar su existencia diaria con Cristo, y han fallecido con fama de santidad.
Entre los hijos espirituales del Fundador del Opus Dei, que están actualmente en proceso de canonización, ocupa un lugar especial su sucesor, Mons. Álvaro del Portillo (fallecido en 1994), que tuvo un papel importante en el Concilio Vaticano II.
Siguiendo el mensaje del Opus Dei se han santificado en las circunstancias más normales de la vida, como la familia. Así lo hizo el matrimonio de Tomás Alvira (+1992) y Paquita Domínguez (+1994); y también el médico guatemalteco, Ernesto Cofiño (+1991), padre de cinco hijos.
Entre ellos también hay profesionistas como Toni Zweifel, Ingeniero Industrial,  suizo (+1989); una joven estudiante española, Montserrat Graces, fallecida a los 18 años, en 1959; y Dora del Hoyo, empleada del hogar, que supo encontrar a Dios en las labores domésticas (+2004).
Así Josemaría Escrivá nos ilustra lo que es un santo: es aquel cristiano que ama a Dios con pasión y que enseña a los demás a vivir con amor verdadero a Dios y a quienes conviven con él.
Todavía hay santos, los de verdad, no los que el folclor popular inventa. En ocasiones, las veladoras y los “ex votos” nos ocultan el verdadero rostro de los hombres y mujeres de Dios, que en realidad han sido personas normales, quizá nuestros vecinos, que sin hacer nada espectacular, supieron encontrar el sentido divino –y humano– de su vida.
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domingo, 20 de junio de 2010

Emboscada al Bicentenario

Luis-Fernando Valdés

Semana sangrienta. Mientras nuestra atención estaba centrada en el Mundial de Fútbol, la narcoviolencia, en diversos puntos del País, rompió un triste récord: 300 muertos en 7 días. Entre esos sucesos, hubo uno que fue muy significativo: la emboscada tendida en Michoacán a un convoy de la Policía Federal Preventiva (PFP).
Lugar del atentado a agentes de la PFP, en Zitácuaro,Mich. Foto: MVT

El pasado lunes 14 de junio, una caravana de Policías Federales fue emboscada por un grupo armado, en una carretera del municipio de Zitácuaro, Mich. Perdieron la vida 10 miembros de la PFP y fueron heridos 15 de ellos.
Este episodio tiene una gran repercusión en la configuración de nuestra Nación, que lleva doscientos años tratando de consolidarse como Estado de Derecho. Esto significa que en nuestro territorio hay unas leyes que son válidas y obligatorias para todos, y las cuales establecen el modo de convivencia entre los ciudadanos.
Estas leyes no pueden ser emitidas por cualquiera, sino sólo por aquellos ciudadanos que han sido elegidos por mayoría para elaborar estas normas. Se trata de los Senadores y Diputados, estos últimos pueden ser locales (en cada Estado) y federales (para todo el País). Las leyes promulgadas por el Poder Legislativo son las únicas que rigen a nuestra Nación.
Pero, constatamos con preocupación cada vez mayor, que los grupos armados están imponiendo su propia ley en las diversas plazas que van ocupando. Cobran impuestos, regulan el comercio, tiene sus propios vigilantes del orden público, “imparten justicia” (o sea castigan a los que no cumplen sus “leyes”).
Este tipo de grupos han hecho que México sea –en la práctica– dos Estados: uno, el oficial, el del Bicentenario, el de los Tres Poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; y, otro, el invisible, al que nadie le llama “mi patria”, en el que las leyes y las órdenes provienen de una cúpula de capos, y que son puestas en práctica por operadores y, cuando no se acatan, son castigadas por sicarios.
Esta situación “de facto” es un retroceso histórico. Leemos en los libros de historia patria que, a finales del s. XIX, había grupos de bandoleros que imponían su ley en las carreteras y despoblados. Quién no recuerda la famosa novela “Los Bandidos de Río Frío”, de Manuel Payno.
Pero, como es lógico, dos Estados no pueden convivir en un mismo territorio. No caben juntos dos poderes legislativos: el de las leyes promulgadas en el Diario Oficial y el de las normas impuestas por amenazas.
Por eso, esta guerra llevada a cabo en albor de la tercera centuria mexicana, está llena de significado. De su resultado depende si México se consolida como Nación soberana e independiente, o si retrocede a los cacicazgos del s. XIX.
Esta importante situación de fondo parece ser opacada por la montaña de cifras del parte de guerra diario. Daría la impresión de que sólo es enfocada la escalada de violencia. O bien por otra cortina de humo: el “maniqueísmo”, que divide la realidad en buenos y malos.
Así estos hechos sangrientos son narrados como una especie de serie policíaca, en la que hay héroes y los villanos. Pero el que cuente el episodio –la PGR o un “narco corrido”– establecerá quiénes son los buenos. Esto es preocupante, porque no es cuestión de apoyar bandos, sino de consolidar el Estado mexicano.
Junto con ese convoy de la PFP, fueron emboscados doscientos años de Historia. Esas mismas balas, que mataron a nuestros policías, hirieron profundamente también a nuestro Estado de Derecho.
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sábado, 12 de junio de 2010

Migrantes: ¿oro o plomo?


Adolescentes lloran la muerte de Sergio Adrián Hernández Huereca
en el Puente Internacional Paso del Norte, Ciudad Juárez. (Foto: AP)


Luis-Fernando Valdés


La crisis económica sigue empujando a muchos jóvenes a cruzar la frontera norte en búsqueda de oportunidades. Van por el oro de una ilusión de dólares. Pero, con frecuencia lo que encuentran es el plomo de la explotación… y también de las balas. Así fue el caso de Anastasio Hernández Rojas y Sergio Adrián Hernández, muertos a manos de agentes fronterizos. ¿Fueron homicidios o legítima defensa?
Anastasio tenía 32 años y llevaba ya 20 viviendo en el sur de California, era padre de cinco hijos, los cuales nacieron en territorio estadounidense, y se dedicaba a la limpieza de albercas y a la industria de la construcción.
El pasado viernes 28 de mayo, Hernández Rojas fue detenido por carecer de documentos migratorios. Varios agentes de la Patrulla Fronteriza lo golpearon y le aplicaron choques con pistolas eléctricas, en la garita internacional de San Ysidro-Tijuana. Como consecuencia de esta lesiones Anastasio murió tres días después.
Plomo y no oro fue lo que encontró Sergio Adrián Hernández Huereca, estudiante de 14 años, quien fue asesinado por un policía de la Border Patrol, bajo el llamado “puente negro” de Ciudad Juárez, Chihuahua.
Junto con otros jóvenes Sergio Adrián se había pasado al otro lado de la frontera, y fueron sorprendidos por los policías fronterizos. Los agentes persiguieron a los muchachos hasta territorio mexicano, y accionaron sus armas de fuego.
La muerte de ambos compatriotas fue captada en video. Por eso, los dos crímenes han sido objeto de debate en la opinión pública. Tanto las familias de los difuntos como el Gobierno mexicano, y también legisladores de ambos países (durante la 49ª reunión interparlamentaria) han condenado los hechos y han pedido justicia.
Sin embargo, la situación de fondo seguirá sin arreglo, aun cuando sentenciaran a los agresores. Hace falta que se reconsidere la figura de los migrantes. Es necesario reconocer que cada migrante –sin importar su nación y cultura de origen, ni su situación cultural o económica– es una persona, sujeto de dignidad y titular de derechos humanos, previos a cualquier legislación.
En la comprensión actual de los migrantes, parecería que un hombre o una mujer, por el hecho de salir de su patria para buscar un mejor futuro, ya hubiera perdido su dignidad y sus derechos, y pudiera ser maltratados, explotados o agredidos.
Pero ese mal concepto del migrante ha llegado a un nivel más bajo todavía, pues no pocos consideran al inmigrantes como un agresor, como una especie de invasor bárbaro. Y una vez etiquetado como “invasor”, el siguiente paso es casi automático: ahora es un “enemigo” al cual hay que rechazar o incluso eliminar. Y entonces se considera que atacar a un migrante es un derecho, similar a matar en legítima defensa.
Es un gran engaño presentar la agresión a un desarmado como legítima defensa. Por ahí también se puede disfrazar la discriminación con vestidos de justicia. La clave para entender la muerte en legítima defensa radica en la “proporción”: la violencia en el acto defensivo tiene como finalidad someter al agresor, y debe ser proporcionada a la violencia que éste presente. Así, a un hombre desarmado no se le puede abatir a balazos, pues puede ser sometido sin necesidad de quitarle la vida.
El sueño de oro de cruzar la frontera norteamericana seguirá convirtiéndose en plomo de persecución y de explotación, mientras no reconozcamos desde nuestra propia frontera la dignidad de los migrantes, y no exijamos que sean reconocidos sus derechos.
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domingo, 6 de junio de 2010

Chipre: entre el ecumenismo y el fanatismo

Benedicto XVI recibido en Chipre por el Patriarca Ortodoxo

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI, a pesar de su frágil figura y su escasa salud, suele viajar al ojo del huracán. Ahora peregrinó a Chipre (4-6 junio), tierra de musulmanes y ortodoxos. En la víspera, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía fue asesinado por su chofer, que “tuvo una revelación divina” que le indicaba matarlo. Y a su llegada, un pancarta decía: “La Isla ortodoxa no le da la bienvenida al Papa”. ¿Qué busca el Santo Padre en un lugar minoritariamente cristiano?

Chipre es una isla de Mar Mediterráneo, cuyas dos terceras partes pertenecen a la República de Chipre, y el otro tercio fue ocupado por Turquía en 1974, dando lugar la República Turca del Norte de Chipre. La isla tiene una población de 1,103,790 habitantes, de los que a penas 25,000 son católicos (un 2.2 por ciento de la población).

El Papa Ratzinger busca siempre que sus viajes tengan un significado muy especial. En este contexto de minoría católica, el Santo Padre da una señal clara: el ecumenismo, y esta isla es el mejor icono de esta unidad entre cristianos. La Iglesia en Chipre, afirmó el Pontífice, se muestra “como un puente entre el Oriente y el Occidente”.

En una ceremonia ecuménica, nada más llegar a ese país, el Papa expreso su deseo de que “mediante un diálogo paciente y sincero”, se encuentre “la vía para volver a acercar (al Oriente y al Occidente), superando las controversias del pasado y mirando a un futuro mejor”.

En ese mensaje, dirigido tanto a católicos como a ortodoxos, luteranos, armenos y anglicanos, Benedicto XVI puso de manifiesto que sí es posible la unidad, porque ya hay una cierta comunión entre los cristianos de las diversas denominaciones. “Ésta es la comunión, real, aunque imperfecto, que ya ahora nos une, y que nos impulsa a superar nuestras divisiones y a luchar por restaurar aquella plena unión visible, que es querida por el Señor”.

Respecto a la convivencia entre las religiones, Benedicto XVI pronunció un discurso al Presidente de Chipre y al Cuerpo diplomático. Como este país es de cultura y lengua griega, el Papa se refirió ampliamente a los filósofos clásicos, que descubrieron que la felicidad consiste en actuar según la razón y en seguir todo lo que es verdadero, bueno y bello. Y desde ahí propuso una base humana que permita el respeto en las relaciones con los demás.

Luego salió al paso del prejuicio de que las religiones dividen a los hombres. Afirmó que “desde una perspectiva religiosa, somos miembros de una única familia humana creada por Dios, y estamos llamados a promover la unidad y a construir un mundo más justo y fraternos, fundado sobre valores durables”.

Chipre es un símbolo, porque es una encrucijada de cristianos de diversas confesiones y puente con los países de religión islámica. Es un “laboratorio” del diálogo ecuménico y de la convivencia interreligiosa. Es la oportunidad de oro para que la creencia y la adoración de un Ser supremo unan al mundo.

Necesitamos que México sea “otro Chipre”, porque nuestro País ya es ahora un nuevo puente entre culturas y religiones, pues ha quedado atrás la época de una única religión. El Bicentenario de la Independencia es la oportunidad soñada para que México sea un símbolo y un modelo de tolerancia y de diálogo entre las diversas confesiones. Las religiones –el hecho de admitir y adorar a un Ser divino–, es motivo grande para que los creyentes nos respetemos y nos sepamos y sintamos hermanos.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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