domingo, 28 de marzo de 2010

Pederastia y opinión pública

Luis-Fernando Valdés

El tema de los abusos sexuales por parte de clérigos sigue muy presente en los medios de comunicación. Recientemente, Benedicto XVI envió a los católicos irlandeses una carta sobre esta crisis (21.III.2010), y el “New York Times” (25.III.2010) ha buscado involucrar al Papa mismo en la cadena de complicidad. Parecería que algunos han encontrado la oportunidad dorada para señalar el lado oscuro de la Iglesia; pero el resultado que han conseguido es la perdida de objetividad en su juicio sobre los sacerdotes. ¿Cuál es la justa valoración de estos abusos?

Para un juicio ponderado, lo primero es entender las proporciones de los datos. Luigi Accattoli, un prestigiado vaticanista, aporta este importante análisis: desde 1995 se han denunciado en Alemania 210,000 casos de abusos sexuales; de ellos, sólo 94 afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica (“Liberal”, 9-03-2010). Es decir, los clérigos sólo están relacionados con el 0.044 por ciento de las denuncias.

Pero, ¿por qué no se ventilan en la opinión pública el 99.9 por ciento restante de los casos? ¿Sólo si se trata de la Iglesia es noticia? El problema es que se ha creado una imagen falsa: como si sólo en la Iglesia pasara esto.

Ahora veamos los datos proporcionados por la Santa Sede. Mons. Scicluna, que es el “fiscal” del Vaticano para estos casos, explicó que en los últimos nueve años (2001-2010) se han analizado las acusaciones relativas a unos 3,000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos, por delitos cometidos en los últimos cincuenta años. De ellos, sólo el 10 por ciento eran actos de pederastia verdadera y propia, esto es, por atracción sexual hacia niños impúberes. De modo que son trescientos clérigos acusados en nueve años.

Y añadió el Prelado que trescientos “son siempre demasiados, desde luego, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se dice”. En efecto, actualmente la Iglesia cuenta con 400,000 sacerdotes, de modo que los acusados representan el 0.075 por ciento de los clérigos. De nuevo, se proyecta ante la opinión pública una falsa imagen, que parece sugerir que una “gran cantidad” de clérigos fueran depredadores.

Para formarse una opinión objetiva también hay que darse cuenta que sí hay una campaña difamatoria contra la Iglesia. Para muestra un botón: El “Times” (13.III.2010) se hizo eco de una acusación hecha por el “Süddeutsche Zeitung”, que afirmó que un sacerdote de la diócesis de Essen, Peter Hullermann, acusado de abusos sexuales a un muchacho de 11 años, fue recibido en la diócesis de Münich y Frisinga, cuando el Card. Ratzinger era el Arzobispo.

En realidad, el Cardenal sólo autorizó que viviera en una residencia de sacerdotes de Münich mientras recibía una terapia. En diciembre de 1981, Ratzinger fue nombrado colaborador de Juan Pablo II, y se fue a vivir definitivamente a Roma. Fue hasta diciembre de 1982, cuando el vicario general de Münich, Gerhard Gruber, decidió asignar a Hullermann a una parroquia. En un comunicado reciente, Gruber reconoce su error y asume “toda la responsabilidad”. Como se puede observar la intención de estos medios era acusar al Papa de haber cometido lo mismo que él condenó de los obispos irlandeses: encubrir a los culpables.

No puede ser ponderada una valoración que, en vez de buscar justicia hacia las víctimas, pretende el descrédito de la Iglesia, sin reconocer que se trata de un problema no generalizado, y sin reconocer el gran bien que la Iglesia ha aportado a millones de personas.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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domingo, 21 de marzo de 2010

La clave del ecumenismo

Luis-Fernando Valdés

Las Iglesia católica es una gran fuente de noticias. Y no sólo por la actual crisis de escándalos, sino también por el fenómeno llamado “ecumenismo”, que es la búsqueda de la unidad de los cristianos de las diversas confesiones. Este tema es sensacional porque pone a la razón en el límite: ¿es humanamente posible la unidad entre las diversas ramas del cristianismo? ¿o hay que buscar un factor no-humano, divino, que la haga posible?

En este primer trimestre del año han ocurrido varios eventos con amplia repercusión ecuménica. Parece más cerca que nunca la superación de la división producida hace casi 500 años, con la llamada Reforma protestante, en la que Martín Lutero (1483-1546) propuso una doctrina sobre la justificación no aceptada por Roma, y Enrique VIII (1491-1547) se autonombró cabeza de la Iglesia católica de Inglaterra.

Benedicto XVI ha tenido varios encuentros con comunidades luteranas, en los que se han limado asperezas y se ha confirmado la voluntad de ambas religiones por el diálogo. El 18 de enero, el Papa recibió a una delegación ecuménica la Iglesia luterana de Finlandia.

Afirmó que las iglesias cristianas presentes en Finlandia, “comparten una comunión auténtica, aunque aún imperfecta” y expreso que eso “es seguramente también un motivo que nos empuja a mayores esfuerzos de comprensión y de reconciliación”, para llegar a “una unidad visible y perfecta en Cristo Jesús”.

El 10 de febrero, el Pontífice recibió a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana en América. El Papa citó la Encíclica de Juan Pablo II “Ut unum sint”, en la que su predecesor definía la relación entre católicos y luteranos como una “fraternidad reencontrada”.

Y el 14 de marzo, el Sucesor de Pedro visitó la iglesia evangélico-luterana de Roma, y fue acogido con un prolongado aplauso en la “Christuskirche” de la Vía Sicilia. Jens-Martin Kruse, pastor de la comunidad, dijo en su homilía que esta visita del Papa “para nosotros es verdaderamente un día de alegría”, e invitó a avanzar por el camino de Cristo, “pero no caminando los unos junto a los otros, sino juntos”.

Y respecto a la relación con los anglicanos, el Santo Padre anunció oficialmente que visitará Inglaterra, del 16 al 19 de septiembre próximos. Durante ese viaje, Benedicto XVI canonizará al Card. John Henry Newman (1801-1890), quien fuera presbítero y prestigiado teólogo anglicano, antes de su conversión al catolicismo. Esta es una clara señal de la relación pacífica entre el Vaticano y Canterbury.

Estos hechos muestran con objetividad que van quedado lejos las guerras de religión y la intolerancia entre confesiones. Sin duda, la cultura contemporánea que está más abierta al diálogo ha influido en este ecumenismo, pero no puede ser el único factor, porque esta misma cultura no ha podido reconciliar diferencias en los nacionalismo (Irlanda del Norte, País Vasco, países bolivarianos, etc.), ni ha apaciguado las guerra en el Medio Oriente, ni en África.

Entonces, resulta necesario preguntarnos por ese “otro” factor, capaz de conseguir la unidad, superando las dificultades humanas. Y en este punto, Benedicto XVI expone la clave del ecumenismo: “La unidad no puede ser fruto de los hombres, [sino que] tenemos que encomendarnos al Señor, pues Él es el único que puede darnos la unidad. Esperamos que Él nos lleve a esta unidad”. Por eso, la unidad de los cristianos es –para los creyentes– cuestión de fe en la acción de Dios, y piedra de escándalo para los que no aceptan que Dios puede actuar en este mundo.

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domingo, 14 de marzo de 2010

Feminismo incluyente

Luis-Fernando Valdés

El mes de marzo siempre nos trae una festividades muy entrañables. El primer domingo de este mes fue el “Día de la familia”, y el día 8 fue el “Día de la mujer”. Ambas celebraciones nos hablan de la vida y de la familia, que son las bases sólidas de nuestra civilización. Sin embargo, hay quienes confrontan la maternidad con la condición femenina. ¿Será verdad que la maternidad se convierte en una cadena para las mujeres?

Hoy día las mujeres gozan de un mejor reconocimiento a su especial condición, por parte de la sociedad, y esto se ha visto reflejado en la legislación de muchos países. La historia de esta valoración ha sido larga, y aún hay mucho que camino por andar.

La condición femenina es muy rica, e incluye dos aspectos que no son fáciles de integrar: la gran capacidad para realizar cualquier labor (académica, profesional, política, etc.) y la maternidad. Esta complicada integración ha dado lugar una situación polémica.

Por una parte, los grupos feministas radicales consideran que la mujer no puede ser plenamente libre, mientras no se desligue la maternidad de la condición femenina. Mientras la mujer sea la que tiene el rol de gestar y dar a luz, dicen estas facciones, siempre estará subordinada al varón y sometida a las labores del hogar.

Por otra parte, esta visión no es compartida por todos. Al contrario, la vida diaria nos muestra que la gran mayoría pensamos que, hoy día, la mujer tiene un papel muy importante en todos los ámbitos de la vida, y que la mujer puede destacar en la esfera pública sin confrontarse con la maternidad.

Pero equilibrio es un reto, pues la experiencia nos enseña que hoy día no existen las condiciones suficientes para que una mujer pueda desarrollar plenamente sus talentos laborales y cívicos, al mismo tiempo que viva su maternidad.

En la práctica, una mujer que tiene que trabajar para poder mantener a su familia, se enfrenta hoy al duro problema de una menor dedicación de tiempo a sus hijos. Pero estas circunstancias no se deben a una supuesta subordinación al varón, sino que son el resultado de algunas deficiencias de las leyes laborales actuales.

Una de las voces más destacadas a favor de la mujer fue, sin duda, Juan Pablo II. Este recordado Pontífice apoyó tanto la participación de las damas en el ámbito social y político, como la valoración de la maternidad. Y denunció que los mecanismo de las actividades económicas no siempre toman en cuenta las peculiares exigencias de la mujer.

Este gran Papa también exigía “respetar el derecho y el deber de la mujer-madre a realizar sus tareas específicas en la familia, sin estar obligada por la necesidad de un trabajo adicional”. Y cuestionaba a fondo el sistema económico actual: “¿Qué ganancia real tendría la sociedad –incluso en el plano económico–, si una imprudente política del trabajo perjudicara la solidez y las funciones de la familia?” (Alocución, 20.VIII.1995).

El Papa Wojtyla buscó la solución a la dialéctica “mujer o maternidad”, y por eso insistía en que la tutela de la maternidad “no puede servir de coartada respecto al principio de igualdad de oportunidades de los hombres y de las mujeres, también en el trabajo extra familiar” (íbidem).

La sociedad de hoy necesita superar el feminismo radical (que opta por una sola dimensión de la mujer), y requerimos de un “feminismo incluyente”, que sepa reconocer y favorecer a quienes han escogido ser “mujer-madre-trabajadora”, y que luche por insertar este rol en el esquema social, laboral y legislativo del País.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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domingo, 7 de marzo de 2010

Manipulación religiosa

Luis-Fernando Valdés

Las noticias sobre religión han ocupado, una semana más, bastante espacio en los medios. Las más comentadas fueron las referentes a las reprobables conductas de algunos clérigos. Pero una nota que pasó silenciosa fue la histórica declaración conjunta de católicos y musulmanes para evitar que la religión sea empleada para la violencia.

Se trata de una declaración emitida, el 1 de marzo pasado, conjuntamente por las autoridades vaticanas y la más prestigiosa institución académica de los musulmanes sunníes, en la que ambas partes se comprometen a fomentar el respeto a las diferencias entre el cristianismo y el islam.

El documento recoge las conclusiones de la reunión anual, celebrada los días 23 y 24 de febrero en El Cairo (Egipto), del Comité conjunto para el diálogo del “Comité Permanente de Al-Azhar (universidad fundada en el s. X) para el Diálogo entre las Religiones Monoteístas” y el “Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso”.

El Comité analizó el fenómeno de la violencia confesional, con la finalidad de comprender sus causas y proponer las soluciones que le corresponde implementar a las religiones.

Son muy interesantes las recomendaciones emitidas al final de la reunión, pues exhortan a “prestar mayor atención al hecho de que la manipulación de la religión con fines políticos o de otra naturaleza puede ser fuente de violencia”. Es muy positivo que dos confesiones que hace siglos protagonizaron las Cruzadas, hoy pidan que a nombre de Dios no se emplee la violencia.

Un hecho muy significativo fue que el gran imán de Al-Azhar, el profesor y jeque Muhammad Sayyed Tantawi, condenó los actos de violencia en los que murieron seis cristianos y un policía musulmán en Naga Hamadi (Egipto), en la pasada Navidad ortodoxa, expresó solidaridad a las familias de las víctimas, y reafirmó la igualdad de derechos y deberes para todos los ciudadanos, sin importar su religión. Además, Tantawi declaró que sólo hizo lo que consideraba que era su deber ante esos trágicos eventos.

Aunque esta Declaración fue poco mencionada en los medios, tiene una gran importancia porque viene a cambiar el paradigma de que las religiones serían malas, ya que dividirían a las personas y provocarían violencia. Ahora se dice que las religiones deben convivir a pesar de sus diferencias.

Por eso, este documento concreta las reglas para esa sana convivencia religiosa, y propone “evitar la discriminación basada en la identidad religiosa”, e invita a “abrir el corazón a la reconciliación y al perdón recíprocos, condiciones necesarias para una convivencia pacífica y fecunda”.

Finalmente, la Declaración propone que se evite toda predicación, toda enseñanza escolar y todo texto que –al interpretar los hechos pasados– “puedan suscitar una actitud violenta entre los seguidores de las diferentes religiones”. En otras palabras, es un verdadero “borrón y cuenta nueva” en las relaciones católico-musulmanas.

Si bien los lamentables sucesos de violencia provocada por el fundamentalismo religioso y los de pederastia hoy obscurecen el horizonte religioso, esta Declaración hace ver que no todo es sombrío. Ambos sucesos producen enojo, ya que toda la gente tiene sed de paz y de pureza, y que ve en la religión un medio importante para alcanzarlas.

Por eso, cuando a nombre de Dios, algunos matan o abusan sexualmente, la protesta está más que justificada… porque no se vale que nadie ensucie un importante camino que el ser humano tiene, para colmar su sed de paz y de amor limpio.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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