domingo, 27 de abril de 2008

El Pueblo que más ama a sus hijos

Luis-Fernando Valdés

El segundo día de audiencias públicas organizadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el aborto tuvo lugar el pasado viernes 25 de abril. En esta ocasión expusieron quienes sostienen que el recién concebido “no es una persona”, como afirmó Víctor Hugo Círigo, presidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF. Hoy retomo el tema desde un ángulo poco estudiado: desde la historia de nuestro País. ¿Qué enseñaban nuestros ancestros indígenas sobre el recién engendrado?
Los aztecas, para referirme sólo a una de las culturas precolombinas más desarrolladas, tenía en un concepto muy alto la vida de los nasciturus. Ya en el siglo XVI, los misioneros se admiraron ante el amor del pueblo náhuatl por sus hijos. El dominico Diego Durán, en su libro “Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme” (15) escribe que los moradores del valle del Anáhuac son “la gente que más ama a sus hijos que hay nación en el mundo”.
Son muchos los testimonios de ese amor a la vida que se inició en el seno materno, como las “Tenonotzaliztli”, o sea, “exhortaciones” con que el padre instruye a su hijo. Ahí el papá le dice a su bebito como han estado pendiente de él, desde antes de que naciera: “Hemos visto por ti tus madres, tus padres; y tus tías, tus tíos, tus parientes, han visto por ti, han llorado, han sufrido por ti en tanto venías, en tanto nacías sobre la tierra...”.
En ese mismo documento, la madre exhorta a su hijita con estas palabras: “Ahora mi niñita, tortolita, mujercita, tienes vida, has nacido, has salido, has caído de mi seno, de mi pecho”. Y la niña le agradece a su mamá esos consejos con estas palabras: “Me has favorecido, mi hermana mayor, a mí que soy tu collar, tu pluma preciosa. ¿A dónde en verdad me irás a dejar? ¿A dónde me irás a entregar? Porque en tu seno, en tu pecho he vivido, he nacido, yo muchachita, niñita”.
En 1995, el historiador francés Jacques Soustelle, describe la vida de los aztecas antes de la conquista, y muestra que “la futura madre recibía, desde bastante tiempo antes de que naciera el niño, atentos cuidados… En suma, durante todo el tiempo anterior al parto, una red de prohibiciones y preceptos tradicionales encerraba a la madre y aún al padre con el fin de proteger al niño”.
El aborto va en contra de la cultura mexicana, atenta contra nuestras raíces. Afirmar que la ciencia moderna nos habría hecho ver que en el nascituro no es persona, equivale a decir que México sólo es nación desde que se fundó la embriología. Quien apoya el aborto está sosteniendo que las raíces que nos dan identidad cultural van en contra del derecho de la mujer a decidir, de modo que nuestros orígenes en realidad habrían iniciado con el movimiento feminista. Si el México moderno había rechazado sus orígenes novo-hispanos, para desligarse de su base católica, ahora también se desentiende de sus fuentes indígenas, para no tener que comprometerse con la vida del recién concebido.
¿Qué implicaciones históricas y culturales conllevará la legalización del aborto? Tiene al menos una muy grande: la pérdida de nuestra identidad nacional. Si los que proponen la legalización del aborto son coherentes consigo mismos, deberán aceptar que también pretenden fabricar un nuevo país, distinto al nuestro que tiene más de cinco siglos, una nación cuya única raíz sea la ideología de la que ellos parten. Sería un Pueblo que ya no ama a sus hijos.

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domingo, 20 de abril de 2008

“Conquista” el Papa a medios de EUA

Luis-Fernando Valdés

La visita del Papa a los Estados Unidos ha sido un evento mediático. En ese país, tanto los noticieros de la TV como los periódicos han dado una cobertura muy amplia de este viaje. Y, además, la buena imagen Romano Pontífice que esos medios transmiten contrasta con todos los estereotipos y clichés que se le han atribuido a Benedicto XVI. Veamos cómo la prensa neoyorkina enfocó tres eventos destacados del Santo Padre.
El primero de ellos tiene un significado especial, porque fue la reunión de Benedicto con algunas víctimas de abusos por parte de sacerdotes. La presencia del Papa entre las víctimas es un modo de aceptar institucionalmente esas culpas y de pedir perdón. El jueves pasado, durante la homilía de la Misa celebrada en el estadio “Nationals Park” de Washington, el Santo Padre reconoció “el dolor que ha sufrido la Iglesia en América como consecuencia del abuso sexual de menores”. Y añadió: “ninguna palabra mía podría describir el dolor y el daño producido por dicho abuso”. En respuesta, el conocido diario “The New York Times” –que no es nada pro católico– destacó la disculpa del Pontífice (“el Papa se sintió avergonzado de los sacerdote pederastas”), y dio voz a los que piden que esos gesto del Sucesor de Pedro se traduzcan en acciones.
Otro evento muy importante fue la visita del Santo Padre a una sinagoga en Park East (Manhattan, NY). Recibido afectuosamente por el Gran Rabino Arthur Schneier, Benedicto XVI afirmó que a los cristianos y a los judíos “nos une en nuestra esperanza común centrada en Dios y su misericordia”, y que por eso podemos “cooperar unos con otros, y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para hacer de este mundo un mundo mejor para todos”. El citado periódico neoyorkino, que diariamente publicó en primera plana la gira del Papa, calificó esta reunión como un “hecho histórico” (historic act) y destacó que “el Papa recibe una calurosa bienvenida en la sinagoga de Nueva York”. Además el rotativo añadió el jubilo que esta reunión causó entre los asistentes a la celebración de la Pascua judía.
Un momento muy importante también fue el discurso que Benedicto XVI pronunció en la ONU, en el marco del el 60° aniversario de la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”. El Obispo de Roma explicó que los derechos humanos han de ser respetados porque son expresión de justicia, y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores. El “New York Times” subrayó que el Papa “urgió a una vigorosa defensa de los derechos humanos”. Además, este mismo informativo dio importancia a la preocupación manifestada por el Santo Padre sobre la crisis de la ONU para intervenciones urgentes, originada porque el poder de decisión está en manos de unas pocas naciones.
Sin duda, en nuestro País, la opinión publica se divide al hablar del Romano Pontífice. Fácilmente, caemos en los extremos: tanto de una defensa apasionada que quiere soslayar los problemas reales de la Iglesia, como de un fiero ataque que descalifica todo discurso y todo gesto del Pontífice. Este viaje a Estados Unidos puede servirnos para observar con perspectiva el papel del Papa como líder moral mundial, sin caer en esas posturas radicales que impiden la objetividad. Hoy las luces parecen atenuar las sombras: Benedicto XVI es un gran defensor de los derechos humanos, un Papa empeñado en el diálogo interreligioso y un pastor firme ante los abusos de los clérigos.

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domingo, 13 de abril de 2008

Aborto: entre el Derecho y la ideología

Luis-Fernando Valdés

La Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) abrió las sesiones abiertas al público, en las que especialistas sobre el tema pueden expresar su parecer sobre la inconstitucionalidad de la ampliación del aborto, aprobada el año pasado por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. Se trata de un tema estrictamente jurídico, que está rodeado de conflictos. Y bastantes de esas dificultades lejos de ser verdaderamente legales o científicas son meramente ideológicas. ¿Qué podrá más, el Derecho o la ideología?
En la sesión del pasado viernes 11 de abril, comparecieron médicos, científicos, abogados y grupos a favor de la vida, pero destacó la presencia del Titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y del Procurador General de la República. Ambos ponentes fueron los que, el año pasado, interpusieron la demanda de inconstitucionalidad de la ampliación de la ley del aborto ante el alto Tribunal. En sus respectivos discursos, la argumentación no fue religiosa ni moral, sino jurídica. Y este punto debe ser destacado.
En sentido estricto, a la SCJN sólo le corresponde dictaminar si la ley promulgada por la Asamblea Legislativa del DF es conforme o no con la Constitución Política de nuestro País. No se trata de que el Tribunal Constitucional “escoja” entre dos posturas, o diga cuál de ambas tiene razón. Más bien la Suprema Corte, como máximo e inapelable intérprete de la Constitución, tiene como finalidad declarar si la acción de anticonstitucionalidad de esta ley del aborto procede o no. Éste es el verdadero centro del debate, y es de orden estrictamente jurídico.
En su intervención, el Procurador Eduardo Medina Mora, explicó que la vida del ser humano es el más elemental de todos los derechos, y que del reconocimiento de este derecho y de su protección depende la existencia de cualquier otro y la realización misma de la persona. Argumentó que, desde 1917, la vida estuvo protegida en el artículo 14 constitucional. Recordó que a partir de la reforma constitucional publicada el 9 de diciembre de 2005, el más fundamental de los derechos fue ampliado y protegido absolutamente con la prohibición total de aplicar la pena de muerte. Y citó el dictamen en el que se fundamentó esta ampliación: "La protección de la vida de un ser humano es considerada como la más elemental de las defensas, puesto que de la vida deriva todo el potencial de desarrollo y realización de la persona". El Procurador también recordó la exposición de motivos que dio origen a la reforma, la cual dice literalmente que "es la vida el patrimonio más valioso que tiene la humanidad. El grado de civilización de las sociedades es directamente proporcional al respeto que en ellas se tiene por la vida".
Por su parte, José Luis Soberanes, Ombudsman nacional, argumentó también jurídicamente, y se apoyó en un dato científico: “El hecho de que su hijo se encuentre dentro de su vientre (de la madre) no le otorga (a ella) el derecho a disponer de él, pues no se trata de su cuerpo, sino de un ser humano genéticamente distinto a ella. La existencia de un ADN diferenciado lleva a concluir que se trata de dos seres distintos, sin que uno pueda legítimamente disponer de otro”. Entonces, si el Derecho y la ciencia están a favor de la vida, ¿el aborto en que se fundamenta? Se basa en la ideología, en la imposición de un punto de vista de modo arbitrario y, a veces, violento. ¿Podrá más la presión de algunos grupos de interés que el derecho y la ciencia?
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domingo, 6 de abril de 2008

La herencia social de Juan Pablo II

Luis-Fernando Valdés

Se cumplieron ya tres años de la marcha del añorado Papa polaco a la Casa del Padre. Su recuerdo, por una parte, trae bastante nostalgia al corazón: ¿cómo no extrañar a un Pontífice tan cercano?. Y, por otra, su memoria nos llena de gozo, pues fue un Pastor que supo dar luces a los problemas más urgentes de la sociedad. Este tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II es buena ocasión para exponer brevemente algunas de sus enseñanzas sobre el trabajo, que es el centro de la cuestión social de cada País.
Karol Woytila tuvo la oportunidad de ser trabajador manual en su juventud, cuando Polonia fue invadida por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Picando piedra en una cantera, pudo compartir hombro con hombro, la vida dura de los mineros; sufrió con ellos las carestías, y la mala remuneración. A diferencia de Marx y de Lenin, que buscaron remediar la injusticia laboral mediante revoluciones del proletariado, el joven Lolek (como lo llamaban sus amigos) hizo una lectura de esta experiencia desde el Evangelio.
Primero como Arzobispo de Cracovia, en los años del dominio soviético sobre Europa oriental y, más tarde, como Romano Pontífice, Juan Pablo II predicó con constancia el “Evangelio del Trabajo”, que es una respuesta viva, tomada del mensaje bíblico de Jesús, a los problemas actuales de los trabajadores. El Papa estaba convencido que en la vida y predicación de Jesucristo se encuentra una gran luz para entender el trabajo, pues Cristo siendo Dios se hizo ser humano, y trabajó con sus propias manos.
El 14 de septiembre de 1981, fue publicada la encíclica “Laborem exercens”, en la que el Papa eslavo aportó su propia experiencia como trabajador manual al análisis del sentido moral del trabajo humano. Entre las muchas enseñanzas de esta encíclica, todas ellas aún válidas para los hombres de hoy, destaca el análisis de los “derechos de los trabajadores”. Juan Pablo II defiende el derecho al empleo, el derecho a un salario justo y a unos beneficios adecuados y el derecho a crear asociaciones libres de trabajadores, lo cual incluye el derecho a la huelga (n. 16 y sig.).
Pero, además, el Papa Woytila toca temas que son herencia de una visión cristiana del trabajo y de la familia (cfr. n. 19). Por eso, defendió el “salario familiar”, que consiste en la cantidad suficiente para mantener a una familia sin que trabajen los dos padres a la vez. Y le dio un giro moderno a esta idea, proponiendo como alternativa determinadas prestaciones sociales, como “ayudas a la familia o subvenciones a las madres que se dedican en exclusiva a sus familias”. Y explica que la experiencia confirma que hay que esforzarse “por la revalorización social de las funciones maternas”, y así “será un honor para la sociedad hacer posible a la madre dedicarse –sin obstaculizar su libertad, sin discriminación psicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras– al cuidado y a la educación de los hijos” (ibid.).
Esto fue una muestra de la actualidad de la enseñanza social de este recordado Pontífice, que está enraizada en la experiencia real del mundo del trabajo, e irrigada por la fuerza siempre joven del Evangelio. Ojalá que junto a los recuerdos tan gratos de Juan Pablo el Grande paseando entre las calles de nuestro País, también convivan los deseos de aplicar sus enseñanzas –que no son recetas políticas ni de “management”– a los problemas social de nuestra Nación. Y así la mermoria de Juan Pablo II será no sólo entrañable sino también fecunda.

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