domingo, 24 de febrero de 2008

Aborto y salud pública: una contradicción

Luis-Fernando Valdés

Falleció Vianney P., una adolescente de 15 años, durante un aborto “legal” en el Hospital General de Balbuena de la Ciudad de México, el pasado 15 de febrero. La versión oficial indica que el médico que la atendió no verificó con un ultrasonido el tiempo de gestación, de modo que el no-nato tenía 16 semanas y no 12, y que eso produjo una hemorragia que conllevó la muerte de la jovencita. Algunos funcionarios del Gobierno del DF minimizaron el caso: un solo deceso en más de 5,800 abortos “legales”. ¿La muerte de Vianney fue un mero “efecto colateral”? Esta consecuencia no deseada “trae cola”, que es importante destacar.
Para centrar la cuestión, en primer lugar hablemos de que hay situaciones médicas muy delicadas que afectan a un número muy importante de habitantes. Se les conoce como “problemas de salud pública”. Cuando una enfermedad es denominada así, el gobierno del País tiene que tomar medidas claras y oportunas para combatirla. Declarar a un padecimiento como problema de salud pública tiene repercusiones, que afectan desde la legislación hasta el presupuesto, pasando por la publicidad en los medios de comunicación.
La legalización del aborto en la Ciudad de México, en parte, se ha presentado como una cuestión de salud pública. ¿No recuerda Usted cuánto se mencionaban cifras de mortandad de la madre, causada por recurrir a abortos “clandestinos”? (Como siempre había en esto una gran simplificación, pues si eran clandestinos ¿cómo obtenían las cifras?). Algunos argumentos a favor del aborto esgrimían que esas muertes por legrados “ilegales” se solucionarían, si se legalizaba la “interrupción del embarazo”.
Ahora bien, los efectos que produce el aborto voluntario son también un verdadero problema de salud publica, que no se ha querido reconocer. Holanda, donde se practican 30 mil abortos “legales” anuales, es el primer país en el que la opinión pública apenas comienza ha hablar de los efectos psicológicos del aborto. La edición de Amsterdam de “Metro” (25 enero 2008) publicó “La otra cara del aborto”, con un amplio reportaje con testimonios algunas mujeres sufren ataques de ansiedad, depresión y remordimientos. Se trata del síndrome “post aborto”.
No es un asunto cómodo para el gobierno holandés. Según Laura van Lee, investigadora de la fundación Rutger Nisso Group (que, curiosamente, es una organización a favor del aborto), se trata de un tema tabú porque que el actual gobierno de los Países Bajos no quiere reformar la legislación sobre el aborto. “Médicos y partidarios del aborto temen que los testimonios sobre efectos negativos del aborto puedan llevar a limitarlo e incluso a prohibirlo”, reconoce Lee.
El síndrome “post aborto” es una verdadera enfermedad, que afecta a muchos mexicanos. Prácticamente no hay cifras de las mujeres –y de los varones– que tienen padecimientos psicológicos causados por “interrumpir” el embarazo. Y es que la Autoridades sanitarias no las van a recabar, pues al momento en que se vea la gran cantidad de personas afectadas, no tendrán más remedio que declarar al aborto voluntario como “problema de salud pública”, y deberá tomar medidas legislativas y económicas para remediarlo. Y la única solución eficaz será… prohibir el aborto. Ojalá que la muerte de Vianney, conciudadana nuestra, por la cual rezamos para que descanse en paz, sirva para tomar conciencia de que algo no va bien en la legalización del aborto, y para aceptar que el aborto es problema y no solución.

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domingo, 17 de febrero de 2008

SIDA, “enfermedad gay”

Luis-Fernando Valdés

“El VIH es una enfermedad homosexual”. Palabras duras, quizá políticamente incorrectas. Si las hubiera dicho un eclesiástico, hubieran dado la vuelta al mundo, anunciado que ha vuelto la Inquisición. Pero fue Matt Foreman, director de una influyente asociación gay de Estados Unidos, el que las pronunció, el pasado viernes 15 de febrero, en Detroit (EUA), ante un numeroso grupo de simpatizantes. Y la noticia pasó muy desapercibida, aunque se trata de una verdadera revolución, pues nunca antes el movimiento gay lo había reconocido. ¿Acaso esta declaración implicará que las organizaciones homosexuales deban reconocer que existe un aspecto ético en la sexualidad?
Foreman, el director ejecutivo saliente de la “National Gay and Lesbian Task Force” (NGLTF), quizá la organización de presión homosexual más influyente y aguerrida de Estados Unidos, reconoció que “siendo homosexual o bisexual el 70 por ciento de las personas en este país que viven con el VIH, no podemos negar que el VIH es una enfermedad homosexual. Tenemos que aceptar y darle la cara a este hecho” (www.cnsnews.com).
Se trata de un verdadero cambio de paradigma en la política de las organizaciones gays del país vecino. Durante décadas, estas asociaciones reaccionaron duramente contra quien se atrevía a afirmar que los homosexuales eran los más afectados por el SIDA. Gary Glenn, presidente de la “American Family Association of Michigan”, comentó que las palabras de Foreman son una cambio dramático en la estrategia y en la retórica usada durante años por la ortodoxia del movimiento por los “derechos” homosexuales.
Al comentar las alarmantes estadísticas del Gobierno norteamericano sobre esta enfermedad, Foreman reconoció que “cuando se publican estos números, la comunidad homosexual establecida parece encogerse de hombros colectivamente, como si éste no fuera nuestro problema”. Es una manera de reconocer que el comportamiento homosexual es causa de este incremento en el número de personas infectadas. Es una muestra más del cambio de rumbo del movimiento gay, pues en 2003 algunas organizaciones homosexuales había criticado a Jerry Thacker, Presidente del Consejo de VIH/SIDA de la Administración de George W. Bush, por haber afirmado que el SIDA “es una enfermedad del comportamiento”. Con bastante razón Matt Barber, directivo del “Concerned Women for America”, al conocer las declaraciones de Foreman, comentó que quién sabe que cuántas vidas se habrían podido salvar si los activistas homosexuales hubieran sido honestos para advertir sobre los peligros de la forma de vida que promueven.
Aunque los factores para adquirir el VIH son variados y no todos están vinculados directamente a la conducta sexual, es verdad que la mayoría han sido infectados por el ejercicio de prácticas homosexuales o bisexuales. De este modo, queda vinculada la conducta personal con un problema de salud pública. Por esta razón, ya no tiene sentido decir que es indiferente promover o no ciertos comportamientos respecto al ejercicio de la sexualidad. Queda en entredicho la política de promover el uso del condón como solución al problema.
Me parece muy loable por parte del Sr. Foreman, que haya dejado de lado los motivos ideológicos y haya aceptado que hay un problema de conducta en el incremento de los enfermos de SIDA. Por fin, se empieza a abrir la puerta para discutir la conducta sexual como un problema ético, cuya solución será un replanteamiento ético de la sexualidad. Castidad o sexo libre, ya no son una mera opción: vuelven a ser una cuestión moral.

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domingo, 10 de febrero de 2008

Ceniza, ¿superstición católica?

Luis-Fernando Valdés

El “Miércoles de ceniza” siempre es noticia. Hace unos días todos los medios de comunicación le dedicaron una amplia cobertura. Se difundieron noticias sobre el número de fieles que abarrotaron los templos, se transmitieron las declaraciones de obispos y se publicaron reportajes sobre el significado de esta ceremonia. Fue llamativo que bastantes de los que fueron entrevistados al salir de las iglesias, tenían una noción muy vaga del significado de este rito. Parecía que le daban un sentido supersticioso. ¿Qué significa en realidad el rito de la imposición de la ceniza?
El origen de este rito se remonta a tiempos muy antiguos. En los inicios del cristianismo, los pecadores públicos que se sometían a “penitencia canónica”, se cubrían con ceniza como señal de aceptación de su propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios.
La Iglesia ha conservado esta costumbre en su liturgia. Pero lejos de mantenerla como un gesto meramente exterior, lo ha sostiene como signo de la actitud del corazón penitente, que cada católico está llamado a asumir en el itinerario de su acercamiento a Dios. Lo importante de recibir la ceniza (o, como dicen algunos, “tomar ceniza”) es captar el significado interior que tiene este rito: el que cubre su frente con la ceniza manifiesta públicamente que está abierto a la “conversión” y a la renovación.
Hoy día esta señal sigue teniendo mucho sentido. A pesar de la secularización de la sociedad en la que vivimos, los creyentes se dan cuenta de que deben dirigir su espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes. Notan que, para acceder a esas realidades, hace falta un esfuerzo religioso y una coherencia de vida, que se traduzca en buenas obras. Y así, la ceniza viene a representar el compromiso personal tanto de renunciar a lo superficial y suntuoso, como de abrirse a la solidaridad con los que sufren y con los necesitados.
Recibir la ceniza tiene un sentido religioso, que quizá hace falta destacar más. Con este rito se inicia el tiempo de “Cuaresma”, que son cuarenta días de preparación para celebrar la fiesta católica más importante: la Resurrección de Jesucristo. Con el gesto de la ceniza, cada católico está reconociendo ante Dios, que debe mejorar su vida de creyente, de manera que su conducta refleje su fe y su amor a Dios y, en consecuencia, su amor al prójimo.
Este tiempo litúrgico sólo tiene sentido si sirve realmente para un cambio espiritual en los creyentes. Quedarse en las manifestaciones exteriores (sacrificios voluntarios, limosnas, etc.), si una referencia expresa a dejar que Dios tenga que ver con nuestra propia vida, sería algo más cercano a la superstición que a la fe. De igual manera, cumplir con las prácticas del ayuno y la abstinencia (también conocidas como “vigilias”), sin perdonar de corazón al que nos ha ofendido, sin dejar las prácticas de corrupción, sin abandonar los vicios, también sería caer en la superstición.
Por lo tanto, la ceniza no tiene ningún sentido supersticioso. No le sucede nada paranormal ni se le retiran las bendiciones del Cielo a la persona que no la reciba en Miércoles de ceniza. No son “polvos mágicos” que garantizaran el bienestar material o la salud de los que lo reciben. Son una señal de la conversión religiosa del corazón, son el signo de que aceptamos nuestra propia debilidad y manifiestan que necesitamos abrirnos a Dios para encontrar el sentido de nuestra vida.

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domingo, 3 de febrero de 2008

Genoma artificial ¿queda Dios fuera?

Luis-Fernando Valdés

Hace menos de diez días, dio la vuelta al mundo la noticia de que algunos científicos norteamericanos había logrado crear artificialmente la vida. Impactante a primera vista. ¿El hombre está jugando a ser Dios? ¿Dios ya perdió su rol de creador?
Primero veamos el suceso. En Estados Unidos, el grupo de investigación del Instituto J. Craig Venter de Maryland (EUA) hizo publico recientemente que logró crear el genoma completo de un organismo vivo, y espera sea un paso importante para crear vida artificial. Ya en octubre de 2007, Craig Venter había anunciado la creación de un cromosoma artificial a partir de elementos químicos, como paso previo a la creación de la primera forma de vida artificial de la Tierra.
Esta investigación indagó las características genéticas mínimas que debe contener un organismo para tener vida. Se trataba de encontrar el tipo de genes o funciones mínimas necesarias para soportar una vida celular, o dicho en términos técnicos, se buscaba cuál es el “genoma mínimo” que debe contener un ser vivo. La idea se polarizó hacia los micoplasmas que son los microorganismos más sencillos que se conocen. Se trata de una bacteria llamada Mycoplasma genitalium, que “parasita” en algunos tipos de células. El 24 de enero de 2008 se anunció la culminación de la síntesis química completa, el ensamblado y la clonación de un genoma idéntico al de esta bacteria, sintetizado artificialmente (D. A. Gibson, en www.sciencexpress.org).
A pesar del gran logro conseguido no es posible afirmar, como decía algún titular de prensa, que este logro del Instituto J. Craig Venter demuestre que se puede “crear vida” en el laboratorio. El científico español, Nicolás Jouve de la Barreda, explica que “lo cierto es que hasta ahora, lo único que se ha hecho es producir un genoma sintético de imitación”. Explica que la creación sintética del genoma de una bacteria está muy lejos de la creación de un organismo vivo, y más aún de la creación de un organismo superior a una bacteria, porque el genoma humano es como mínimo 6.000 veces más grande y contiene cerca de 60 veces más genes que el genoma sintético producido a imitación del Mycoplasma genitalium (www.bioeticaweb.com).
Jouve de la Barreda, experto en genética y catedrático de bioética, sostiene que este paso biotecnológico no representa la aventura de jugar a ser Dios. Y señala con optimismo, que la producción de un genoma mínimo sintético de esta naturaleza permitirá la obtención de productos útiles para el hombre, sustancias químicas o fármacos de interés terapéutico como la insulina, los factores de coagulación de la sangre, vacunas, etc.
Lejos de competir con el Creador, la biotecnología bien llevada es una vía para encontrar a Dios. Francis Collins, importante investigador del Genoma Humano, en su reciente libro “Cómo habla Dios” (Madrid 2008), confiesa que fue agnóstico hasta los 27 años y señala cómo el descubrimiento del genoma humano le ha llevado a vislumbrar el trabajo de Dios en la naturaleza. Afirma que “cada paso adelante en el avance científico, es un momento de especial alegría intelectual, pero también un momento donde siente la cercanía del Creador, en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí conocía desde siempre”. Y eso le mueve a Collins a concluir que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos, lejos de alejarlo, llevan al hombre más cerca de Dios.

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